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jueves

LA MUERTE LLEGA ARRASTRANDOSE

 

La muerte llega arrastrándose (Hai sbagliato... dovevi uccidermi subito!)
1972
España/Italia
Director: Mario Bianchi
Reparto: Robert Woods, Frank Brana, Ivano Staccioli, Nieves Navarro, Ernesto Colli, Carl Gaddi, Saturno Cerra, Rafael Albaicín, Tino Brana, Enrico Canestrini, Omero Capanna, Francesco D'Adda, Vittorio Fanfoni, Irio Fantini, Miguel Guzman, Jose Luis Lizalde, Maria Dolores Tovar, Ernesto Vanes, Filippo Marcelli, Ottorino Polentini
Guión:  Mario Bianchi, Paolo Bianchi, Luis G. de Blain
Fotografía: Rafael Pacheco
Música: Carlo Savina


Coproducción italo-española de 1972 rodada entre Madrid (Aldea del Fresno, Colmenar Viejo) y Toledo (Seseña) que supuso uno de los primeros trabajos como director de Mario Bianchi, hijo del también director Roberto Bianchi Montero (“Oklahoma Jones”, “Le due facce del dollaro”, “Yo los mato, tú cobras la recompensa”) y con amplia experiencia como ayudante de dirección tanto al lado de su padre como con realizadores de la talla de Mario Bava (“Cinco muñecas para la luna de agosto”, “Un hacha para la luna de miel”) que, tras una primera etapa en la que mostró su interés por el western con títulos como las intrascendentes y ya comentadas en este blog “La máscara de cuero” (realizada en 1971 pero estrenada en 1975) y “Mano rápida” (1973), se inclinó, bajo los seudónimos de Martin White, Nicolas Moore o Tony Yanker, por el cine erótico, cuando no pornográfico, destacando la serie de películas realizadas con la actriz sueca Marina Hedman en la que figuraba el nombre de la protagonista en los títulos de crédito como reclamo, lo que da idea de su popularidad en el ámbito del cine para adultos.

SINOPSIS: Jonathan Pinkerton, un inspector de seguros británico contratado por la agencia Lloyds de Londres, se dirige al pueblo de Yellowstone para averiguar la verdad sobre un robo de un banco cometido dos años antes y descubrir el paradero del cajero desaparecido en el mismo, con el objeto de probar su participación en el robo con lo que ahorraría a su compañía el desembolso de un millón de dólares en indemnizaciones.

Western en el que Mario Bianchi en su doble faceta como director y guionista, y como ya había hecho en la inferior “La máscara de cuero”, intentó fusionar dos géneros, en principio tan alejados, como el spaghetti, que se encontraba en plena decadencia a principios de esta década, y el giallo, cine de suspense caracterizado por sus violentas y cuidadas escenas de crímenes en pleno apogeo en el momento de rodar este filme, de tal forma que no sé si se puede hablar de un western “giallificado” o de un giallo ambientado en el far-west. Incluso su título en español remite a otros giallos rodados entre 1971 y 1972 como “La muerte camina con tacón alto” y “La muerte acaricia a medianoche” ambas dirigidas por Luciano Ercoli e interpretadas por su mujer Nieves Navarro, coprotagonista del filme que nos ocupa y cuya presencia no se me antoja casual, ya que además de aparecer en los giallos citados fue una actriz habitual a principios de los setenta en este tipo de producciones.

Aunque el spaghetti cuenta con un guión más elaborado y la película está más cuidada formalmente que los otros dos westerns rodados por Bianchi no me ha terminado de convencer, y es una lástima porque cuenta con un interesante y prometedor comienzo en el que, durante aproximadamente diez minutos y en tres secuencias sucesivas prácticamente mudas (tan sólo se escucha una conversación de fondo totalmente trivial en el saloon), asistimos a la llegada a un pueblo de un sospechoso individuo, al atraco al banco por éste y otros dos socios (uno le esperaba en el saloon y el otro permanecerá escondido tras una ventana desde donde matará al director del banco) que se salda con la muerte de todos los presentes en el establecimiento, y al asesinato de dos de los ladrones por el tercer hombre que se escondió en la ventana para lo que utiliza unas serpientes venenosas (de ahí el título de la película); un tercer hombre al que el director se esfuerza, sin conseguirlo si nos fijamos bien, en no mostrar su rostro con objeto de mantener la incertidumbre sobre su identidad.

Pero una vez que arranca la película con los títulos de crédito y aparece el protagonista el largometraje se estanca en una sucesión de anodinas escenas, carentes del misterio y suspense que creo requería el filme, que no hacen avanzar la acción y, mucho menos, la investigación del agente de Pinkerton; por lo que el spaghetti se reduce a un vagar de Jonathan por el pueblo (escenario que, como en los giallos, se muestra amenazante para nuestro héroe) mientras se suceden las típicas peleas, algunas de ellas con un carácter cómico cuyo tono no corresponde con el de la película por lo que, supongo, se trata de una concesión a la corriente imperante en el western europeo tras el éxito de las dos entregas de Trinidad, y los intentos de asesinato de Jonathan; al mismo tiempo que éste comienza a sospechar de una serie de individuos (un heterodoxo sheriff, un científico algo extravagante que trabaja con serpientes, un ganadero arruinado cuya marca es la misma que se encontró en un caballo abandonado tras el robo y el dueño del saloon que añora su época como tahúr en un barco del Misisipi). Además de colocar los guionistas alguna que otra trampa a lo largo del metraje para despistar al espectador en relación con la verdadera identidad del asesino, e incluso inventarse resurrecciones un tanto inverosímiles.

La banda sonora fue encargada al veterano y prolífico Carlo Savina que, a mi parecer, en esta ocasión naufraga totalmente no por la calidad de la misma sino porque los distintos temas parecen totalmente descontextualizados y son utilizados sin el mínimo rigor cinematográfico. Así el tema principal, que suena junto con los títulos de crédito, se asemeja a las canciones pop de la época y algunas de sus estrofas, incluso, recuerdan a los típicas que se podían escuchar en concursos como Eurovisión; mientras que el que se escucha en la persecución final, escena que prácticamente está calcada por Bianchi de la ya mencionada “La máscara de cuero”, con influencia jazzística y protagonismo de un órgano no corresponde con las imágenes que estamos viendo. Tan sólo uno que recuerda a los temas circenses está bien utilizado al aparecer en una de las peleas de corte cómico.

Por lo que respecta a los actores nos encontramos con un desubicado Robert Woods en el papel del británico Pinkerton, un personaje flemático (no eleva la voz, mantiene siempre la tranquilidad), educado, elegantemente vestido, de buenos modales y al que le gusta el té; es decir un conjunto de tópicos basados en su supuesta nacionalidad, que, a mitad de la película, nos dará una sorpresa sobre su verdadera identidad. En todo caso, y no sé si influyó la ridícula peluca que le hicieron llevar, no se le ve en ningún momento cómodo con su personaje y su rendimiento es muy inferior al de sus mejores composiciones en este género. Junto a él, el cupo español está representado por Nieves Navarro y Frank Braña. La primera, bajo su seudónimo habitual de Susan Scott, a pesar de que aparece en los títulos de crédito como coprotagonista tiene un papel bastante corto e intranscendente como la típica mujer fatal casada con el dueño del saloon a la vez que se ve en secreto con el ganadero; por lo que su presencia, como señalé anteriormente, parece obedecer a la idea de reforzar el intento de fusión de ambos géneros en los que la actriz almeriense tuvo una presencia muy destacada. Por su parte Frank Braña se muestra, como en él era habitual, bastante sólido en el papel del violento sheriff (al principio de la película se le ve asesinar a un individuo desarmado al que había convencido para que se entregase) que tiene varios secretos por guardar; además su interpretación se ve beneficiada por el estupendo doblaje de Felipe Peña, voz habitual, entre otros grandes actores, de John Wayne. El resto de sospechosos está interpretado por rostros habituales tanto del spaghetti como es el caso de Ivano Staccioli dando vida a Clinton, el ganadero arruinado y Carlo Gaddi como Karl, el dueño del saloon; como del giallo y el poliziesco en el caso de Ernesto Colli (“Milán calibre 9”, “Torso”) que interpreta al científico con pasión por las serpientes.  (TEXTO SW)

miércoles

MANO RAPIDA

 

Mano Rápida (Mi chiamavano Requiescat ... ma avevano sbagliato)

1973

España/Italia

Director: Mario Bianchi

Reparto: Sergio Ciani, William Berger, Frank Braña, Fernando Bilbao, Gilberto Galimberti, Celine Bessy, Francisco Sanz, Welma Truccolo, Ettore Ribotta, Sergio Dolfin, Stefano Oppedisano, Francesco D'Adda, Aldo Cecconi, Angelo Boscariol, Filippo Perego, Rodolfo Lodi, Aldo Sisti, Duilio Olmi, Lorenzo Robledo

Guión: Vittorio Salerno, Alberto Cardone, Eduardo M. Brochero

Fotografía: Emilio Foriscot

Música: Gianni Ferrio

Tardía coproducción italo-española de 1973 dirigida por Mario Bianchi, en esta ocasión bajo el seudónimo de Frank Broston, realizador cuyos primeros pasos como director están muy relacionados con este subgénero, ya que sus cuatro primeros filmes fueron spaghettis: la curiosa “La muerte llega arrastrándose” de 1972 con la que debutó tras la cámara, la fallida y ya comentada “La máscara de cuero” de 1975 (ambos filmes además tienen en común la fuerte presencia de elementos giallescos), la desconocida para mí “Más fuerte hermanas” también de 1973 y ésta que nos ocupa, para, tras rodar varias películas de todo tipo de géneros, especializarse a mediados de la década de los ochenta en el cine para adultos con una serie de filmes protagonizados por la estrella porno Marina Hedman.

SINOPSIS: Finalizada la Guerra de Secesión partidas de ex confederados siguieron actuando sembrando el pánico en todo el territorio. Una de las más sangrientas fue la capitaneada por Machedo, un sicótico ex oficial sudista, a la que persigue sin descanso el capitán Jeff Mulligan. Capturado y torturado por Machedo, Mulligan logrará escapar e ideará un plan para vengarse.

Subproducto que muestra la decadencia de este subgénero durante la década de los setenta. Así nos encontramos con un guión, en el que participaron entre otros el también director Alberto Cardone y el español Eduardo Manzanos Brochero, que pivota sobre la venganza, tema recurrente en este género, en este caso por partida doble puesto que Machedo desea vengar la muerte de su hermano a manos de Mulligan, mientras que en la caza del sicótico bandido por parte de este último pesa mucho este sentimiento (al comienzo de la película, tras haber sufrido una emboscada, Mulligan ante la tumba de dos de sus soldados se retrata al señalar: “Lo siento muchachos, no he podido acompañaros a casa pero también os vengaré a vosotros”), sentimiento que, lógicamente, se agudizará tras ser apresado y torturado.

Pero el libreto, tras un comienzo prometedor, además de acusar su falta de originalidad se revela carente de ideas, por lo que éstas son sustituidas por las típicas escenas de cabalgadas, tiroteos, peleas, persecuciones y torturas, en las que se recrea con un gusto dudoso el director, con el único objetivo de llegar a una duración estándar. Al mismo tiempo presenta situaciones escasamente lógicas (¿Para qué se queda Machedo en el banco simulando que le han robado?, ¿Por qué se dejan ver los forajidos cuando siguen a Mulligan con el objeto de que les lleve al lugar del botín?); y cuenta con unos diálogos escasos que oscilan entre la pretenciosidad y solemnidad (en la parte final del filme Mulligan le dice a una india aparecida de repente en el pueblo fantasma de Blakston Hill y con la que parece mantener algún tipo de relación en ningún momento explicada: “Sabes que he olvidado que en el mundo pueda existir el amor”), el tópico más absoluto (Machedo se pregunta “¿Quién me puede odiar? El que podía hacerlo no ha tenido tiempo”) y la ridiculez.

Esta decadencia se muestra también en la dirección escasamente inspirada por parte de Bianchi, ya que aunque en su haber hay que anotar el intento, alejado de la moda imperante de los spaghettis cómicos, de hacer un euro western serio y la atmósfera sombría que destila toda la película, su trabajo se caracteriza por la precipitación, la utilización constante del molesto y poco elegante zoom y por ciertas carencias a la hora de narrar los acontecimientos. Así, por ejemplo, como le ocurrió en el tiroteo final de “La máscara de cuero”, en la emboscada del inicio del largometraje se echa en falta un plano general que sitúe tanto a los sudistas como a los nordistas, ya que al carecer del mismo la refriega resulta bastante confusa.

No obstante lo comentado sobre el guión y la dirección, en donde se hace más evidente este declive es en el escaso presupuesto con el que se contó, lo que queda reflejado en unos decorados destrozados por el paso del tiempo, hecho que puede entenderse en el caso del pueblo de Golden City (Eduardo Manzanos Brochero además participó como productor, junto a la productora italiana New Films, a través de su compañía Copercine, Cooperativa Cinematográfica) al tratarse de un poblado fantasma, pero no respecto al fuerte del inicio en donde tiene lugar una escena bastante cutre por la falta de extras (la fortaleza es defendida por unos diez soldados) y la ciudad en donde se desarrolla parte de la acción, cuyos edificios parece que están a punto de caerse a pedazos. Igualmente ocurre con la escasa decoración de los interiores, con un vetusto y escaso mobiliario que da la sensación de haber sido comprado al primer chamarilero que encontraron.

Por lo que respecta a la banda sonora de Gianni Ferrio, ésta constituye otra decepción, no porque sea mala puesto que cuenta con un gran tema, “That man”, cantado por la habitual Ann Collin, sino porque resulta totalmente inapropiada al ser una mezcla de jazz-pop al estilo de las composiciones de la época propias de Burt Bacharah. Además esta composición se repite sin ningún tipo de intención dramática (por ejemplo se escucha durante una de las persecuciones) en distintas variaciones instrumentales, especialmente con predominio de un piano, versión que se me antojó más propia para ilustrar una escena urbana nocturna o una secuencia de un film negro desarrollada en el típico garito que para un western.

El fiasco de la película persiste con la elección del protagonista. Un soso e inexpresivo Alan Steel, en realidad Sergio Ciani. Éste era un actor italiano procedente del cine de espadas y sandalias con alguna incursión en el spaghetti como “Sansón y el tesoro de los Incas” (largometraje olvidable mezcla de aventuras y western) o la rareza turco-italiana “KüÇük kovboy”. En este filme, además de dar muestras de sus carencias interpretativas, presenta un aspecto setentero (pelo largo, patillas, amplio bigote) poco apropiado para un soldado unionista lo que resta, aún más, credibilidad a su interpretación. Menos mal que como enemigo aparece William Berger, de lo mejor de la película, dando vida estupendamente al perturbado y sádico Machedo, y en un corto papel el gran Paco Sanz, uno de esos secundarios de lujo que solían estar por encima de los largometrajes y personajes que le tocaban en suerte, en el rol de un ex soldado nordista que prestará su apoyo a Mulligan y cuya contribución se antojará fundamental en el duelo entre éste y Machedo. También es de agradecer que Frank Braña, habitual de este género y sobrio actor, cuente con un papel más largo de lo que en él era normal, mostrándose creíble como Quincy, uno de los hombres de Machedo que protagonizará la mejor pelea de la película.

En definitiva un flojísimo, oscuro y violento euro western del que sólo puedo salvar algunas actuaciones y el tiroteo final con sorpresa incluida, más cuidado que el resto de la película, en el que se luce Emilio Foriscot como director de fotografía, sobre todo en la iluminación de los interiores, y que cuenta con una atmósfera fantasmal en la que el protagonista, que parece poseer el don de la ubicuidad, se comporta como un ser de ultratumba. (800 SW)

lunes

MANO RAPIDA


Mano Rápida (Mi chiamavano Requiescat ... ma avevano sbagliato)
1973
España/Italia
Director: Mario Bianchi
Reparto: Sergio Ciani, William Berger, Frank Braña, Fernando Bilbao, Gilberto Galimberti, Celine Bessy, Francisco Sanz, Welma Truccolo, Ettore Ribotta, Sergio Dolfin, Stefano Oppedisano, Francesco D'Adda, Aldo Cecconi, Angelo Boscariol, Filippo Perego, Rodolfo Lodi, Aldo Sisti, Duilio Olmi, Lorenzo Robledo
Guión: Vittorio Salerno, Alberto Cardone, Eduardo M. Brochero
Fotografía: Emilio Foriscot
Música: Gianni Ferrio

Tardía coproducción italo-española de 1973 dirigida por Mario Bianchi, en esta ocasión bajo el seudónimo de Frank Broston, realizador cuyos primeros pasos como director están muy relacionados con este subgénero, ya que sus cuatro primeros filmes fueron spaghettis: la curiosa “La muerte llega arrastrándose” de 1972 con la que debutó tras la cámara, la fallida y ya comentada “La máscara de cuero” de 1975 (ambos filmes además tienen en común la fuerte presencia de elementos giallescos), la desconocida para mí “Más fuerte hermanas” también de 1973 y ésta que nos ocupa, para, tras rodar varias películas de todo tipo de géneros, especializarse a mediados de la década de los ochenta en el cine para adultos con una serie de filmes protagonizados por la estrella porno Marina Hedman.

SINOPSIS: Finalizada la Guerra de Secesión partidas de ex confederados siguieron actuando sembrando el pánico en todo el territorio. Una de las más sangrientas fue la capitaneada por Machedo, un sicótico ex oficial sudista, a la que persigue sin descanso el capitán Jeff Mulligan. Capturado y torturado por Machedo, Mulligan logrará escapar e ideará un plan para vengarse.

Subproducto que muestra la decadencia de este subgénero durante la década de los setenta. Así nos encontramos con un guión, en el que participaron entre otros el también director Alberto Cardone y el español Eduardo Manzanos Brochero, que pivota sobre la venganza, tema recurrente en este género, en este caso por partida doble puesto que Machedo desea vengar la muerte de su hermano a manos de Mulligan, mientras que en la caza del sicótico bandido por parte de este último pesa mucho este sentimiento (al comienzo de la película, tras haber sufrido una emboscada, Mulligan ante la tumba de dos de sus soldados se retrata al señalar: “Lo siento muchachos, no he podido acompañaros a casa pero también os vengaré a vosotros”), sentimiento que, lógicamente, se agudizará tras ser apresado y torturado.

Pero el libreto, tras un comienzo prometedor, además de acusar su falta de originalidad se revela carente de ideas, por lo que éstas son sustituidas por las típicas escenas de cabalgadas, tiroteos, peleas, persecuciones y torturas, en las que se recrea con un gusto dudoso el director, con el único objetivo de llegar a una duración estándar. Al mismo tiempo presenta situaciones escasamente lógicas (¿Para qué se queda Machedo en el banco simulando que le han robado?, ¿Por qué se dejan ver los forajidos cuando siguen a Mulligan con el objeto de que les lleve al lugar del botín?); y cuenta con unos diálogos escasos que oscilan entre la pretenciosidad y solemnidad (en la parte final del filme Mulligan le dice a una india aparecida de repente en el pueblo fantasma de Blakston Hill y con la que parece mantener algún tipo de relación en ningún momento explicada: “Sabes que he olvidado que en el mundo pueda existir el amor”), el tópico más absoluto (Machedo se pregunta “¿Quién me puede odiar? El que podía hacerlo no ha tenido tiempo”) y la ridiculez.

Esta decadencia se muestra también en la dirección escasamente inspirada por parte de Bianchi, ya que aunque en su haber hay que anotar el intento, alejado de la moda imperante de los spaghettis cómicos, de hacer un euro western serio y la atmósfera sombría que destila toda la película, su trabajo se caracteriza por la precipitación, la utilización constante del molesto y poco elegante zoom y por ciertas carencias a la hora de narrar los acontecimientos. Así, por ejemplo, como le ocurrió en el tiroteo final de “La máscara de cuero”, en la emboscada del inicio del largometraje se echa en falta un plano general que sitúe tanto a los sudistas como a los nordistas, ya que al carecer del mismo la refriega resulta bastante confusa.

No obstante lo comentado sobre el guión y la dirección, en donde se hace más evidente este declive es en el escaso presupuesto con el que se contó, lo que queda reflejado en unos decorados destrozados por el paso del tiempo, hecho que puede entenderse en el caso del pueblo de Golden City (Eduardo Manzanos Brochero además participó como productor, junto a la productora italiana New Films, a través de su compañía Copercine, Cooperativa Cinematográfica) al tratarse de un poblado fantasma, pero no respecto al fuerte del inicio en donde tiene lugar una escena bastante cutre por la falta de extras (la fortaleza es defendida por unos diez soldados) y la ciudad en donde se desarrolla parte de la acción, cuyos edificios parece que están a punto de caerse a pedazos. Igualmente ocurre con la escasa decoración de los interiores, con un vetusto y escaso mobiliario que da la sensación de haber sido comprado al primer chamarilero que encontraron.

Por lo que respecta a la banda sonora de Gianni Ferrio, ésta constituye otra decepción, no porque sea mala puesto que cuenta con un gran tema, “That man”, cantado por la habitual Ann Collin, sino porque resulta totalmente inapropiada al ser una mezcla de jazz-pop al estilo de las composiciones de la época propias de Burt Bacharah. Además esta composición se repite sin ningún tipo de intención dramática (por ejemplo se escucha durante una de las persecuciones) en distintas variaciones instrumentales, especialmente con predominio de un piano, versión que se me antojó más propia para ilustrar una escena urbana nocturna o una secuencia de un film negro desarrollada en el típico garito que para un western.

El fiasco de la película persiste con la elección del protagonista. Un soso e inexpresivo Alan Steel, en realidad Sergio Ciani. Éste era un actor italiano procedente del cine de espadas y sandalias con alguna incursión en el spaghetti como “Sansón y el tesoro de los Incas” (largometraje olvidable mezcla de aventuras y western) o la rareza turco-italiana “KüÇük kovboy”. En este filme, además de dar muestras de sus carencias interpretativas, presenta un aspecto setentero (pelo largo, patillas, amplio bigote) poco apropiado para un soldado unionista lo que resta, aún más, credibilidad a su interpretación.

Menos mal que como enemigo aparece William Berger, de lo mejor de la película, dando vida estupendamente al perturbado y sádico Machedo, y en un corto papel el gran Paco Sanz, uno de esos secundarios de lujo que solían estar por encima de los largometrajes y personajes que le tocaban en suerte, en el rol de un ex soldado nordista que prestará su apoyo a Mulligan y cuya contribución se antojará fundamental en el duelo entre éste y Machedo. También es de agradecer que Frank Braña, habitual de este género y sobrio actor, cuente con un papel más largo de lo que en él era normal, mostrándose creíble como Quincy, uno de los hombres de Machedo que protagonizará la mejor pelea de la película.

En definitiva un flojísimo, oscuro y violento euro western del que sólo puedo salvar algunas actuaciones y el tiroteo final con sorpresa incluida, más cuidado que el resto de la película, en el que se luce Emilio Foriscot como director de fotografía, sobre todo en la iluminación de los interiores, y que cuenta con una atmósfera fantasmal en la que el protagonista, que parece poseer el don de la ubicuidad, se comporta como un ser de ultratumba. (TEXTO 800 SW)

WILLIAM BERGER

Actor austriaco nacido el 20 de enero de 1928 en Innsbruck.
Berger se trasladó a los EEUU, donde comenzó a participar en Teatro y en series en la pequeña pantalla.
Tras un viaje a Italia, decide quedarse en Europa a rodar westerns.
Berger logró crear una galeria de buenos personajes a lo largo de su filmografía en el genero, que abarca más de una veintena de spaghettis. Sin duda que estuviera en el cartel de una película era sinonimo de calidad.
Ademas, tuvo el honor de participar en dos de las más famosas sagas que se rodaron en aquellos tiempos, como fueron Sartana y Sabata.

Acabada ya la época de los pistoleros, Berger siguió trabajando, tanto en televisión como en el cine, hasta el mismo año de su muerte, en 1993 en California.

Filmografía SW:

1965- Trampa para un forajido
1966- El Cisco
1966- Cara a cara /// Reseña Adicional
1968- Ojo por ojo
1968- Si te encuentras con Sartana, reza por tu muerte
1968- Il suo nome gridava vendetta
1969- Oro sangriento (Sabata)
1969- Una larga fila de cruces
1970- Sartana en el valle de oro
1971- Y dejaron de llamarle Camposanto
1972- Un Colt in mano del diavolo
1973- ...E il terzo giorno arrivò il corvo
1973- Il Giustiziere di Dio
1973- Kung Fu nel pazzo west
1973- Mano rápida (Lo chiamavano requiescat Fasthand)
1973- La Banda de Jaider
1974- El hijo del zorro
1976- Keoma /// Reseña Adicional
1977- California /// Reseña Adicional
1985- Tex y el señor de los abismos
1987- Django 2: il grande ritorno (TEXTO 800 SW)


sábado

LA MASCARA DE CUERO


La máscara de cuero (In nome del padre, del figlio e della Colt)
1971
Italia-España
Director: Mario Bianchi
Guión: Eduardo Manzanos Brochero , Arpad De Riso, Mario Gariazzo
Fotografía: Emilio Foriscot
Música: Piero Piccioni

Reparto:
Craig Hill, Nuccia Cardinali, Frank Braña, Agata Lys, Paco Sanz, Romano Milani, Gilberto Galimberti, Lorenzo Piani, Jose Tordesillas, Giuseppe Scarcella, Ernesto Vanes, Maria Vico, Antonio Padilla

SINOPSIS: Bill Nolan, el sheriff de Ockland City, tiene un hermano gemelo llamado Butch Cassidy que se ha convertido en un peligroso bandido y está asolando la región. Al mismo tiempo un misterioso enmascarado comienza a cometer asesinatos en el pueblo. La situación del sheriff se complicará con el asalto perpetrado por el enmascarado a un convoy de dinero que debía proteger y al confundirlo como autor de una violación cometida por su hermano.

Tardía coproducción hispano-italiana de 1971, aunque no se llegó a estrenar hasta finales de 1975 lo que puede dar idea de la calidad del producto final, en la que participó entre otras la productora Copercines, Cooperativa Cinematográfica de Eduardo Manzanos Brochero, guionista, director y productor, que, junto al novelista José Mallorquí, el guionista, y posterior director de culto, Jesús Franco y el director Joaquín Luis Romero Marchent, fue uno de los pioneros del euro western con el díptico sobre El Coyote para, posteriormente, convertirse en una importante figura en el desarrollo del western mediterráneo mandando construir un poblado del Oeste en 1962 a los decoradores Jaime Pérez Cubero y José Luis Galicia en Hoyo de Manzanares denominado “Golden City” en donde se rodaron infinidad de largometrajes, entre ellos la mítica “Por un puñado de dólares”.

En esta ocasión dados el estancamiento en el que se encontraba este subgénero, la saturación que se había originado en el mercado por los innumerables spaghettis producidos en apenas diez años y la sobreexplotación de los mismos temas, intentó fusionar, sin demasiado éxito para mí, este subgénero con otro como era el giallo (películas que mezclaban el suspense con muertes truculentas y caracterizadas por una cuidada puesta en escena) que se encontraba en su momento más álgido desde finales de la década de los sesenta, gracias sobre todo a la labor de dos grandes directores: Mario Bava con, especialmente, “La muchacha que sabía demasiado” y “Seis mujeres para el asesino” y Dario Argento con la denominada Trilogía de Animales.

Delirante propuesta que cuenta con un absurdo guión, obra entre otros del propio Brochero, en el que se suceden los acontecimientos porque sí, al capricho de los guionistas, y se van entrecruzando tramas para llegar a una duración estándar. Así aparecen dos subtramas principales: las andanzas delictivas del hermano gemelo de Bill Nolan llamado Butch Cassidy (sí, el famoso bandido que formó el Wild Bunch al que se incorporó al poco tiempo el no menos famoso Sundance Kidd y, parece ser, murió tiroteado en Bolivia), y la carrera criminal, con asesinatos incluidos, del enmascarado, que confluirán de forma poco creíble en el tercio final del film (no parece razonable que el enmascarado se asocie para robar el banco de Ockland con Butch cuando éste había acabado con sus hombres y se había apoderado del botín que obtuvo con el asalto del convoy).

Por otra parte, nos encontramos con una dirección torpe, descuidada y carente de imaginación (la escena del tiroteo final además de confusa está chapuceramente rodada) y con una producción paupérrima que se aprecia en el propio pueblo en donde se desarrolla la acción compuesto por cuatro casuchas casi de derribo que muestran sin lugar a dudas la decadencia de este subgénero. Así el guión, la dirección y la producción convierten el filme en una sucesión de escenas sin sentido, grotescas y fallidas: la inicial en la que unos bandidos travestidos en mujeres (¿para qué?) asaltan una diligencia mientras su jefe viola a Antonieta, el personaje interpretado por Ágata Lys (por cierto la misma carece de las más mínimas coordenadas espacio-temporales por lo que no sabemos dónde fue el asalto y cuándo se produjo, de hecho nos enteramos de que tuvo lugar cuatro años antes del inicio de los acontecimientos en el pueblo porque un personaje lo dice pero no porque tengamos sensación de que haya pasado el tiempo); la del asalto al convoy con el dinero, ya que de repente y de la nada aparecen cuatro o cinco bandoleros, y al sheriff cuando llega, una vez consumado el asalto, sólo se le ocurre incendiar la carreta (¿por qué?); en el pueblo no tienen ni un solo retrato de Butch Cassidy, el bandido más buscado de la región; a Nolan lo detienen por el robo del convoy y la violación de Antonieta y al individuo que acude a advertir del robo del banco no le extraña que éste esté libre; no se respeta la unidad de tiempo ya que el asalto al banco se produce de noche, curiosamente en la celebración de Hallowen aunque este hecho tampoco tiene una mayor incidencia en la historia salvo que el enmascarado se pueda pasear sin levantar sospechas, pero cuando Nolan persigue al enmascarado se ha hecho milagrosamente de día, y así de disparate en disparate va avanzando la película hasta llegar al enfrentamiento final entre Nolan y el misterioso enmascarado, que de misterioso a esas alturas tiene ya muy poco.

Asimismo, como giallo carece tanto de la atmósfera típica de estas películas como del suspense y tensión característicos del género y sólo alguna escena como la del asesinato del artesano que fabricó la máscara, en la que se recurre a la cámara subjetiva y es perpetrado con un cuchillo por un individuo que porta guantes, recuerda algo a este tipo de largometrajes. Pero, ni tan siquiera se tienen las habituales dudas sobre la identidad del asesino, ya que a mitad del film parece bastante claro quién es, sospecha que se convierte en certeza al no verlo en el baile celebrado en la noche de Halloween

Por lo que respecta a la banda sonora que, por lo visto, fue obra de Gianni Fierro, pasa totalmente inadvertida, tal es así que tuve que ponerme alguna escena de nuevo para poderla escuchar porque no la recordaba.

Por último, en relación con los actores cabe señalar que Craig Hill, interprete estadounidense que pasó de ser una promesa en Hollywood trabajando con directores de la talla de John Ford, Joseph L. Mankiewicz, William Wyler o Sam Fuller a convertirse en un rostro habitual en los spaghettis y terminar apareciendo en películas cada vez menos interesantes, interpreta un doble papel como el honrado sheriff Nolan y su pervertido hermano Butch, y mientras como el primero se muestra correcto como el segundo se me antojo un poco pasado aunque bien es verdad que el personaje es un tanto histriónico e, incluso, caricaturesco. Junto a él, la habitual actriz de telenovelas Nuccia Cardinali, que ya había aparecido en algún euro western como “Dos cruces en Danger Pass” (película ya comentada) aporta su belleza y poco más a su personaje de Clarissa, la fiel esposa de Nolan; una horripilante Ágata Lys como Antonieta, la incongruencia personificada ya que no sólo pasa de reconocer a Nolan como su violador a aceptar sin ninguna duda la bastante increíble historia que le cuenta Clarissa del hermano de Nolan, sino que también participará en el plan para liberarle; y dos viejos conocidos curtidos en multitud de spaghettis, cuya presencia es siempre gratificante, que defienden con cierta dignidad los papeles que les tocaron en suerte: Paco Sanz como el padre de Antonieta que, como su hija, es la ingenuidad personificada y Frank Braña como el oscuro juez de Ockland.

CRAIG HILL

Craig Hill (nacido el 5 marzo de 1926 en California) comenzó una carrera en el cine americano en los años cincuenta, aunque con un éxito bastante limitado.
Con la llamada del spaghetti western, el actor repitió el camino efectuado por su compatriota Clint Eastwood unos años antes, y en 1965 se trasladó a España para protagonizar "Ocaso de un pistolero", y comenzar así una carrera larga y pragada de títulos en el western mediterraneo.

La mayoría de las veces como protagonista de pequeñas películas, y sin llegar a ser una estrella en toda la plenitud de la palabra, con el paso de los años para muchos ha llegado a ser un referente del spaghetti western, en donde participó en más de una quincena de trabajos. Al terminar la época de rodar westerns, el actor en vez de volver a su país prefirió quedarse a vivir en España, en donde continuó su carrera. Su ultimo trabajo en el cine data del año 2003, en un pequeño papel en "Platillos volantes".

Filmografia SW:

1965-Ocaso de un pistolero
1966-Cazador de recompensas
1967-Ric e Gian alla conquista del West
1967-Con el corazón en la garganta
1968-Quince horcas para un asesino
1968-All'ultimo sangue
1968-Tre croci per non morire
1969-Lo quiero muerto
1971-Tambores de venganza (Il Giorno del giudizio)
1972-Tu fosa será la exacta... amigo
1972-Los buitres cavarán tu fosa
1972-Bada alla tua pelle, spirito santo!
1972-Scansati... a Trinità arriva Eldorado
1972-Un Animale chiamato uomo
1974-Corte marziale
1975-La Máscara de cuero