lunes
JOHNNY EL VENGADOR
martes
ALAMBRADAS DE VIOLENCIA
Alambradas de violencia (Pochi dollari per Djang)
1966
España/Italia
Director: León Klimovsky (Enzo G. Castellari ¿?)
Reparto: Anthony Steffen, Gloria Osuna, Frank Wolff , Joe Kamel, José Luis Lluch, Tomás Zalde, Alfonso Rojas, Angel Ter, José Luis Zalde, Sandalio Hernández, Enio Girolami, Enzo Castellari , Alfonso de la Vega, Joaquin Parra, Félix Fernández
Guión: Manuel Sebares, Tito Carpi
Fotografía: Aldo Pinelli
Música: Carlo Savina
Coproducción italo-española de 1966 en cuyos títulos de crédito figura como director el argentino afincado en España León Klimovsky pero que en realidad, por lo que he leído, el encargado en su mayor parte de ponerla en pie por las desavenencias surgidas con Klimovsky fue Enzo G. Castellari, con lo que este filme fue su debut como director en un subgénero del que se convertiría en uno de sus mayores representantes. De hecho si se comparan el principio de “7 Winchester para una matanza”, que dirigiría al año siguiente, y el final de ésta se aprecia una misma mano en la dirección.
SINOPSIS: Regan es un cazador de recompensas contratado por la Compañía Nacional de Minas para recuperar los 100.000 dólares robados por la banda de Jim Norton. Tras acabar con tres de ellos y recuperar parte del botín, sus pesquisas le llevan a Mile City un pueblo en Montana, territorio fundamentalmente ganadero, en donde vive el pacífico hermano gemelo de Jim, Trevor, y en el que, tras hacerse pasar por sheriff, se encontrará en medio de la guerra librada entre los colonos con sus cercas y los ganaderos defensores de los espacios libres necesarios para alimentar a sus vacas.
El largometraje, al igual que 7 Winchester, está a caballo de los postulados del spaghetti y del western clásico.
Así nos encontramos con una magnífica escena inicial marcadamente “spaghetera” (para mí la mejor secuencia de la película), de una gran riqueza visual y barroquismo (se ve acercarse al protagonista entre los antebrazos de dos individuos que están echándose un pulso, para posteriormente aparecer encuadrado entre las piernas de otro en un plano que recuerda al de Lee Van Cleef acabando con Al Mulock en “El día de la ira”), y en la que incluso se rinde homenaje a “Por un puñado de dólares” ya que el protagonista, al igual que Clint Eastwood en el filme de Sergio Leone, monta un burro, lleva una especie de poncho y fuma pequeños puros ( más adelante de nuevo se citará tanto al actor como al director pero en este caso en relación con “La muerte tenía un precio” en un plano en el que se ve a Reagan disparar desde el sillón de un barbero); pero tras aparecer los títulos de crédito nos vamos a encontrar con un largometraje tanto respecto al tema principal (el enfrentamiento entre agricultores y ganaderos) como por el diseño de producción, el montaje y la dirección de Castellari, en la que por ejemplo apenas utiliza un elemento tan característico como era el zoom (conté dos o tres y muy suaves) o hay una total ausencia de esos primerísimos planos no menos característicos, mucho más cercano a los westerns realizados en el continente americano.
Incluso aparece un personaje como es el de Smitty, el ayudante del sheriff, que necesariamente remite al interpretado por Walter Brennan en “Río Bravo” por su carácter un poco gruñón, por la relación que mantiene con el nuevo sheriff y por alguna situación que protagoniza (al igual que ocurría en la película de Hawks en la que Brennan disparaba sobre Martin porque no le había avisado, Smitty disparará sobre Regan
sábado
JOHNNY EL VENGADOR
Johnny el vengador (Quella sporca storia nel west)
1968
Italia
Director: Enzo G. Castellari
Reparto: Andrea Giordana, Gilbert Roland, Horst Frank, Ignazio Spalla, Francoise Prevost, Stefania Careddu, Gabriella Grimaldi, Ennio Girolami, Manuel Silvester Serrano, Franco Latini, Giorgio Sammartino, Janos Bartha, Franco Leo, Fabio Pajella, Ugo Aldinolfi, Claudio Trionfi
Guión: Tito Carpi, Francesco Scardamaglia, Enzo G. Castellari
Fotografía: Angelo Filppini
Música: Francesco De Masi, Alessandro Alessandroni, Audrey Nohra
Película dirigida en Enzo G. Castellari en 1968 basada en una idea de Sergio Corbucci que, por falta de tiempo, tuvo que abandonarla, por lo que nunca sabremos cuál hubiera sido el resultado si la llega a dirigir éste, pero lo cierto es que Castellari hizo con esta película uno de sus mejores spaghetti westerns (para mí sólo superado por “Keoma”) demostrando que cuando contaba con una buena historia y medios suficientes era un más que competente director.
Johnny Hamilton, tras dos años combatiendo en la Guerra de Secesión, regresa a su casa para encontrarse que su padre ha sido asesinado, según le cuentan, por un bandido mejicano que ya ha muerto, y su tío Claude (hermano de su padre) se ha casado con su madre y ahora controla el patrimonio familiar. Muy pronto sospechará que hay algo más detrás del asesinato de su padre y con su fiel Horacio (el hombre que le cuido cuando era un niño) intentará descubrir quién fue el que realmente le mato.
El spaghetti me parece, junto con el anteriormente citado “Keoma”, el más ambicioso, complejo y logrado tanto desde el punto de vista formal como conceptual de los dirigidos por Castellari.
Desde el punto de vista conceptual porque el film adapta de forma libre a través de un guión en el que intervinieron, entre otros, el propio Castellari, Tito Carpi (habitual en los spaghettis de este director) y Bruno Corbucci, el “Hamlet” de William Shakespeare, captando, para mí, toda la esencia trágica, basada en la traición y la venganza, de la obra original. Así nos ofrecen un spaghetti más profundo de lo habitual pero sin renunciar a las características propias de este subgénero al contar con un ritmo trepidante, abundantes peleas que están estupendamente coreografiadas (sobre todo la parte inicial de la que mantiene Johnny con Ross y Guild en una especie de molino), numerosos tiroteos (gracias sobre todo a la creación del personaje de Santana, un bandido mejicano que, al considerarse traicionado, se enfrentará a Claude Hamilton) y las típicas cabalgadas (en este caso bien insertadas en la historia). Además, da la sensación de que no contentos con la complejidad de la adaptación de la obra, los guionistas quisieron dotar a la película de un fuerte simbolismo religioso, sobre todo en la impactante escena en la que, como ocurrirá en “Keoma”, crucifican al protagonista para que salvado por su doliente madre y tras vencer, por tanto, a la muerte consiga llevar a cabo su misión consistente en castigar a los traidores que asesinaron a su padre, terminando así con una situación injusta.
Desde el punto de vista formal porque junto a la notable adaptación de la obra de Shakespeare destaca la brillante labor en la dirección de Castellari que dota a la película de una inusual riqueza visual desde su primera escena en la que vemos, en una secuencia más propia del cine gótico y con un gran tratamiento del color, cómo se le aparece al héroe su padre para a continuación despertar y encontrarse rodeado de unos cómicos que le sirven para introducir el famoso monólogo de “Ser o no ser” (de esta forma, además de resolver de forma notable la escena, se hace alusión a la compañía de teatro que en la obra de Shakespeare tenía gran importancia). Incomprensiblemente este comienzo está cortado en la versión que se comercializó en España.
Otras secuencias realmente magníficas desde el punto de vista visual son las que se desarrollan en el cementerio situado en una cueva en las que, como ya había ocurrido en “7 winchesters para una masacre”, cobran gran importancia tanto el tratamiento del color como el juego de luces y sombras, dotando a la historia de una atmósfera surrealista que se ve acentuada además por un soberbio y complejo movimiento de cámara en vertical alrededor de la cara del protagonista que Castellari solucionó colocando la cámara en una rueda y haciéndola girar. Secuencias en las que además se luce Enzo Bulgarelli como responsable de los decorados y de la dirección artística, realmente magníficos.
A esta sensación de irrealidad también ayuda el que se escogiera a la Ciudad Encantada de Cuenca, con sus famosas formaciones rocosas en forma de hongos, para rodar gran parte de los exteriores. El paraje, además, está realmente bien fotografiada por Angelo Filippini que saca un gran partido a sus inquietantes prominencias.
El film cuenta, por otra parte, con una gran banda sonora, en la que intervinieron, entre otros, dos grandes compositores: Alessandro Alessandroni y Francesco de Massi, compuesta de abundantes y variados temas, incluidos fragmentos de La Misa Flamenca muy apropiados para las secuencias del cementerio.
Por lo que respecta a los actores, se escogió a Andrea Giordana (interprete al que todavía no había visto) para dar vida al vengativo Johnny y creo que está realmente acertado en un personaje bastante complejo. Horst Frank para mí vuelve a demostrar que fue uno de los mejores malos del spaghetti al dar vida al pérfido y maquiavélico Claude Hamilton (tío de Johnny, asesino de su padre y esposo de su madre). Gilbert Roland está perfecto en la piel de Horacio, fiel amigo de Johnny (fue uno de sus educadores) que se convertirá en su ángel de la guarda al salvarle siempre que se encuentra en una situación comprometida. El reparto se completa con Francoise Prevost como Gertrude, la sufrida madre de Johnny que se debate entre el amor que siente por Claudio y las crecientes sospechas sobre su conducta a partir de la llegada de su hijo, y con los correctos Ignazio Spalla como Guild (Guildenstern en la obra original) y Ennio Girolami en el papel de Ross (Rossencratz en la obra de Shakespeare), los hombres de confianza de Claude con los que pronto tendrá problemas Johnny. Quizás sea Gabriela Grimaldi en el papel de la desdichada Emily (Ofelia) la única que desentona con una actuación un tanto forzada.
En resumen un gran film con una factura técnica irreprochable que conjuga perfectamente el universo de Shakespeare con el mundo del spaghetti western y que demuestra el enorme talento visual de su director, por lo que creo es de visión obligatoria para todo buen aficionado. (TEXTO 800 SW)
GILBERT ROLAND
Actor mejicano (Ciudad Juárez 1905-California 1994) cuyo verdadero nombre era Luis Antonio Dámaso.
A la edad de diez años su familia se trasladó a California huyendo de la revolución villista y con trece años se introdujo en el mundo del cine. La primera película (muda) de la que se tiene constancia de su participación es “El jorobado de Nuestra Señora de París” de 1923; a partir de ese año y hasta 1982, fecha de su último film “Barbarosa”, intervino en más de 100 películas y en numerosas series de televisión, siendo la suya una de las carreras más largas de un actor hispano en Hollywood.
Pronto se especializó como secundario en papeles de “latin lover” y de acción (principalmente en películas de aventuras y westerns) con un fuerte componente étnico (dio vida a personajes de origen hispano cuando no a indios, árabes, griegos, etc) y alcanzó cierta fama con el personaje de Cisco Kid al que interpretó en seis ocasiones, lo que le permitió trabajar con directores de la talla de John Huston, Henry Hathaway, Anthony Mann, Raoul Walsh, John Sturges o Budd Boeticher, con este último en una peli sobre el mundo de los toros que fue una de sus grandes pasiones. Pero, sin duda, siempre será recordado por dos papeles con los que consiguió sendos Globos de Oro al mejor actor secundario: Gaucho en el extraordinario drama sobre el mundo del cine de Vincente Minelli “Cautivos del mal” (1952) y Dull Knife en el magnífico western revisionista de John Ford “El gran combate” (1964).
Se estrenó en el subgénero del spaghetti en 1967 con el film dirigido por Enzo G. Castellari “Voy, le mato y vuelvo”, para protagonizar al año siguiente otros cuatro westerns mediterráneos.
Filmografía SW:
1967- Voy, le mato y vuelvo
1968- Los profesionales del oro
1968- Entre Dios y el diablo
1968- Sonora
1968- Johnny el vengador (TEXTO 800 SW)
lunes
ALAMBRADAS DE VIOLENCIA
Alambradas de violencia (Pochi dollari per Djang)
1966
España/Italia
Director: León Klimovsky (Enzo G. Castellari)
Guión: Manuel Sebares, Tito Carpi
Fotografía: Aldo Pinelli
Música: Carlo Savina
Reparto:
Anthony Steffen, Gloria Osuna, Frank Wolff , Joe Kamel, José Luis Lluch, Tomás Zalde, Alfonso Rojas, Angel Ter, José Luis Zalde, Sandalio Hernández, Enio Girolami, Enzo Castellari , Alfonso de la Vega, Joaquin Parra, Félix Fernández
Coproducción italo-española de 1966 en cuyos títulos de crédito figura como director el argentino afincado en España León Klimovsky pero que en realidad, por lo que he leído, el encargado en su mayor parte de ponerla en pie por las desavenencias surgidas con Klimovsky fue Enzo G. Castellari, con lo que este filme fue su debut como director en un subgénero del que se convertiría en uno de sus mayores representantes. De hecho si se comparan el principio de “7 Winchester para una matanza”, que dirigiría al año siguiente, y el final de ésta se aprecia una misma mano en la dirección.
SINOPSIS:
Regan es un cazador de recompensas contratado por la Compañía Nacional de Minas para recuperar los 100.000 dólares robados por la banda de Jim Norton. Tras acabar con tres de ellos y recuperar parte del botín, sus pesquisas le llevan a Mile City un pueblo en Montana, territorio fundamentalmente ganadero, en donde vive el pacífico hermano gemelo de Jim, Trevor, y en el que, tras hacerse pasar por sheriff, se encontrará en medio de la guerra librada entre los colonos con sus cercas y los ganaderos defensores de los espacios libres necesarios para alimentar a sus vacas.
El largometraje, al igual que 7 Winchester, está a caballo de los postulados del spaghetti y del western clásico. Así nos encontramos con una magnífica escena inicial marcadamente “spaghetera” (para mí la mejor secuencia de la película), de una gran riqueza visual y barroquismo (se ve acercarse al protagonista entre los antebrazos de dos individuos que están echándose un pulso, para posteriormente aparecer encuadrado entre las piernas de otro en un plano que recuerda al de Lee Van Cleef acabando con Al Mulock en “El día de la ira”), y en la que incluso se rinde homenaje a “Por un puñado de dólares” ya que el protagonista, al igual que Clint Eastwood en el filme de Sergio Leone, monta un burro, lleva una especie de poncho y fuma pequeños puros ( más adelante de nuevo se citará tanto al actor como al director pero en este caso en relación con “La muerte tenía un precio” en un plano en el que se ve a Reagan disparar desde el sillón de un barbero); pero tras aparecer los títulos de crédito nos vamos a encontrar con un largometraje tanto respecto al tema principal (el enfrentamiento entre agricultores y ganaderos) como por el diseño de producción, el montaje y la dirección de Castellari, en la que por ejemplo apenas utiliza un elemento tan característico como era el zoom (conté dos o tres y muy suaves) o hay una total ausencia de esos primerísimos planos no menos característicos, mucho más cercano a los westerns realizados en el continente americano. Incluso aparece un personaje como es el de Smitty, el ayudante del sheriff, que necesariamente remite al interpretado por Walter Brennan en “Río Bravo” por su carácter un poco gruñón, por la relación que mantiene con el nuevo sheriff y por alguna situación que protagoniza (al igual que ocurría en la película de Hawks en la que Brennan disparaba sobre Martin porque no le había avisado, Smitty disparará sobre Regan).
A pesar de la sólida dirección de Castellari que consigue escenas realmente buenas (la inicial anteriormente citada, la del tiroteo que sostiene entre las rocas Jim o el enfrentamiento de Regan con tres pistoleros y su posterior intento de linchamiento) creo que la película es bastante irregular y sufre de un cierto bache en la parte central con algún que otro giro de guión, además de partir de varias premisas poco acertadas por parte de los guionistas, el prolífico Tito Carpi y el también habitual de los spaghettis Manuel Sebares, ya que parece bastante increíble que la hija de Jim no sepa distinguir a éste de su tío Trevor por muy gemelos que fueran y resulta demasiado simple que Regan habiendo encontrado al futuro sheriff de Mile City asesinado se haga pasar por éste; además de no haber desarrollado los guionistas suficientemente uno de los aspectos con mayor potencial de la película como es la relación que se establece entre Regan y Trevor.
Por lo que respecta al reparto está encabezado por uno de los actores más prolíficos dentro de este subgénero, Anthony Steffen, en realidad Antonio de Teffè, (protagonista de veintisiete westerns en diez años) que, además de deleitarnos en las escenas de acción con sus habituales cabriolas consistentes en arrojarse al suelo, girar y disparar y a pesar de no ser un actor excesivamente expresivo, en este filme está bastante bien como Regan un frío y letal cazador de recompensas (suele dejar su sello en la frente de sus oponentes, característica repetida en distintos spaghettis como, por poner algún ejemplo, “Por techo las estrellas” o “Un agujero en la frente”, ambos ya comentados) que irá evolucionando a lo largo de la historia gracias, sobre todo, al amor que le profesa Sally, la hija de Jim Norton. A Steffen le acompaña Frank Wolff, actor norteamericano que trabajo fundamentalmente en Europa y terminó sus días trágicamente en un hotel de Roma, que en esta ocasión se muestra por debajo del nivel demostrado en otros spaghettis en un papel a priori muy interesante como Trevor, en realidad Jim, un bandido que intenta abandonar su vida de delincuencia y es firme partidario de la paz, lo que le cuesta enfrentarse a la incomprensión de otros colonos, pero con una querencia natural por la violencia como demuestra el hecho de que está a punto de asesinar a dos hombres desarmados. El principal papel femenino recae en Gloria Osuna (actriz, con cierto parecido con Gloria Milland, que había debutado en “Placido”, obra maestra de Berlanga, y a la que ese mismo año se la pudo ver en la notable “El sabor de la venganza” de J. L. Romero Marchent) al dar vida a Sally Norton, hija de Jim, protagonista de una historia de amor un tanto inconclusa con Regan. Junto a ellos dos veteranos como Alfonso Rojas, con más de cien largometrajes y películas para televisión de los cuales treinta y cinco fueron spaghettis, como Amos Bronswerg el poderoso y ambicioso jefe de los ganaderos, y Sandalio Hernández en el papel de Smitty el fiel ayudante del sheriff. Ambos están más que correctos.
En cuanto a la banda sonora, la compuso Carlo Savina y cuenta con un buen y pegadizo tema principal cantado, “There will come a morning”, que tiene un comienzo de influencia clásica para continuar con un estribillo más propio de los spaghettis (incluso se escuchan disparos) y está muy bien interpretado, como era habitual en las composiciones de Savina, por Don Powell.
Como curiosidades comentaros que fue uno de los primeros spaghettis que utilizó el reclamo de Django ya que en Italia el spaghetti se tituló “Pochi dollari per Django” a pesar de que el personaje interpretado por Steffen no tiene nada que ver con el modelo original, siendo para mí mucho más acertado el título de la versión española que alude claramente al conflicto vivido en Mile City; y que en el filme participaron tanto el hermano, Ennio Girolami, como el padre, Marino Girolami, de Castellari, el primero como actor dando vida a un pistolero de la banda de Jim y el segundo en labores de producción. En definitiva una película entretenida que constituye un curioso híbrido entre las corrientes europeas y norteamericanas del western, que cuenta con un acabado formal bastante correcto y, para mí, a pesar de sus defectos, sobre todo su irregularidad, se ve con agrado.(TEXTO 800 SW)
viernes
KEOMA
Keoma
1976
Italia
Director: Enzo G. Castellari
Productor: Manolo Bolognini
Guión: Enzo G. Castellari, Luigi Montefiori y Mino Roli
Argumento: Luigi Montefiori, Nico Ducci y Mino Roli
Fotografía: Aiace Parolin.
Música: Guido y Maurizio De Angelis
REPARTO
Franco Nero (Keoma), Woody Strode (George), William Berger (William Shannon), Donald O'Brien (Caldwell), Olga Karlatos (Lisa), Orso Maria Guerrini (Butch Shannon), Gabriella Giacobbe (Witch), Antonio Marsina (Lenny Shannon), Gianni Loffredo (as John Loffredo)(Sam Shannon), Leon Lenor (doctor), Joshua Sinclair, Leonardo Scavino, Wolfango Soldati (soldier), Massimo Vanni (soldier), Victoria Zinny (brothel owner), Alfio Caltabiano, Giovanni Cianfriglia (as Ken Wood)(Shannon henchman), Domenico Cianfriglia (Shannon henchman), Roberto Dell'Acqua (Shannon henchman), Angelo Ragusa (Shannon henchman), Riccardo Pizzuti (gunmnan), Pierangelo Civera (plague victim.)
El spaghetti western en 1976 estaba agonizando, tanto por la falta de ideas como por el daño que le hizo la aparición cada vez mayor de spaghettis cómicos con la consecuente caída en la demanda de ese tipo de películas, cuando dos de sus figuras más emblemáticas, el director Enzo G. Castellari (“7 winchesters para una matanza”, “Voy, lo mato y vuelvo”, “Johnny Hamlet”) y el actor Franco Nero (“Django”, “Adiós Texas”, “Salario para matar”, “Compañeros”) aunaron sus fuerzas para sacar adelante este proyecto basado en un guión de, entre otros, el propio Castellari y del actor George Eastman, para el que se contó como productor con Manolo Bolognini responsable de, entre otras, las mencionadas “Django”, “Adios Texas” o de ”Tierra de gigantes”, y cuyo resultado, para mí, fue una de las obras capitales de este subgénero que respetando los cánones del mismo es a la vez un film muy personal.
Sin duda es uno de los mejores spaghettis que he visto, por la historia que cuenta pero, sobre todo, por cómo la cuenta. Una película auténticamente mágica, tanto desde el punto de vista de su contenido al estar muy presentes elementos de corte fantástico (una hechicera que, en algunos casos, parece ser fruto de la imaginación del protagonista, quizás represente a su propio destino; un pueblo casi fantasma, prácticamente deshabitado y que parece más el producto de un sueño que de la realidad; la presentación del héroe como un ser extraordinario con un destino que cumplir), como desde el punto de vista formal puesto que la película es una auténtica maravilla.
La labor de Castellari en la dirección me parece extraordinaria, cada encuadre está muy pensado y cada escena cuidadosamente planificada, regalándonos, de esta forma, una serie de imágenes imborrables: la supuestamente onírica secuencia inicial en la que Keoma le dice a la hechicera que: “Si todo hombre tiene que cumplir su destino por qué voy a cambiar el mío”, la bellísima escena de la conversación en el porche del protagonista con su padre rodada en un solo plano y con la cámara girando alrededor de ambos, de una gran e inusual naturalidad, la secuencia en la que el héroe espera a los hombres de Cadwell en la calle principal que cuenta con un prodigioso montaje, la muerte del padre del héroe y posterior tortura de éste (la imagen nocturna con Keoma crucificado es de una gran belleza plástica), o el enfrentamiento final en el que vemos a Keoma acabar con sus hermanastros mientras solamente se escuchan los gemidos de la mujer que está dando a luz. Por otra parte demuestra que había asimilado las enseñanzas de Pekinpah no sólo al rodar las escenas de acción a cámara lenta sino, también, en cómo se montaron éstas y, además, muestra aciertos narrativos como es el caso de los flashbacks en los que se ven a la vez, en un mismo plano, al personaje en el presente y a la acción que está recordando.
En cuanto al guión, que es bastante simple (la vuelta del protagonista tras la Guerra Civil a su pueblo para comprobar que está desolado por la peste y controlado por un grupo de desalmados), está influenciado tanto por westerns clásicos ( el tema del regreso del hermanastro mestizo que se enfrenta a sus tres hermanos por ser el preferido de su padre fue tratado maravillosamente por Edward Dmytrick en “Lanza rota”, a su vez remake de “Odio entre hermanos” también dirigida por Dmytrick) como por otros spaghettis (al igual que en “Django” el protagonista aparece como el hombre capaz de salvar a la población de la opresión ejercida por el grupo de malvados y también, como en la película citada, las referencias religiosas son evidentes como la crucifixión que padece el protagonista mientras cae una tormenta y es contemplado con tristeza, alternativamente, por la hechicera y por Lisa). Además cuenta con unos diálogos estupendos como cuando el padre le pregunta si ganó o perdió la guerra y Keoma le contesta: “Estuve en el bando de los vencedores” porque, efectivamente, las guerras no las gana nadie.
Desde el punto de vista técnico el film es impecable. La fotografía, de Aiace Parolin (responsable también de la de “Un minuto para rezar, un segundo para morir”) está cuidadísima, en las imágenes diurnas consigue acentuar el carácter irreal u onírico del pueblo, mientras en las nocturnas, con la lluvia y los relámpagos, le dota de un aspecto más tétrico e infernal. Estas escenas nocturnas sin duda me recordaron a “Sin perdón” por lo que no sé si Clint Eastwood al rodarla tuvo en cuenta este spaghetti, pero en todo caso las similitudes son bastante evidentes. La dirección artística es sobresaliente, con una cuidadísima ambientación sobre todo del pueblo, en el que se busca la misma finalidad que con la fotografía (no en vano tanto el diseño de producción como del vestuario es obra del gran Carlo Simi). La canción principal compuesta por los hermanos De Angelis, con ecos de Leonard Cohen, me ha gustado bastante, aunque hubiera preferido más variedad de temas.
En cuanto a los actores, Franco Nero está estupendo con una actuación muy contenida y dotando de hondura a Keoma, uno de los personajes con mayor profundidad que he visto en el spaghetti, quizás lo único criticable sea su vestimenta claramente deudora de la época en que se rodó la película ya que es más propia de un hippie setentero que de un mestizo norteamericano de finales del siglo XIX; junto a él en el bando de los buenos le acompañan William Berger que me ha gustado mucho en su rol de padre del protagonista, para mí una de sus mejores interpretaciones junto con las de “Cara a cara” y “California”, todas ellas creo que muestran la gran calidad de este actor, la siempre estimulante presencia de Woody Strode (actor de western clásicos como “Dos cabalgan juntos”, “El sargento negro”, “El hombre que mató a Liberty Valance”, todas ellas del maestro John Ford, y “Los profesionales” de Richard Brooks en la que curiosamente interpretaba a un experto en el tiro con arco) y la bella Olga Karlatos en el papel de Lisa una joven embarazada a la que protegerá Keoma con el objeto de que pueda tener a su hijo. En el bando de los malos, y como me ocurrió en “Corre cuchillo…corre”, Donal O’Brien como Cadwell, el poderoso terrateniente que se vale de la epidemia para controlar a la población y enriquecerse, me ha gustado bastante más esta segunda vez que la primera que le vi; pero los tres actores que interpretan a los hermanastros de Keoma pienso que no están a la altura del resto del reparto.
En fin, una auténtica joya de película, el mejor western rodado por Castellari junto con “Johnny Hamlet”, y para mí un título indispensable para el spaghetti, grandísimo colofón para este subgénero (al año siguiente se rodaría la notable “California” escrita por dos de los guionistas de ésta y también producida por Bolognini, pero ya el spaghetti western estaba prácticamente muerto). (TEXTO 800SW)
FRANCO NERO
Franco Nero, nacido Franco Sparanero (San Prospero, Parma, Italia 23 de noviembre de 1941) es un actor de cine italiano.
Pese a que si se hiciera una encuesta sobre el mejor actor del Spaghetti western, seguramente el gran publico elegiría a Clint Eastwood, Lee Van Cleef o a Eli Wallach, si la encuesta fuera solo con los verdaderos amantes del genero, podría perfectamente salir Franco Nero. Y es que, pese a no haber trabajado con Leone, el actor italiano logró una filmografia bastante extendida y con títulos y actuaciones muy logradas, que le ha llevado con el paso de los años a ser uno de los preferidos de los cinéfilos más conocedores del spaghetti western.
Despúes de acabar la carrera de Economía en Milan, pronto dejó el frió mundo de los números y comenzó en el mundo del cine con pequeños papeles y como modelo. En el año 1966, aparece en la mítica "Django", del director Sergio Corbucci, actuación con la que logró saltar a la fama. Su personaje marca una estética y un nombre que a partir de ese año fue santo y seña del genero. Ese mismo año rueda tres westerns más, entre ellos la fenomenal "Adiós, Texas".
Pese a que sigue trabajando en muchos géneros y estilos, jamás abandona al spaghetti, y a lo largo de una década sigue participando en proyectos del western.
En el año 76, cuando ya la cosa estaba acabada, él se acerca a Castellari. Después de una primera película muy fallida, "Los locos del oro negro", ese mismo año protagoniza la excepcional "Keoma". Y es que Castellari, quizás sin saberlo siquiera, cierra el western europeo con dos películas-homenajes al mismo, cada una de un estilo muy definido, el western serio y sucio, de la primera mitad, y las auto-parodias llevadass al surrealismo del final del genero.
Y aún despues del fallecimiento "oficial" del spaghetti western en el 76, Nero sigue rodando algunos acercamientos al western, y hasta en el año 1987 se atreve con la segunda parte "oficial" de Django. En el 93, se vuelve a poner bajo las ordenes de Castellari para "Jonathan de los osos".
Y todavía nos enseña más, como por ejemplo "El Ultimo pistolero", un gran cortometraje del año 2002. Aunque Nero comenzó en el spaghetti western, su carrera ha sido muy larga, actuando en más de 150 películas, y logrando muchos premios y grandes actuaciones. Con más de 60 años, el gran actor continua en la cresta de la ola, trabajando sin parar.
Filmografía SW:
1966- Django
1966- Adiós, Texas
1966- Tiempo de matanza
1966- Las pistolas del Norte de Texas
1968- Salario para matar
1970- Los compañeros
1971- Viva la muerte...tuya
1972- El sordo Smith y Johnny Orejas ( Los amigos)
1973- Colmillo Blanco (Zanna Bianca)
1974- Ritorno di Zanna Bianca
1976- Los locos del oro negro
1976- Keoma /// Reseña Adicional
1987- Django 2: El gran retorno
1993- Jonathan de los osos
2002- El Ultimo pistolero (cortometraje)




