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domingo

EL BUENO, EL FEO Y EL MALO


Título original
Il buono, il brutto, il cattivo
Año
1966
Duración
161 min.
País
Italia Italia
Director
Sergio Leone
Guion
Agenore Incrocci, Furio Scarpelli, Luciano Vincenzoni, Sergio Leone
Música
Ennio Morricone
Fotografía
Tonino Delli Colli
Reparto
Clint Eastwood, Lee Van Cleef, Eli Wallach, Aldo Giuffrè, Rada Rassimov, Mario Brega, Luigi Pistilli, Aldo Sambrell, Enzo Petito, Claudio Scarchilli, Al Mulock, John Bartha, Livio Lorenzon, Antonio Molino Rojo, Sandro Scarchilli, Chelo Alonso
Productora
Coproducción Italia-España-Alemania del Oeste; Produzioni Europee Associati (PEA) / Arturo González P.C. / Constantin Film Produktion

Dicen que en este mundo hay dos clases de personas: los que disfrutan con un buen western y los que no saben de cine. Dentro del western, la figura de Sergio Leone es imprescindible, a pesar de que su obra se etiquete como “spaguetti-western”. Tanto como John Ford, Howard Hawks, Anthony Mann o Sam Peckinpah. Su trilogía del dólar, también conocida como la del hombre sin nombre, por el personaje que Clint Eastwood, y ‘Hasta que llegó su Hora’ son cuatro de los títulos más importantes del género por excelencia del séptimo arte, dormido cómodamente en los dorados laureles, a pesar de exitosos títulos como ‘Sin Perdón’ (4 Oscars, entre ellos mejor película y director), del propio Eastwood, o recientemente el remake de ‘El Tren de las 3:10’, de James Mangold, que fue número uno en la taquilla de EE.UU.

‘El Bueno, el Feo y el Malo’ (‘Il buono, il brutto, il cattivo’, 1966) es la tercera parte de la mencionada trilogía (no argumental), tras ‘Por un Puñado de Dólares’ (‘Per un pugno di dollari’, 1964) y ‘La Muerte Tenía un Precio’ (‘Per qualche dollaro in più’, 1965), pero en valoración generalmente se la coloca la primera. En Imdb está considerada como la sexta mejor película de todos los tiempos, lo que sólo quiere decir que es un título tremendamente popular. Y eso a pesar de su extensa duración (excesiva a todas luces, pero es Leone) y de que el western parece ya algo del pasado, un tesoro enterrado que no interesa a las gentes modernas. Quizá un par de buenos remakes más hagan cambiar de idea a los vagos productores de Hollywood; como el propio Leone demostró, no se requiere una gran inversión para obtener un espectacular resultado.

El rubio (o el bueno) y Tuco (o el feo) son dos timadores que se aprovechan de las recompensas que en diferentes pueblos dan por la entrega de Tuco; el primero entrega al segundo, cobra el dinero y luego, a la hora de la ejecución, lo libera. El rubio decide romper la “sociedad”, pero Tuco no está de acuerdo y casi va a matar a su ex-compañero cuando, casualmente descubren la existencia de un gran tesoro escondido en un cementerio. De nuevo juntos, pues cada uno oyó una parte del lugar donde el botín está enterrado, tendrán que evitar a Sentencia (o el malo), quien también descubrió la existencia del dinero y hará lo que sea para encontrarlo.

Las dos horas y media de duración hacen de ‘El Bueno, el Feo y el Malo’ una auténtica gozada, de principio a fin, para todo aficionado al western. Eso sí, elige un asiento realmente cómodo y prepara un buen surtido de comida y bebida, porque si no puede pasarte como al rubio en el desierto. La estructura del guión hace que la película puede verse como un “greatest hits” de las mejores situaciones que un western puede ofrecer. Casi parece que estemos ante una serie de breves episodios, que comienzan y terminan, aunque con una misión de fondo que los une y que será la que se resuelva al final del todo, cuando los destinos de los tres protagonistas se crucen y sólo uno pueda llevarse el botín. Como suele ocurrir en este género, la trama es sencilla, sólo es una excusa para desarrollar una serie de conflictos protagonizados por pistoleros en un paisaje desértico, reflejo de esas vidas que pueden acabar en cuestión de un segundo.

Pero una pistola y un sombrero no hacen a un pistolero. No al menos a uno que contribuya a crear un buen western. La interpretación, la presencia y el carisma de los actores son tan importantes como la forma en que están escritos y la visión del director, que debe saber aprovechar todos los recursos que el género ofrece, creados, desarrollados y perfeccionados a lo largo de décadas de obras maestras del cine. Sergio Leone entendió las reglas y las hizo suyas, revitalizando el western a partir de un estilo propio, absolutamente reconocible. A su éxito contribuyó, y de qué manera, Ennio Morricone, el genial compositor que por fin recibió un Oscar como homenaje a todo su trabajo. Es imposible separar las imágenes de la música de Morricone, todo está integrado a la perfección gracias a la destreza de un director como Leone; la secuencia del duelo final debería ser estudiada en todas las escuelas de cine, un prodigio de montaje. No es lo único, desde luego, para muestra el comienzo de la película, donde Leone no tiene que recurrir a los diálogos durante muchos minutos; y queda perfecto.

El bueno, el feo y el malo son Clint Eastwood, Eli Wallach y Lee Van Cleef. Unos carismáticos personajes que se ajustan a los cánones pero que pueden moverse con total libertad, según lo requiera el momento; sólo el malo se mantiene más pegado a su condición, pero el bueno y el feo sólo buscan su propio beneficio, sólo quieren sobrevivir a costa de los demás (parece que no tengan otra salida). Así, aunque ‘El Bueno, el Feo y el Malo’ es, globalmente, una triste visión de la vida de unos hombres destinados a morir por un (gran) puñado de dólares o una guerra absurda (la de secesión, en este caso), salpicada por abundantes escenas de acción, Sergio Leone no deja de lado ni la comedia ni el drama de telenovela. La secuencia de Tuco y su hermano son, integradas en el puzzle, de las que engrandecen la película, aunque no deje de ser un pegote que, separado del resto, podría pertenecer a cualquier melodrama de sobremesa.
De los tres protagonistas, hay que destacar especialmente a “el feo”, interpretado por Wallach, que realiza un trabajo memorable. Él pone todo el humor de la película y aunque su personaje sea despreciable, uno no quiere nunca su desgracia, especialmente al final, en esa escena tan angustiosa que se hace eterna (y está perfecta así, porque es así como Leone nos mantiene con los ojos como platos, pendientes de la pantalla). Eastwood repite el personaje de las dos películas anteriores, un tranquilo, casi inexpresivo, cazarrecompensas de extraordinaria habilidad con el revólver; es el particular héroe de Leone, un héroe que, igual que todos los demás, sólo busca su propio beneficio, y si para ello tiene que dejar un río de sangre, pues así será. Van Cleef vuelve con Leone, pero esta vez para aprovechar su físico, idóneo para encarnar a un villano, el más “malo” de la historia, presentado maravillosamente en los primeros minutos del film, asesinando a sangre fría y llevándose todo el dinero que le ponen por delante.
Rodada en Almería y Burgos, con un presupuesto de poco más de un millón de dólares, ‘El Bueno, el Feo y el Malo’ se ha convertido en uno de los títulos más emblemáticos de la Historia del cine. Se trata de la película más popular de Sergio Leone, y sin duda es una de las obras maestras del western. Superior, por ambición, a las dos anteriores de la trilogía del dólar; afortunadamente no hay que quedarse con ninguna, sino disfrutar con todas. Con el problema del caballo de Eastwood en la primera, con la música del reloj en la segunda y con “il triello” en la tercera, por mencionar sólo algunos de los momentos más memorables de las tres obras de

Durante dos meses del caluroso verano de 1966, la Sierra de la Demanda se convirtió en parte de los Estados Unidos. Esta pacífica y temporal anexión fue obra de un curioso director de cine italiano, Sergio Leone, que encontró en la Peña de Villanueva y en el Valle del Arlanza los escenarios idóneos para rodar la tercer entrega de una serie de films, conocida en principio como ‘la trilogía de los dólares’. La película que Leone rodó en la Sierra de la Demanda fue ‘El Bueno, el Feo y el Malo’ y hoy figura en la historia del cine como obra antológica del denominado spaghetti western.
Heredero del cine japonés. El primer spaghetti western que realizó Sergio Leone fue ‘Por un puñado de dólares’ (1964). El largometraje no era sino una versión en clave western del film nipón ‘Yojimbo’ (Akira Kurosawa, 1961). (Curiosamente, fue un crítico japonés quien acuñó el celebérrimo término spaghetti western para definir este subgénero.) ‘Por un puñado de dólares’ y su secuela ‘La muerte tenía un precio, de 1965, fueron rodadas íntegras en el desierto de Almería. Recreando así los escenarios del Oeste americano, ambas películas se desarrollan en un tono grandilocuente y lento, con grandes silencios, mucho polvo, primerísimos planos y explosiones de violencia desaforada.

AL OESTE DE LA DEMANDA

Leone repite esta fórmula narrativa, de excelente resultado comercial, en la tercera entrega, ‘El Bueno, el Feo y el Malo’. Pero ahora dispone de más medios y decide buscar nuevos horizontes. Aunque la película entremezclará en el montaje final tomas rodadas en Andalucía, las formaciones rocosas de la zona suroeste de la Sierra de la Demanda y el río Arlanza cautivan de tal manera al cineasta romano que se convierten en escenario de las andanzas de El Rubio (Clint Eastwood), Tuco (Eli Wallach), y Sentencia (Lee Van Cleef).
Entre Salas y Covarrubias. Tanto el elenco artístico de la película como los numerosos técnicos se reparten por los establecimientos hosteleros de Salas de los Infantes y Covarrubias, causando el lógico revuelo entre vecinos y veraneantes. El rodaje avanza sin más contratiempo que algún que otro ligero encontronazo de Van Cleef con el brandy de Jerez. No obstante, quienes trataron al actor norteamericano –un rostro clásico en la galería de villanos cinematográficos, fallecido de cáncer en 1989–, recuerdan su naturaleza amable y educada. Clint Eastwood ya era por aquel entonces el más solicitado. Discreto y refractario a la vida de estrella de cine, el actor siempre ha mantenido una cómoda distancia entre su faceta pública y su universo privado.

UN FILM ANTOLÓGICO

Muchos extras necesitó Leone para su película, que fueron reclutados entre los mozos de la zona. Éstos, a cambio de una estimable gratificación, se enfundaron disciplinadamente el uniforme azul de los yanquis, o bien el gris de los sudistas, y mataron o murieron con entusiasmo a las órdenes del director italiano. El film narra las aventuras de tres pícaros en la Guerra de Secesión norteamericana, que tratan de localizar un tesoro escondido en la tumba de un curioso cementerio circular, de cuya existencia han tenido noticia por diferentes circunstancias.
Una de las razones fundamentales que obligan a considerar esta película como antológica en su género es la soberbia banda sonora que firma Ennio Morricone. Al archifamoso tema principal hay que sumar el inolvidable ‘Éxtasis del oro’, que acompaña la escena del duelo (triello, porque es entre tres personajes) en el cementerio de Sad Hill.
Secuencias rodadas en la zona. Llama la atención el pasaje de la Misión de San Antonio. Los exteriores de esta secuencia se rodaron en Almería, en tanto que las tomas interiores se obtienen en la zona este de las ruinas del Monasterio de San Pedro de Arlanza. En la mesa de montaje se fundirán ambas. La acción nos muestra la llegada de Tuco con El Rubio (malherido), a la misión de San Antonio tras su travesía por el desierto. Aquí se encontrará con su hermano, el Padre Ramírez.
Para rodar la escena que transcurre en el campamento-prisión nordista de Batterville se construyó un imponente fuerte de 14.000 metros cuadrados al oeste del pueblo de Carazo. En esta escena se necesitó el concurso de numerosos extras. Militares con guarnición en Burgos engrosaron el contingente de figurantes ‘locales’. Tuco y El Rubio (sudistas), son detenidos por los yanquis y trasladados a este campamento-prisión. Aquí se encuentran con Sentencia (Lee Van Cleef), quien tortura a Tuco para averiguar el nombre del cementerio donse se hallan los dólares.

BATALLA DEL PUENTE LANGSTON

Otro pasaje soberbio de la película es la batalla del puente de Langston. Se trata de una secuencia en la que Tuco y El Rubio llegan a un puente por cuyo control sudistas y yanquis libran una aparatosa batalla. Para librarse de unos y otros, los dos compinches colocan explosivos en la estructura y lo hacen saltar en pedazos. Sergio Leone no regateó esfuerzos para conseguir la toma y colocó las cámaras en la margen derecha del Arlanza (no muy lejos del Monasterio de San Pedro), donde también situó al ejército nordista. Hubo que construir una presa provisional para dar al Arlanza, que en esa época del año baja bastante escaso de nivel, un aspecto más caudaloso. Con todo –y todos– en su sitio, se procedió a la espectacular voladura del puente, pero hubo un ‘pequeño’ error: las cámaras no estaban grabando en el momento de la explosión. Más de un mes de trabajo literalmente volatilizado y a empezar de nuevo. Se construyó en tiempo récord un segundo puente y, esta vez sí, la toma salió perfecta.

DUELO EN SAD HILL

Y así llegamos a la escena cumbre, la lucha final de los tres protagonistas en el cementerio circular de Sad Hill. Tuco descubre el cementerio y corre en busca de la tumba de Arch Stanton, donde cree que están escondidos los dólares, pero el dinero no está en esa sepultura. Más tarde llegan al mismo lugar El Rubio y Sentencia. El Rubio escribe en una piedra el nombre de la tumba donde está el botín y la coloca en medio del círculo empedrado. Llega el momento culminante de la película...

Del puñado al millón de dólares. A los espectadores europeos les encantó la película, pero en América no pudo estrenarse hasta 1969 debido a un problema de derechos legales. Finalmente, la United Artist decidió distribuir la trilogía de Leone y el éxito de taquilla fue clamoroso. Esto generó una serie de secuelas de baja calidad que contribuyeron eficazmente a que los críticos ‘serios’ pusieran la etiqueta ‘Material de desecho’ en todas las cintas spaghetti western, trilogía de Leone incluida. Pero no tuvo que pasar mucho tiempo para que esos mismos críticos se apercibieran de que dentro del spaghetti western sólo hay dos categorías: el cine de Sergio Leone, que es bueno, y todo lo demás. Así que, con la misma celeridad, la obra del antiguo ayudante de Vittorio de Sica y de William Wyler pasó a ocupar el lugar que en justicia merece dentro de la historia del séptimo arte.
Sergio Leone murió en su casa de Roma a consecuencia de un infarto el 30 de abril de 1989, a la edad de 60 años.

viernes

TEQUILA!


Tequila! (Un, dos, tres...dispara otra vez)
1973
Director: Tulio Demicheli
Música: Lallo Gori
Guión: Miguel Iglesias, Enrique Jose
Fotografía: Guglielmo Mancori

Reparto:
Anthony Steffen, Roberto Camardiel, Eduardo Fajardo, Ágata Lys, John Bartha, Mirko Ellis, Juan Amigo, Jose L. Zalde, Jose L. Chinchilla, Mario Sanz, Joaquin Solis, Manuel Guitian, Juanita Jiminez, Agustin Besco, Julio Milian, Antonio Orengo, Pablo Blanco, Fabian Conde, German Grech.

Shosena, un astuto ladrón de bancos, se asocia con "Jaguar" para dar un gran golpe. Llegan al pueblo donde piensan atracar el banco propiedad de Koven, un hombre que tiene en contra a todos los granjeros del lugar. Su único hijo, George, está enamorado de la hija de Rush, su más airado enemigo. Y... casualmente, Shosena y "Jaguar", para justificar su estancia en el pueblo, se ponen a trabajar para él.

Anthony Steffen es un clásico del Spaghetti western. Esta es una de sus películas menores, junto a Roberto Camardiel, un secundario muy habitual. Aunque el gran secundario de esta peli es el impresionante Eduardo Fajardo, como siempre haciendo de malo. Esta historia es una historia de mentiras. El prota dice ser un hombre de ley, pero solo es un ladrón de bancos. Su compañero dice ser un pistolero sanguinario, pero solo es un impostor. El cacique dice ser un hombre de negocios, pero solo es un usurero. Y los granjeros dicen que son hombres de bien, pero al final se demuestra que la pasta es la pasta.

Con cierto aire de humor, pero sin llegar a dar vergüenza ajena, como muchos westerns mediterraneos de los setentas, y con buena dosis de tiroteos, Demicheli dirige de forma correcta, y logra una obra mucho más interesante que Un hombre y un Colt, su primer Spaghetti wesrtern allá por el 67.
Es una pena que el ritmo caiga a mediado de la película, pero el final esta muy bien, con un buen tiroteo entre tres bandos.

ANTHONY STEFFEN

Su verdadero nombre erá Antonio de Teffé (Roma, 21 de julio de 1930 - Rio de Janeiro, 4 de junio de 2004)
De familia Noble, sus inicios en el cine fueron de mensajero, hasta que a principios de los años 50 comenzó a participar en películas de epopeyas de romanos, comedias, aventuras y alguna gran película como Sodoma y Gomorra, aunque realmente lo que le llevó a la fama fue el nuevo genero que empezó a nacer a principios de los 60, y al que se acercó por su gran parecido con el actor Clint Eastwood, pero en el que llegó a ser el protagonista con más títulos.
Siempre impasible, con una peculiar forma de ponerse el sombrero, con su metro noventa,Steffen lograba darle a los personajes seriedad y empaque, siempre con barba y mirando de forma desafiante.
Una de sus mejores cinta es "Django el Bastardo", un Django que vuelve de la tumba para buscar venganza, en un guión en el que él participó. Pero no solo hizo spaghetti western, en su larga filmografia encontramos muchos géneros y estilos diferentes. Hombre culto, dominaba muchos idiomas. En los años 80 se trasladó a vivir a Brasil, hasta el año 2004 que nos dejó.



domingo

EL DESPERADO


EL DESPERADO
1967
Italia
Director: Franco Rossetti
Guión: Ugo Guerra, Franco Rossetti, Vincenzo Cerami
Fotografía: Angelo Filippini
Música: Gianni Ferrio

Reparto:
Andrea Giordana, Rosemarie Dexter, Franco Giornelli, Dana Ghia, Piero Lulli, Aldo Berti, Giovanni Petrucci, John Bartha, Giuseppe Castellani, Giorgio Gruden, Gianluigi Crescenzi, Sandro Serafini, Antonio Cantafora, Pino Polidori, Andrea Scotti, Dino Strano, Claudio Trionfi, Osiride Pevarello

Spaghetti de nacionalidad italiana de 1967 producido por la pareja Ugo Guerra y Elio Scardamaglia, este último con bastante experiencia en el péplum, a través de las productoras Daiano Film y Leone Film, dos pequeñas compañías que nos ofrecieron algunas muestras notables en este género como, las ya comentadas en este blog, “Johnny el vengador” (Enzo G. Castellari, 1968), “Forajidos implacables” (Alberto Cardone, 1969) o “Los desesperados” (Julio Buchs, 1969).

En esta ocasión contaron como director, en su única incursión en este subgénero, con Franco Rossetti, un cineasta más conocido por su faceta como guionista, sobre todo en el spaghetti western con títulos como la imprescindible “Django”, la magnífica “Adiós Texas”, o las interesantes “El clan de los ahorcados” y “La puerta del infierno” (todas ellas cuentan con sus correspondientes reseñas); que como director, ya que tan sólo se puso detrás de la cámara en siete ocasiones más, con resultados discretos. Por lo que es una lástima, dado el nivel alcanzado con esta película, que no rodara más westerns.

SINOPSIS:
Steve Blasko, un forajido sin escrúpulos, tras ser salvado de la horca por su amigo Jonathan topará con un moribundo oficial sudista que antes de morir le revelará la existencia de 75.000 dólares custodiados por su padre en Overton. Con la finalidad de apoderarse del preciado botín no dudará en suplantar la personalidad del oficial muerto y se dirigirá a la citada ciudad, en realidad un pueblo abandonado debido a una epidemia de cólera, en donde todavía habita el padre invidente del oficial sudista. Pero hasta allí llegarán dos desertores confederados y un grupo de pistoleros que pretenden apoderarse de un cargamento de oro confederado, y cuya presencia trastocará trágicamente los planes de Steve.

Película amarga, dura y sin concesiones con la codicia como tema principal, un deseo que termina por matar a los hombres, tanto desde el punto de vista moral (la mayoría de los personajes se convierte, ante la promesa de una riqueza futura, en bestias despojadas de cualquier atisbo de humanidad), como física (la avaricia les conducirá a un único camino criminal y a su propio aniquilamiento). Al mismo tiempo que se caracteriza por su tono desesperanzado, ya que prácticamente niega a aquellos que han tomado este camino la posibilidad de redimirse y con ella la esperanza de una nueva vida alejada de la violencia y el delito.

El filme cuenta con un guión bastante elaborado en el que participaron, entre otros, Vincenzo Cerami (novelista, dramaturgo y guionista, coautor de la ya reseñada en el blog “Tierra de gigantes” y nominado al Oscar por “La vida es bella”), el propio director, que retomará de “Django” el escenario en donde se desarrolla la parte central del filme (un pueblo prácticamente abandonado y lleno de barro que contrasta con los paisajes soleados y secos de sus alrededores) y Ugo Guerra (que en la posterior “Los desesperados” volvería a la idea de la epidemia como elemento dramático fundamental en el desarrollo de la historia), que presta especial atención a los diálogos, constituyendo un claro ejemplo el interrogatorio, con respuestas profundamente escépticas, al que somete Jonathan a Steve tras salvarlo de la horca ("¿Qué has hecho en estos últimos dos años? ¿Dónde has estado?". “Aquí y allá”. "¿Haciendo qué cosa?". “Viviendo”. “¿A dónde vas ahora?”. “Lejos de aquí”. "Siempre solo ¿no?". "Nací de esa manera"); y estructura el largometraje en tres partes:

- La introducción en la que se plantea la historia, se abre con una gran y violenta escena y sirve para mostrarnos la catadura moral del protagonista que no duda en disparar por la espalda a los individuos que quisieron lincharlo, al mismo tiempo que se plantea dejar sin enterrar al oficial moribundo porque según sus propias palabras no tiene tiempo.
- La parte central que se desarrolla en el pueblo fantasma de Overton, todo ella magnífica por el suspense y la atmósfera opresiva creados. En la que destacan las imágenes tormentosas nocturnas del pueblo como metáfora del explosivo carácter de los bandidos y del conflicto que se va a vivir, idea que me recordó a otros westerns tanto hechos en Europa (“Keoma”), como en Estados Unidos-(la mismísima “Sin perdón”) y, sobre todo, la larga y excepcional secuencia que se inicia tras ser capturado Steve y finaliza con un plano general en el que se ve a los pistoleros marcharse tras haber provocado la desolación, que por su fuerza, dramatismo, crueldad, brutalidad, planificación y montaje, creo, debería formar parte de la antología del euro western. Supongo que es por esta escena por lo que éste es uno de los spaghettis favoritos de Tarantino.
- El final en el que Steve, tras “resucitar”, da rienda suelta a su salvaje venganza. Lástima que, para mí, sea la parte más convencional y floja del filme, con un plan bastante simple y en la que se pierde el tono de profunda amargura, con unos Estados Unidos devastados por la guerra y unos soldados sudistas a los que sólo les espera la muerte o la deserción y el bandidaje, que presidía la película. Tono sólo recuperado al final de la misma.

Además, desde el punto de vista técnico, es una película con una factura impecable en la que destaca la estupenda labor del director de fotografía, Angel Filippini, y una gran labor de ambientación, fundamentalmente en el pueblo de Overton. Y a ello hay que añadir una buena banda sonora del habitual Gianni Ferrio con una melodía, “El desperado”, muy bien cantada por John Balfour que se repite con distintas variaciones, además de contar con varios temas muy acertados, bien utilizados y apropiados para la historia narrada.

El último elemento sobre el que se sostiene el filme son los actores, que en esta ocasión cuentan con personajes bastante interesantes caracterizados todos ellos por vivir al margen de la sociedad. Para el papel de Steve se escogió al galán Andrea Giordana, actor nacido en el seno de una familia relacionada con el cine (su madre, por ejemplo, era la actriz británica Marina Berti), que sólo rodó cuatro westerns pero de gran calidad (al año siguiente lo encontraríamos en “Johnny el Vengador” y en “Cuanto cuesta morir”, ambas ya reseñadas).

En este filme, bajo el horroroso seudónimo de Chip Gorman, creo que transmite con acierto la complejidad de su personaje, un brutal pistolero que pierde toda posibilidad de regeneración al dejarse llevar por sus instintos asesinos y por su lado más oscuro en el tramo final de la película. Junto a él dos personajes femeninos que, como en “Arizona Colt” (película ya comentada en la que también participó en la producción Elio Scardamaglia) representan tipos muy diferenciados, por un lado la virginal Katy, a la que da vida Rosemary Dexter, quizás la última oportunidad de Steve para reinsertarse en la sociedad, y por otro la mundana Lucy, a la que prestó su rostro Dana Ghia, antigua amante de Steve y todavía enamorada de él que en un momento dado jugará un papel importante.

Además también aparecen un flojo Franco Giornelli, actor de exigua carrera, en el rol de Asher, el líder de los bandidos que, creo, hubiera necesitado de un actor con mayor presencia, y el recurrente en este género Aldo Berti como Jonathan, un peculiar personaje, que recuerda al interpretado para “Un dólar entre los dientes” (película con su correspondiente entrada en este blog) al que le gusta disfrazarse de sacerdote y de juez, en lo que, creo, constituye una crítica velada a ambas instituciones. Mención aparte hay que hacer de Piero Lulli dando vida a Sam, el padre ciego de Steve, un personaje inhabitualmente positivo en su carrera con el que vuelve a demostrar que era uno de los grandes secundarios con los que se contó en este subgénero.

En definitiva, “El desperado” me ha parecido, a pesar de ciertos aspectos menos logrados (por ejemplo parece bastante improbable que Steve pueda timar a Sam haciéndose pasar por su hijo o el comentado e inferior tramo final) una pequeña joya poco conocida a descubrir por cualquier aficionado al spaghetti. (TEXTO 800SW)

LOS CUATRO IMPLACABLES


Los cuatros implacables (I quattro inesorabili)
Italia/España
1965
Director: Primo Zeglio
Guión: Federico de Urrutia, Manuel Sebares de Caso, Marcello Fondato, Primo Zeglio
Fotografía: Miguel Fernández Mila
Música: Marcello Giombini

Reparto:
Adam West, Robert Hundar, Dina Loy, Luis Induni, José Jaspe, Raf Baldassarre, John Bartha, Cris Huerta, Roberto Camardiel, Paola Barbara, Francisco Sanz, Fernando Bilbao, José Canalejas, Elisa Mainardi, Lorenzo Robledo, Howard Ross, Giovanni Petti, Yelena Samarina, Robert Johnson Jr., Jaime Blanch, Fernando Bilbao, Rosario Perez, Gonzalo Esquiros, Miguel Pedegrosa

Coproducción hispano-italiana de 1965 dirigida por el veterano Primo Zeglio (director especializado en films de aventuras) inmediatamente después de que se rodara “La muerte tenía un precio”, por lo que todavía no estaba codificado totalmente, ni estilística ni temáticamente, el western realizado en Europa.

Este hecho se aprecia en que es una producción que toma como referencia mayoritariamente los westerns estadounidenses (incluso creo que hay en la parte final un claro homenaje a la estupenda “El árbol del ahorcado” de Delmer Daves) tanto estéticamente, ya que está muy lejos de mostrarnos la suciedad y el feísmo propios del spaghetti, como temáticamente puesto que el lugar en el que se desarrolla la acción aparece como un pueblo civilizado, en donde prevalece la ley y el orden gracias a unos profesionales de conducta intachable como son el sheriff, brazo ejecutor de la ley, y el juez, encargado de impartir la justicia, (en este sentido tiene una gran importancia la escena del juicio en la que dan todas las garantías al héroe para que se pueda defender); por tanto, como en el western clásico, nos presenta una sociedad casi idílica sin el más mínimo atisbo de crítica hacia la misma, ni intención de desmitificación.

Sin embargo, como principal novedad que le emparentaría con los westerns europeos nos encontramos con los cazadores de recompensas, figuras poco tratadas en el western clásico y que en las escasas ocasiones en que lo hicieron aparecieron como si fueran agentes de la ley (en “Cazador de forajidos” de Anthony Mann, el cazarrecompensas interpretado por Henry Fonda se va a convertir en el profesor del inexperto sheriff encarnado por Anthony Perkins; mientras que en “El cazador de recompensas” de André de Toth, el personaje al que da vida Randolph Scott se caracteriza por tener unos principios morales muy asentados y por su deseo de hacer justicia), que en esta película se nos muestran como unos individuos carentes de moral, que actúan por su propio interés (en la primera secuencia matan a un individuo a sabiendas de que es inocente para cobrar la recompensa), utilizan la ley en beneficio propio y quedan perfectamente definidos por un joven Jaime Blanch al señalar que “Son como buitres, viven de los muertos”.

Sam Garret, un agente federal, impide que cuatro cazarrecompensas cobren indebidamente la recompensa por un individuo que resultó ser inocente. Éstos, en venganza, le tenderán una trampa por la que será acusado de un asesinato. Sam, tras ser condenado a muerte, escapará con el objeto de probar su inocencia y reunir las pruebas que acusen a los verdaderos asesinos. Mientras será perseguido por los agentes de la ley y los cuatro cazadores de recompensas, ya que la viuda del asesinado ha puesto precio a su cabeza.

La película, por tanto, nos cuenta una historia bastante típica en el género de suspense (la del falso culpable que debe demostrar su inocencia) a través de un acertado guión obra, entre otros, del propio director y de Federico de Urrutia (escritor de gran formación clásica responsable de los libretos de “Antes llega la muerte”, “Tierra de gigantes” y “Los despiadados”) a través del cual la trama progresa adecuadamente, aunque el último tramo se resiente un poco, y que no recurre a los consabidos tiroteos y peleas para que la película resulte entretenida. No obstante, como aspectos negativos del mismo creo que hay que señalar ciertas situaciones un tanto simples, como la huida de la cárcel por parte del héroe o la trampa que tienden a Robert Hundar, y otras inverosímiles, como la pelea que mantienen Adam West y Robert Hundar cuando este último ya le había detenido. Pero en conjunto me ha parecido un sólido guión.

En cuanto a la adecuada labor como director de Zeglio cabe señalar que también se acerca más a la de los clásicos norteamericanos, así apenas utiliza el zoom (creo que en toda la película hay tres y no son muy marcados), hay casi una total ausencia de los primerísimos planos tan típicos del spaghetti y no se abusa de las angulaciones y perspectivas casi imposibles.

Otro aspecto notable de la película es la gran cantidad de localizaciones, así no sólo parecen dos pueblos sino también múltiples escenarios naturales que van desde el desierto hasta las zonas montañosas. Lástima que, a diferencia de las zonas desértica que están perfectamente retratadas en las primeras escenas del film, no se les sepa sacar más provecho a los paisajes montañosos.

Por lo que respecta a los actores cabe señalar que, como solía ser habitual en este tipo de películas, para el papel principal se contrató a un actor estadounidense, en este caso a Adam West (interprete que había intervenido en infinidad de series del Oeste como “Cheyenne”, ”Maverick”, “Bronco”, “El hombre del rifle”, “Colt 45”, “Sugarfoot” o “La ley del revólver” y que estaba a punto de dar vida al personaje de su vida, Bruce Wayne en la serie marcadamente pop “Batman”) que no desentona a pesar de sus limitaciones como actor. Para el papel de Alan, el líder de los cazadores de recompensas, se escogió a uno de los grandes malos del spaghetti, Robert Hundar que contaba con un físico y un rostro muy apropiados para este tipo de personajes caracterizados por su amoralidad y que, en este caso, será víctima de su propia codicia. Luis Induni vuelve a interpretar su sempiterno rol de sheriff, en esta ocasión honrado. Junto a ellos, en papeles menores, algunos habituales como Chris Huerta (el corrupto ayudante del sheriff), Ralf Baldasarre (uno de los cazarrecompensas), Paco Sanz (el doctor del pueblo) o Lorenzo Robledo. Pero el que realmente sobresale sobre todos es Roberto Camardiel con una actuación plena de naturalidad como el bonachón y desdichado Jeffrey Anders, una lástima que desaparezca tan pronto.

En resumen un muy entretenido spaghetti que cuenta con un sólido guión y una buena dirección y que, sin ser una maravilla, creo que no es peor que el típico western serie B norteamericano.

ROBERT HUNDAR

Robert Hundar ( Italia 12/enero/1935- Italia 12/mayo/2008) es el apodo que normalmente usaba el italiano Claudio Undari, un actor que llegó a participar en más de cuarentas películas, entre ellas cerca de una veintena de spaghetti westerns.

Sus trabajos junto al director Joaquín Luis Romero Marchent fueron los que le dieron más fama, sobre todo en la gran "Antes llega la muerte". También hay que resaltar "Un hombre y un colt", protagonista junto con Fernando Sancho de la historia, además de "Condenados a vivir".
En el año 2000 realizó su ultima película, "Ponte Milvio", tras la cual se retiró del mundo del cine.

Con un aspecto físico muy peculiar, muy alto, y sobre todo con una gran profesionalidad a la hora de actuar, Robert Hundar llegó a ser un rostro habitual del genero.

Filmografia SW:

1962- Cabalgando hacia la muerte
1963- Tres hombres buenos
1963- El Sabor de la venganza
1964- Brandy
1964- Antes llega la muerte
1965- El hijo de Jesse James
1965- Los cuatro implacables
1966- Ramón el mexicano
1966- La muerte cumple condena
1967- Un hombre y un colt
1967- Con lui cavalca la morte
1968- Suo nome gridava vendetta
1968- Un agujero en la frente (Un buco in fronte)
1969- Oro Sangriento (Sabata)
1971- Condenados a vivir
1973- Mi nombre es Shanghai Joe
1974- Giubbe rosse
1975- Dallas
1977- California