Mostrando entradas con la etiqueta Fabio Testi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fabio Testi. Mostrar todas las entradas

jueves

UN MALDITO AMANECER


 T.O:Quel maledetto giorno d'inverno... Django e Sartana all'ultimo sangue
(Aka: Django encuentra aSartana; Django y Sartana duelo final)
Director: Demofilo Fidani
(Miles Deem)
Año: 1970
País: Italia
Música: Coriolano Gori 
Cast: Fabio Testi, Jack Betts (Hunt Powers), Dino Strano (Dean Stratford), Benito Pacífico (Dennis Colt), Luciano Conti (Lucky McMurray-¿Joel Moore?), Simoneta Vitelli (Simone Blondell) Atilio Dotesio (Dan Reesy) Celso Faria, Roberto Danesi (Robert Dannish), Michele Branca (Michael Brank), Antonio Basile,  Franco Pasquetto, Pietro Torrisi, Nuria Torray, Calogero Caruana, Franco Graziosi, Luciano Pallotta, Mariella Palmich

En Black City el viento parece soplar con más frío y fuerza que en cualquier otro lugar del mundo. Cuando llega el invierno Black City se convierte en un lugar fantasmal. Hasta allí llega un joven Sheriff (Fabio Testi), el cual no viene a sustituir a nadie, pues parece ser que hace tiempo que no hay ley en ese rincón olvidado de Oeste. El lugar está sometido a la voluntad de Bud Willer (Dino Strano bajo seudónimo de Dean Stratford), un bandido asociado con Paco Sánchez (Benito Pacífico bajo seudónimo de Dennis Colt) un mexicano psicópata y sanguinario. Willer y sus hombres se burlan de la presencia del nuevo sheriff, al que consideran un mindundi. Casi a la par que el sheriff, llega a  Black City un misterioso pistolero vestido de negro (Jack Betts bajo seudónimo de Hunt Powers) que se detiene delante de una tumba...

Los euro westerns de Demofilo Fidani no se parecen a ningún otro euro western, sin embargo encierran la pura esencia surrealista y brutal de este (sub)género. Despectivamente llamado "El Ed wood del Spaghetti Western", una definición que alude a una supuesta torpeza de este director italiano, algo para mí totalmente injusto, pues podemos considerar a  Fidani uno de los pilares del western all'italiana. Un director diferente que logró imprimir una personalidad propia e inconfundible a sus películas, a pesar de contar siempre con  presupuestos más que paupèrrimos. Demofilo Fidani tenía algo que muy pocos lograron: un estilo reconocible.

En  Django encuentra a Sartana el director consigue recrear una atmósfera por momentos inquietante (favorecida, una vez más, por los pocos medios)... ese pueblo, Black City,  y sus calles donde el viento parece un alma perseguida por el diablo. 
Como en todos sus western hay situaciones inesperadas, casi fuera de la lógica narrativa y de lo que marcan los cánones del género... ahí está ese pulso con velas, o un flash-back demencial donde vemos las andanzas sádicas del mexicano loco matando a sangre fría y  la pelea "de machos" de este mismo personaje con un tal Paco el Gigante, encarnado por Pietro "pseudo Conan" Torrisi. Además hay unos duelos magníficos que nos proponen situaciones cuando menos originales: suplantación aprovechando el polvo, el viento y vestimentas robadas... incluso en uno de los duelos el espectador no sabe quién "de los buenos" se está jugando el pellejo...

viernes

HASTA QUE LLEGO SU HORA


HASTA QUE LLEGO SU HORA (C'ERA UNA VOLTA IL WEST)
1968
Italia/España
Director: Sergio Leone
Argumento : Dario Argento, Bernardo Bertolucci, Sergio Leone
Guión : Sergio Leone, Sergio Donati
Director de Fotografía : Tonino Delli Colli
Música : Ennio Morricone

Intérpretes:
Claudia Cardinale, Charles Bronson, Henry Fonda, Jason Robards, Gabriele Ferzetti, Woody Strode, Jack Elam, Lionel Stander, Paolo Stoppa, Frank Wolff, Marco Zuanelli, Al Mulock, Keenan Wynn, Simonetta Santaniello, Enzo Santaniello, Luigi Ciavarro, John Frederick, Spartaco Conversi, Aldo Berti, Michael Harvey, Antonio Molino Rojo, Benito Stefanelli, Frank Braña, Fabio Testi, Claudio Scarchilli, Aldo Sambrell, Salvo Basile, Bruno Corazzari, Claudio Mancini, Luana Strode, Tullio Palmieri, Renato Pinviroli, Ricardo Palacios, Robert Spafford, Bill Crawley, Francesca Leone, Raffaella Leone, Don Galloway, Livio Andronico, Paolo Figlia, Stefano Imparato, Frank Leslie, Luigi Magnani, Umberto Morsella, Enrico Morsella, Conrado San Martín, Giovanni Ivan Scratuglia, Dino Zamboni, Lorenzo Robledo.

SINOPSIS: Brett McBain, granjero viudo de origen irlandés, vive con sus hijos en una finca levantada sobre el terreno arenoso y desértico del Oeste americano. Allí piensa que será feliz con su segunda y reciente esposa, Jill, que debe llegar desde Nueva Orleans, y a la que prepara un fiesta de bienvenida. Pero antes, una partida de bandoleros acaba con las vidas de Mac y sus hijos. Cuando Jill llega a la hacienda queda impresionada por una matanza que nadie se explica.

Una obra maestra, tanto del Spaghetti western como del cine. Leone demuestra que sabe como volver a reinventarse, y cierra su camino por el western con esta brutal cinta en la que vemos como el progreso acaba con los tiempos de pistoleros montados a caballo. La película esta lleno de momentos brillantes, comenzando con el inicio, con la llegada de el protagonista a la estación, y su enfrentamiento contra los 3 pistoleros. Hay que decir que Leone lo rueda todo jugando con los tiempos, sin prisas en enseñar nada, recreándose en los detalles y en los personajes. Eso ha echo que a muchos no le termine de gustar "Hasta que llegó su hora", ya que se puede hacer demasiado larga, pero es que Leone se permite hacer lo que nadie hace, y es montar a gusto, sin la distribuidora imponiendo ni cortando.
Leone hablando sobre el film afirmó que el ritmo de la película es como los últimos jadeos de un moribundo antes de irse de este mundo, por eso la acción se retrasa o de repente se acelera.
Quizás en cuanto al reparto, Fonda esta sublime en el papel de un temible forajido que ni siquiera pestañea al matar a un niño, en su papel mas oscuro y siniestro. Y también hay que resaltar la insultarte belleza y sensualidad que desprende Claudia Cardinale, en otro gran papel.

La labor de dirección de Sergio Leone me parece de libro o de academia: la planificación de las escenas, los movimientos de cámara (maravillosos travelling, perfecta utilización de la grúa como en la escena en la que Jill llega al pueblo, uso racional del zoom), la combinación de planos cortos con planos largos, etc. Así la peli está plagada de grandes momentos: desde la larga secuencia inicial en la que tres pistoleros esperan la llegada del tren en el que viaja Charles Bronson que está inspirada en la famosa escena del tren de “Solo ante el peligro”; pasando por la presentación de Henry Fonda con la cámara rodeando su rostro hasta que vemos sus ojos azules, fríos como la muerte o el estupendo duelo entre Harmonica y Frank, con una gran labor en el montaje y un magnífico flashback a través del cual conoceremos el motivo de la venganza; hasta ese gran y metafórico final con la muerte de Jason Robards al mismo tiempo que llega el tren; así, como ya hiciese John Ford en “El hombre que mató a Liberty Valance”, Leone nos muestra cómo los personajes de Harmonica, Frank y Cheyenne, que han impuesto hasta ahora su ley a través de las armas, están condenados a desaparecer con la llegada de la civilización y a dejar paso a los educados habitantes del este, representados por el personaje de Jill, que son los que construirán y harán grande al país.

Tan importante como la labor de dirección de Sergio Leone es el trabajo de Ennio Morricone en la composición de la banda sonora (para mí una de las mejores de la historia del western), ya que va a crear un tema para cada personaje principal con el objetivo de que les identifiquemos con su melodía, así la música se convierte en un elemento dramático fundamental.
Tanto la fotografía del habitual en el cine de Passolini Tonino Delli Colli (¡qué bien retratado está el Monument Valley!) como la dirección artística son sobresalientes, beneficiados por un presupuesto nada cicatero. Por último, en cuanto a los actores creo que dieron lo mejor de sí mismos. Henry Fonda crea a uno de los mejores malos que he visto en el cine, Jason Robards está enorme en el papel de romántico y entrañable bandido, Charles Bronson no desentona como el vengativo pistolero lo que en su caso es decir mucho, y Claudia Cardinale, en un papel muy importante inusual en las pelis del oeste, demuestra que, aparte de ser una mujer muy bella, es una estupenda actriz que, tras trabajar con Fellini y Visconti, intentaba introducirse en los EEUU (acababa de rodar “Los profesionales” un gran western de Richard Brooks). Junto a ellos un gran número de estupendos secundarios, tanto europeos como Gabriele Ferzetti o Frank Wolf (éste era norteamericano pero desarrollo su carrera básicamente en Europa), como veteranos norteamericanos: Woody Strode, Jack Elam, Lionel Stander o Keenan Wynn. Además podemos distinguir en papeles muy cortos a varios habituales de los spaghettis entre los que destacan Aldo Sambrell, Fabio Testi o Frank Braña. De esta forma, con el casting, también se está subrayando la idea de combinar clasicismo con modernidad.

HENRY FONDA

Actor estadounidense (1905 Nebraska-1982 California) cuyo verdadero nombre era Henry Jaynes Fonda y patriarca de una saga de intérpretes: sus hijos Jane y Peter y su nieta Bridget. Posee una de las carreras más extensas y exitosas en la historia del cine con más de cien apariciones en la gran pantalla en las que con un estilo sobrio y contenido dotó a sus personajes de una gran profundidad, encarnando como pocos al norteamericano medio. Hijo de un impresor, sus primeros pasos se encaminaron hacia el mundo del periodismo que pronto abandonó por la interpretación teatral (una de sus grandes pasiones que nunca abandonó) primero como aficionado en el teatro de Omaha, dirigido por la madre de Marlon Brando, y, posteriormente, en Broadway con la University Player donde conocerá, entre otros, a James Stewart y Margaret Sullivan.

Tras protagonizar dos exitosas obras de teatro “I love you Wednesday” dirigida por George Cukor y “The farmer takes a wife” dirigida por Elia Kazan, se le abren las puertas de Hollywood y debuta en “Contrastes” (1935), adaptación de Victor Fleming de la última obra de teatro citada. Contratado por la poderosa Twenty Century Fox, durante las dos siguientes décadas se convirtió en uno de los actores más estajanovista de la época, participando en todo tipo de géneros con los más grandes directores: Fritz Lang (“Sólo se vive una vez” y “La venganza de Frank James”, segunda parte de “Tierra de audaces” que también protagonizó junto a Tyrone Power bajo la dirección de Henry King), William Wiler (“Jezabel” junto con la gran Bette Davis en su típico papel de malvada), Preston Sturges (“Las tres noches de Eva” extraordinaria comedia en la que padecía los enredos de Barbara Stanwyck), William Wellman (“Incidente en Ox-Bow” un excepcional western en el que se cuestionaba la ley de Lynch y ofrecía una imagen del oeste poco heroica). Pero es sin duda su colaboración con el genial John Ford la que más le va a marcar, así participara sucesivamente en “El joven Lincoln” (genial biografía de los primeros años como abogado de Lincoln), “Corazones indomables”(estupendo western ambientado en el siglo XVIII), la extraordinaria adaptación de “Las uvas de la ira” en la que dio vida a Tom Joad y por la que fue nominado al Oscar, “Pasión de los fuertes” (recreación bastante libre del duelo en el OK Corral),“El fugitivo” (fallida adaptación de una la gran novela de Graham Greene “El poder y la gloria”) y “Fort Apache” (primera parte de la mítica trilogía sobre la caballería en la que interpretó al Coronel Thrusday un clasista y racista militar trasunto de Custer).

En la siguiente década, liberado del contrato con la Twenty, espació sus apariciones en la gran pantalla; no obstante se le pudo ver en grandes películas como la colosal adaptación de la inmortal obra de Tolstoi “Guerra y paz” realizada por King Vidor, el magnífico thriller basado en un caso real “Falso culpable” de Alfred Hitchcock o los notables westerns “Cazador de forajidos” dirigida por Anthonny Mann y “El hombre de las pistolas de oro” filmada por Edward Dmytryk; además de reservarse el principal papel de “Doce hombres sin piedad”, que también produjo y por la que fue nominado de nuevo al Oscar.

La década de los sesenta supone la de su aparición en grandes superproducciones caracterizadas por sus espectaculares repartos como “Tempestad sobre Whasington” y “Primera victoria” ambas de Otto Preminger, “La conquista del Oeste” (una especie de compendio de los temas tratados en los westerns) o las bélicas “El día más largo” y “La batalla de las Ardenas”; además coprotagonizará notables películas como el duro thriller de Don Siegel “Brigada homicida” con Richard Widmark, que dio lugar a una serie de televisión, “El estrangulador de Boston” dirigida por Richard Fleischer y protagonizada por Tony Curtis y el western paródico “El día de los tramposos” de Joseph L. Mankiewicz junto a Kirk Douglas. En 1968 rodará una de las cumbres del western “Hasta que llegó su hora” en la que, en una gran interpretación, dio vida a Frank uno de los pistoleros más fríos y despiadados, capaz de asesinar a un niño sin pestañear, vistos en un western. Su contribución al spaghetti se completó con su papel de Jack Beauregard en “Mi nombre es ninguno” (1973) film alegórico sobre la muerte del western. En la década de los setenta sus trabajos son cada vez más escasos y menos interesantes (incluso aparece en varias películas de catástrofes tan en boga durante esa época: “Tentáculos”, “El enjambre” o “Meteoro”). En 1980 recibió un Oscar honorífico y, por fin, al año siguiente obtuvo el Oscar al mejor actor por su papel en el film “En el estanque dorado” de Mark Rydell, película que, además, le dio la oportunidad de trabajar junto a su hija Jane.

En 1982 moría de un fallo cardiaco este gran actor del que John Ford a una pregunta de una periodista dijo “¿Usted ha visto caminar a Henry Fonda? Pues eso es el cine”.

Filmografía SW

1968.- Hasta que llegó su hora
1973.- Mi nombre es ninguno.


domingo

LOS PISTOLEROS


Título original CLAYTON DRUMM
(Amore, piombo e furore)
Año
1978
Duración
102 min.
País
Italia
Director
Monte Hellman, Tony Brandt
Guión
Jerry Harvey, Douglas Venturelli
Música
Pino Donaggio, John Rubinstein
Fotografía
Giuseppe Rotunno
Productora
Coproducción Italia-España; Aspa Producciones / Compagnia Europea Cinematografica

Reparto
Warren Oates, Fabio Testi, Jenny Agutter, Sam Peckinpah, Isabel Mestres, Gianrico Tondinelli, Franco Interlenghi, Charly Bravo, Paco Benlloch, Sydney Lassick, Richard C. Adams, Natalia Kim

Sinopsis
Cuando está a punto de ser ahorcado, al pistolero Clayton Drumm (Testi) se le da la oportunidad de salvar la vida si a cambio asesina a Matthew (Oates), un minero que, al negarse a vender su tierra a la compañia del Ferrocarril, constituye el mayor obstáculo para la expansión de la vía férrea.

China 9, Liberty 37 es un film lejano, sin duda, a aquellos que constituyen los jalones más celebrados de la trayectoria de Monte Hellman, El tiroteo (The shooting, 1967) y Carretera asfaltada en dos direcciones (Two-lane blacktop, 1971). Aquellas estrategias de silencio, las tramas y caracteres llevadas a lo mínimo o esencial, la tendencia a la abstracción y, sobre todo, el contundente modo de concluir el movimiento finalmente autodestructivo de la narración, están ausentes en este título que, si bien más cercano al primer western de Hellman, A través del huracán (Ride in the whirlwind, 1965), en su dureza pragmática o en esa curiosa sencillez expositiva que sin embargo lleva a todas las situaciones un curioso aroma de extrañeza (piénsese por ejemplo en el descubrimiento de los ahorcados al inicio del film, o la filmación del trabajo del granjero, cuya utilidad se descubrirá más tarde cuando los protagonistas secuestren a su familia), es aún más tradicional que él, casi como si Hellman hubiese decidido trabajar reconociendo la referencia tal vez más obvia de sus primeros westerns, la de Budd Boetticher: China 9, Liberty 37 es un film donde, por ejemplo, y como sucedía en muchos de los guiones de Burt Kennedy, la psicología de los personajes permite hacer más rica, concreta y precisa la dimensión moral de la narración.

Tal vez por ello, llegamos a conocer a Clayton Drumm mejor que a cualquiera de los personajes de los dos westerns previos: si en la primera mitad del film es a través de sus acciones, en la segunda, mediante su historia de amor con Catherine, también a través de sus palabras. De Matthew Sebanek, al contrario, sabemos por sus palabras al principio —su inquietud por la misión de Drumm o su pasado como asesino al servicio del ferrocarril— pero más tarde deviene callado y taciturno, justo cuando algo está transformándose dentro de él. Lo que sucede con Drumm comporta la creciente aparición de una suerte de ética, siempre mesurada por la necesidad de sobrevivir, observable en el rechazo del dinero del ferrocarril, el creciente amor por Catherine o la doble negativa a matar a Sebanek, incluso tal vez en la ambigua renuncia a su esposa.

Como en tantos westerns, también va acompañada del deseo de redención, descanso en un hogar y matrimonio con una mujer finalización del camino, por tanto), si bien éste, que fue el destino de Sebanek, provoca resistencias en Drumm: no le gusta, le dice a Catherine, ante una sutil sugerencia de matrimonio, depender de personas, cosas o lugares, para ser feliz. «Te deseo esta noche. Y te odio por ello».

¿Acaso por esta misma razón rechaza también el estatuto de leyenda? En la primera mitad del film, sabemos por los dos protagonistas que ellos son los mejores (¿los últimos?) pistoleros del oeste. En la segunda, al menos dos veces se le ofrece a Drumm la posibilidad de ejercer esa fama: trabajar en un circo es la primera propuesta, como principal atracción que traería «cien personas a la semana». Pero la otra es la de convertirse en ficción, y la hace nada más y nada menos que Sam Peckinpah. A Wilbur Olsen, supuesto cronista del oeste al que conocemos robando un cigarrillo a un ciego, no le cuesta reconocer la mentira de sus historias, «las mentiras que necesitan… que todos necesitamos». Olsen le propone sin embargo a Clayton pagar por la historia de su vida, para luego mentir sobre ella. ¿Cuál sería la mentira entonces: el modo de contarla, los añadidos o supresiones? Sea como sea, el auténtico argumento de China 9, Liberty 37 deviene progresivamente el de la huida de la leyenda: el viejo pistolero busca petróleo y vive con una bella y joven mujer; el joven ve eliminado su pasado criminal por vía legal y ahora quiere hacerlo, por así decirlo, por la vital. La condición de leyenda es para ellos, ya, una maldición, que en cualquier momento les puede llevar a la muerte.

Pero lo interesante es que Hellman introdujese al por aquel entonces último mitólogo del western como un tramposo que quiere convertir la vida de su sujeto en narración y mito, en mentira para las «gentes del este» (que es lo que, en cierto modo, todos somos ya). Aunque Hellman actuase evidentemente con la connivencia de Peckinpah, es como si aquel pretendiese caracterizar a este como un mentiroso más, mientras que su estrategia se orientaría antes bien a la disolución de la leyenda. Los personajes de los westerns de Peckinpah se mueven siempre en el terreno de lo legendario, su supuesta novedad en el género no resta evidencia a la elementalidad psicológica tan propia de lo que en el fondo son arquetipos; pero estos son imposibles en Hellman, por dos razones: una, la importancia fundamental del espacio; otra, la conocida estrategia por la cual es el personaje el que debe convertirse en el actor, y no viceversa. Hellman postula arquetipos pero, como sucede al Jack Nicholson de El tiroteo, el espacio es demasiado real como para que aquel aguante su presión, como si el mito no fuese más que una voluntad que nunca puede aguantar la presión de lo real. Clayton Drumm por su parte es un mito para todos menos para él mismo, no quiere que nadie cuente su vida, prefiere que lo olviden. La primera cosa a la que no quiere atarse es a su historia, su leyenda.

Monte Hellman es un narrador, no un mitólogo. Aparte de lo dicho, el interés de China 9, Liberty 37 reside en la sencillez con que cuenta su historia y retrata a sus personajes. El modo en que presenta lentamente a su protagonista, a través de lo que ve desde los barrotes de su celda: niños que juegan, una mujer oriental que le observa fijamente, el verdugo que prepara la horca, finalmente los barrotes como gruesas manchas borrosas que cruzan el encuadre.

En otra escena memorable, la de la comida familiar, las voces humanas son canciones de emigrantes, melodías de espacios ausentes; los planos, en consecuencia, se centran en dos cosas: el espacio y los rostros. Los planos generales dejan a la familia sola en el centro de una escena árida, con sus canciones, voluntad de calidez en un espacio frío. Los planos primeros o medios muestran esa alegría que produce el canto, pero también los desvíos de las miradas, en particular de Catherine hacia Clayton —reconducida luego por su atenta cuñada de vuelta a la canción—, respondidas por éste, o el gesto incómodo de Sebanek, cuya razón solo podemos sospechar. Los planos generales muestran asimismo la relación de Clayton con esa reunión, anunciando su alejamiento del núcleo la futura marcha, además de indicar el camino solitario que le espera. Ante el definitivo conocimiento de la marcha, Hellman sustituirá por una vez el rostro anhelante de Catherine por su sombra difuminada tras la tela que divide los dos espacios de la casa: el encuadre, el movimiento de ella y la misma luz la dejan sola en el terrible momento en que debe afrontar la realidad de perder al hombre que desea.

Porque el personaje más solitario es el femenino. Más adelante, cuando Drumm provoca la muerte de una prostituta para salvarse de un disparo, Hellman se las arregla para que, en medio del tiroteo, un espejo circular no deje de reflejar en ningún momento su cuerpo, desnudo a la par que muerto: si la acción no puede permitirse dedicar un solo segundo a esa mujer muerta, la imagen se niega a perderla cuando ya todos la han olvidado. Es otra dimensión de esta película que no sería justo desperdiciar. Una vez muerto el marido de Catherine, solo la quedan dos opciones: o profesora, o puta. «O casarme de nuevo», sugiere ella. Catherine es una niña que no sabe qué es el circo y que no ha conocido a ningún hombre aparte de su marido. Es un juguete de los hombres, que en determinado momento decide arriesgarlo todo por la satisfacción de su deseo. Este mismo empuja a Drumm a la confesión, casi a decidir emprender su planeado cambio de vida junto a ella.

Al lugar que los hombres le han asignado, escapa primero con su mirada, acobardada por lo general, pero intensa y sincera siempre que puede. En la escena de la comida, hay casi una pelea muda, que ella emprende, casi sin querer, con su rostro. ¿Quién no quiere escapar de algo en esta película, que acaba con otra marcha, el abandono de un hogar, el reinicio de un camino al que puede decirse que Hellman no ha hecho sino dedicar toda su obra?

MONTE HELLMAN

Monte Hellman (Monte Jay Himmelman) nace en Nueva York en 1932. Su familia se instala en California cuando cuenta a penas seis años. Después de los estudios secundarios, y pese a que su primera gran pasión es la fotografía, estudia arte dramático (se diploma en dicción y en dirección escénica) en la Universidad de Stanford. Tras una breve experiencia trabajando en la cadena radiofónica NBC, se matricula en la UCLA en un curso de cine que abandonará año y medio más tarde.

Durante este período trabaja como actor en la compañía Stumptown Players, para la que pone en escena, además, The Skin of Our Teeth, de Thornton Wilder, y Voice of the Turtle, de John Van Druten, entre otras. Tras una breve experiencia profesional en la televisión como aprendiz de montador, Hellman constituye su propia compañía, que, en 1957, representa obras de O’Neill (El gran Dios Brown), Saroyan (Los habitantes de la caverna), Anouilh (Colomba) y Beckett (Esperando a Godot). La influencia del teatro de vanguardia y, sobre todo, de Samuel Beckett, al que cita incesantemente, será importantísima en el desarrollo de su obra como cineasta. Seguramente ambos son el origen de la dramatización del tiempo y su transcurrir en películas como El tiroteo (The Shooting, 1966), A través del huracán (Ride in the Whirlwind, 1966) o Carretera asfaltada en dos direcciones (Two-Lane Blacktop, 1971).

Por mediación de Robert Lippert, dueño del teatro en el que trabaja su compañía y productor cinematográfico, conoce a Roger Corman, quien co-financiará durante un tiempo sus montajes y, una vez que la compañía quiebra, le contratará como director de la segunda unidad para The Last Woman on Earth (1958).

Un año más tarde dirige para él la que será su primera película: Beast From the Haunted Cave (1959), un rip-off de Cayo Largo (Key Largo, 1948) que recuerda avergonzado, pero también como “una gran experiencia de aprendizaje”. Pero su asociación con el director y productor independiente irá mucho más lejos: director de segundo equipo en Ski Troop Attack (1960) y The Intruder (1961), asistente de dirección de Creature From the Haunted Sea (1961), montador de Los ángeles del infierno (The Wild Angels, 1966), supervisor de diálogos en La matanza del día de San Valentín (The St. Valentine Day Massacre, 1967), por no hablar de su colaboración (no acreditada) como director de El terror (The Terror, 1965), film en el que medio Hollywood parece haber tomado parte. De Corman, también una fuerte influencia a su manera, Hellman aprende, ante todo, una disciplina (rapidez de rodaje, trabajo con presupuestos escasos, cine de guerrilla….) que le será muy útil en sus primeras películas.

En paralelo a su trabajo en la “factoría Corman”, realiza dos películas de bajo presupuesto rodadas a la vez —back-to-back dicen los americanos— durante seis semanas en Filipinas: Back Door to Hell (1965) y Flight to Fury/Cordillera (1965), ambas protagonizadas por Jack Nicholson, que se convertirá en uno de sus colaboradores más estrechos. Amigos y compañeros desde sus comienzos en la industria, Nicholson y Hellman se asocian para crear la productora Proteus Films. Juntos escriben un guión, Epitaph (To Hold a Mirror), que debía ser financiado por Corman, quien pronto se echa atrás tanto por el tema del mismo (el aborto) como por el enfoque “muy europeo, demasiado artísitico” que sus autores, según el productor, pretendían dar al film.

A cambio, les propuso rodar dos westerns que renovarían un género en decadencia. Dos de las películas americanas más sorprendentes de la década. La primera, El tiroteo, un viaje interior y metafísico, con un soberbio guión de Carol Eastman bajo el seudónimo de Adrian Joyce. Un film elíptico en el que la voluntad verista propia del western crepuscular es enriquecida por la ambigüedad y el hermetismo de la historia y la puesta en escena. En cierta manera, el film nos hace pensar en las palabras de Claude Mauriac sobre Beckett: «una vez aniquilado todo lo físico, surge esa metafísica helada, en cierta manera virtual y sin embargo perentoria» [5]. A través del huracán, la historia del linchamiento de unos cowboys inocentes, resulta mucho más naturalista. Escrita por el propio Nicholson tras haber leído los diarios de viejos vaqueros en la Biblioteca de Los Angeles, la película, una búsqueda de ese verdadero Oeste, alcanza una realidad casi telúrica.

Ninguna de las dos llegaría a estrenarse comercialmente en su país, siendo en cambio distribuidas en Francia, donde le granjearían cierta reputación crítica. Cuatro años después, en 1971, por iniciativa de los productores Michael S. Laughlin y Ned Tanen, se encarga de Carretera asfaltada en dos direcciones, “la primera road movie moderna”, un film generacional sobre el desarraigo y el vagabundeo de una juventud extraviada y nihilista. La película significó su primer y único trabajo para una gran compañía (la Universal) y su mejor asociación con Warren Oates, su “actor-fetiche” junto a Nicholson. Él será también el protagonista de su siguiente film: Gallos de pelea (Cockfighter, 1974), según la novela homónima de Charles Willeford.

Ya desde su génesis Gallos de pelea fue un proyecto complejo: por una parte, Hellman exigió a Roger Corman (productor de la película) rescribir un guión que no le satisfacía, cosa que no pudo hacer, o no, al menos, por completo; por otra, las condiciones del rodaje, clandestino como las peleas de gallos que se muestran en el film, y la inexperiencia de parte del equipo técnico complicaron la producción. El resultado es una película que, conteniendo muchos de los temas y motivos personales de su autor, “no llegó jamás a ser aquello que quería hacer”.

Desde entonces, encargos y producciones en condiciones poco favorables: Clayton Drumm (China 9, Liberty 37; 1978), un western rodado en Almería con Oates, Fabio Testi y Sam Peckinpah en los papeles principales; y La iguana (Iguana, 1988), otra co-producción española, un film de aventuras que nostálgicamente trataba de recuperar un género ya desaparecido. También, trabajó en televisión y ejerció diversas labores en películas de otros: montador de Los aristócratas del crimen (The Killer Elite, 1975), de Sam Peckinpah; hombre para todo en El tren de los espías (Avalanche Express, 1979), tras la muerte de Mark Robson; director de segundo equipo en Uno Rojo: División de choque (The Red Big One, 1981), de Samuel Fuller, y de RoboCop (RoboCop, 1987), de Paul Verhoeven… Lo último que conocíamos de él es su episodio Stanley’s Girlfriend de Trapped Ashes (2006), film comunal de terror que reunía a veteranos realizadores como Ken Russell o Joe Dante.

Resultan intrigantes los motivos de la larga inactividad de Hellman, casi treinta años. Sobre todo, cuando “al contrario que su amigo Peckinpah, por ejemplo, (…) nunca ha tenido relaciones abiertamente conflictivas con la industria del cine”. Dos pueden ser los factores decisivos de cara a una explicación satisfactoria de la misma. Por un lado, podemos hablar, a pesar de su afirmación de que “necesito trabajar sobre temas que tienen que ver con mi propia cultura”[12], de un cierto desarraigo cultural. Como puede sucederle a un Woody Allen, por ejemplo, sus filmes parecen hechos más para un público y una sensibilidad europea que norteamericana.

Seguramente por ello resulta evidente que Hellman no ha tenido un tirón comercial comparable al de muchos de sus compañeros generacionales (Rafelson, Nichols, Mazursky, Perry, e, incluso, Ashby), algo reforzado además por la limitada distribución y exhibición de la mayoría de sus películas. Además, como ha señalado Claude Michel Cluny, una vez «instalado en lo marginal, Hellman ha marginalizado igualmente sus historias», lo que habría contribuido a retroalimentar lo anterior. Al contrario que muchos artistas que insuflan su obra de autobiografía, el vagabundeo y desarraigo de ésta, esa visión de la vida como una eterna road movie, parece haber contagiado a Hellman, haberle situado en los márgenes de una industria que le percibe (y trata) como a un outsider. “No tengo vocación de marginalización voluntaria”, repite él incansablemente. ¿Un misterio sin solución? Quien sabe. Lo indudable es que seres como él son siempre fieles a sí mismos. Seguramente Road to Nowhere (2010) nos lo demostrará una vez más.

UN MALDITO AMANECER...


UN MALDITO AMANECER... Django y Sartana, el último duelo
Título Original: Quel maledetto giorno d'inverno... Django e Sartana all'ultimo sangue
Año: 1970
Director: Demofilo Fidani
Guionista(s): Demofilo Fidani, Mila Vitelli Valenza
Música: Coriolano Gori

REPARTO
Hunt Powers, Fabio Testi, Dino Strano, Nuria Torray, Calogero Caruana

Sinopsis:

Un joven pistolero llega a Black City haciéndose pasar por el nuevo Sheriff con el objetivo de acabar con Bud Miller, un bandido que asesina a cualquiera que interfiera en sus planes. Al mismo tiempo otro misterioso forastero, vestido de negro, aparece en la ciudad siguiendo los pasos del recién llegado. Tras un enfrentamiento inicial deciden unir sus fuerzas en la tarea de eliminar al forajido que atemoriza a la región.

Demofilo Fidani más conocido como el “Ed Wood” del Spaghetti Western, por tener en común con el director americano algunas peculiaridades, como el no dar demasiada importancia a la historia en sus películas (Que más bien eran una serie de escenas enlazadas sobre la marcha), los habituales fallos de raccord o ser un maestro del corta y pega llegando a hacer un filme completo con escenas desechadas de sus anteriores rodajes.

Fidani se especializó fundamentalmente en películas del oeste de bajísimo presupuesto, oculto habitualmente tras seudónimos, siendo Miles Deem el más habitual y con el que firmó la cinta que nos ocupa. Un hábil experto en hacer exploitation de un género que de por sí puede considerarse como una exploitation del cine del oeste americano, siendo así no era raro que tomara personajes ya famosos como Django y Sartana sin ningún tipo de complejos, llegando a unirlos en varios filmes como “Arrivano Django e Sartana… è la fine” y en este “Quel maledetto giorno d’inverno… Django e Sartana all’ultimo sangue“ o a usarlos por separado, “Passa Sartana… è l’ombra della tua morte”.

También usó a personajes reales o de los ultimos éxitos de los westerns del momento, así en su “Giù la testa… hombre” unió a Butch Cassidy con Macho Callahan, cambiando el nombre por el de Macho Callaghan por aquello de no tener problemas con los derechos de autor, que tantos dolores de cabeza le proporcionaron a Leone, a la vez que casi calcó el titulo de una película de este.

Hay que decir que a pesar de sus defectos y excesos consiguió construir un estilo particular y definido, que hace que identifiquemos claramente sus películas, pues comprendió perfectamente las claves del Spaghetti Western y sus mecanismos más significativos, utilizándolos según sus posibilidades y recursos con bastante cara dura.

Entre sus actores predilectos que participaron en la mayoría de sus filmes, destacan Gordon Mitchell, su villano favorito, Hunt Powers (Su Django particular) y Jeff Cameron (El utilizar a los mismos interpretes le facilitaría el posterior corta y pega).

Centrados en “Django y Sartana, el último duelo” podemos encontrar la llegada del joven nuevo sheriff (Fabio Testi) a Black City una ciudad azotada constantemente por el viento, a la vez un enigmático pistolero (Hunt Powers) se detiene en una cruz del cementerio de la ciudad. Una vez instalado el sheriff es humillado en el bar y se da cuenta que el pueblo está brutalmente dominado por Bud Willer (Dino Strano) y su socio, el sádico bandido mexicano Paco Sánchez (Benito Pacífico) a partir de ahí tenemos una sucesión de escenas donde el argumento como digo es lo de menos, y donde la continuidad a veces brilla por su ausencia. Eso si tenemos todos los clichés, el robo al banco, las peleas, las cabalgadas, los duelos, todo ello con el habitual montaje desaliñado de Fidani alejado de cualquier lógica narrativa.

Como aspectos positivos tenemos una competente banda sonora compuesta por su habitual músico Coriolano Gori, que participó en multitud de westerns entre ellos “Las pistolas cantaron la muerte”, algunos duelos rodados originalmente, sobre todo el de la suplantación de personalidad, donde a causa del fuerte viento todos van embozados, alguna escena interesante y el ambiente surrealista que destila todo el film gracias al fantasmagórico pueblo, con la sempiterna ventisca levando polvo sobre los personajes.

Y por supuesto la “broma” final, a los personajes nunca se les llama por su nombre hasta la ultima escena en que nos enteramos que ¡uno es Django y el otro Sartana!

Si he de ser sincero, a pesar de la mala fama del director, este no es ni de lejos el peor Spaghetti Western que he podido ver. Dadle una oportunidad. No es una película buena, y muy probablemente no gustará a todo el mundo. Pero si no sois excesivamente exigentes, como aficionados al género podéis llegar a pasar un rato divertido o al menos decir que habéis sobrevivido a un encuentro con Demofilo Fidani.

FABIO TESTI

Fabio Testi nació el 2 de de agosto de 1941 en Verona (Italia).

Comenzó su carrera precisamente en el spaghetti, en el año 1967, trabajando a las ordenes de Demofilo Fidani en "Straniero... fatti il segno della croce!", aunque un año antes afirma haber estado como especialista (no-acreditado) en "El bueno, el Feo y el Malo". A partir de entonces comenzó a hacerse un nombre en su país como galán, en una carrera que aún sigue activa, y en la que va camino del centenar de películas. Hace unos años, participó en un programa de la televisión española (Gran Hermano Vip), que le valió para volver a recuperar su fama perdida en nuestro país.

Filmografía SW:

1967- Straniero... fatti il segno della croce!
1968- Hasta que llegó su hora/// Reseña Adicional
1968- Y ahora, reza por tu muerte (Ed ora... raccomanda l'anima a Dio!)
1968- Giurò... e li uccise ad uno ad uno
1970- Quel maledetto giorno d'inverno... Django e Sartana all'ultimo sangue
1970- El Zorro justiciero
1971- El sol bajo la tierra (Anda muchacho, spara!)
1974- Colmillo blanco al ataque (Giubbe rosse)
1974- Venganza Apache (Diechi bianchi da un piccolo indiano)
1975- Los cuatro del apocalipsis
1978- Los pistoleros (Amore, piombo e furore)

martes

LOS CUATRO DEL APOCALIPSIS


Los cuatro del Apocalipsis (I quattro dell'Apocalisse)
1975
Italia
Dirección Lucio Fulci
Reparto
Fabio Testi,Tomás Milián,Lynne Frederick,Michael J. Pollard, Harry Baird, Luis Marín, Donald O'Brien, Bruno Corazzari, Charles Borromel, Adolfo Lastretti, Lorenzo Robledo
Guión Ennio De Concini
Música Franco Bixio, Fabio Frizzi, Vince Tempera
Fotografía Sergio Salvati

Cuatro personas son expulsados de un pueblo y deciden ir juntos en un destartalado carro en busca de una vida mejor.
El grupo está formado por un tahúr (Fabio Testi), una prostituta (Lynne Frederick), un borracho (Michael J. Pollard) y un antiguo esclavo de color, que cree que puede comunicarse con los espiritus del más allá (Harry Baird).
Por desgracia, en medio del camino se toparan con Chaco (Tomás Millian), un sadico bandido mexicano, que los maltratará a todos.

Inusual spaghetti western: esta película es más una historia psicológica sobre un grupo de perdedores, casi sin las escenas habituales en el genero. Salvo la situación en la época en la que se desarrolla y los personajes, que son estereotipos del western, la historia se podría haber aplicado a cualquier otra época, y hubiera funcionado igual.

Pese a todo, el director eligió este genero. "Los Cuatros del Apocalipsis" no es una cinta apta para todos los estómagos. Y es que en su metraje vemos bastantes momentos que llegan a incordiar hasta al propio espectador, sobre todo desde que aparece en escena el brutal personaje de Chaco ( un soberbio Millian bordando otro personaje, como en él es habitual), un bandido que no durará en reírse, humillar y vejar a el grupo de perdedores que protagonizan la película.
Como si de una "road Movie" se tratara, los protagonistas tratan de llegar a su El Dorado idílico, aunque por desgracia, solo dos personajes acabaran llegando, y de los dos, solo uno es de los cuatro que comenzaron el viaje...
Obviamente, ese Dorado no es ninguna ciudad bañada en oro, sino un pequeño pueblo minero perdido en las montañas.