sábado

EL DEMONIO EN EL SHANTO


TUMBA CROOK, Y EN UNA CALLE, LOS DEMONIOS SE
ENFRENTAN CON EL SHANTO

Había un cielo brumoso, gris, de nubes bajas y un olor a tierra mojada, a
tormenta, como si de un momento a otro fuese a descargar sobre el pueblo.
Un cielo apagado, triste, que contemplaba cómo allá abajo, en la calle, un
famoso pistolero y un hombre de la ley se enfrentaban.
La voz de Doug Wayne sonaba en ese instante, mientras sus manos
tocaban las culatas y sus nervios se tensaban hasta el límite.
- Vete ya, Johnny. Voy a “sacar” el revólver.
Claro que no hacía falta que Doug lo hiciera, porque en el instante que el
mejicano se moviera, el sheriff y Queennan, que le apuntaban, no tendrían más
que apretar el gatillo para balearle. Pero aún así, el comisario tenía la rara
impresión de la derrota.
Una ráfaga de viento, cargada de olor a lluvia, le dio en el rostro. Igual
que al hombre alto, al hombre acabado, que tuvo que agarrarse a la puerta del
hotel para no caer.
La sombra de Harry Shanto, la parodia, la burda imitación de lo que
había sido, estaba allí enfermo y débil, pero sus ojos eran como antes, como
fuego, como luces de muerte brillando a impulsos de su furia. Harry Shanto era
violencia, era un vendaval al que, sin embargo, faltaba fuerza. La fiebre le ardía
en la frente, se sentía perdido pero había algo que le mantenía en pie, que le
daba vida, y era su loco deseo de venganza. Allí quieto, sin ser visto, esperó a
que Torres actuase.
Doug Wayne echó hacia adelante una pierna, tensando el brazo derecho
cuya mano se vería armada sin más que subirla un centímetro.
Pero antes de eso, ante la misma muerte que estaba enfrente, en forma
palpable, Johnny Torres, tan solo, sonrió.
Fue cuando un imperceptible rumor sonó a espaldas de Wayne, y la ronca
voz de Tino Golás sonó entonces, electrizando a los hombres de la ley.
- Abajo la artillería, compadres. O les juro que aquí acabaron sus
hazañas.
Clyde Queenan sintió el férreo cañón de un “Colt” Frontier clavado en su
espalda y sin volverse supo que detrás estaba Tino Golás dispuesto a darle al
gatillo. Y Phil Ramsey, en ese mismo instante, también sintió algo duro a su
espalda, y fue la reluciente hoja de un cuchillo con que Charly Gil le tenía sujeto.

Doug Wayne se había vuelto, y el color de su piel había cambiado de
repente. Se dio cuenta que sus camaradas estaban desarmados, y al enfrentarse
a Johnny Torres un frío glacial recorrió su cuerpo, dejándole casi sin fuerzas.
Johnny Torres era más astuto que la misma muerte, y ahora Phil Ramsey
se estaba preguntando qué iba a hacer el famoso bandido. Allí en la calle,
desarmados, dominados y vencidos sin un solo disparo, los hombres de la ley
eran inútil defensa de aquel pueblo a los hombres de Torres.
¿Alguien iba a salir? ¿Iba alguien a prestar su ayuda hacia el sheriff,
sabiéndole en la más difícil situación de toda su vida?
Ramsey supo que no, porque aquello solo podía significar la muerte de
quien lo intentase.
Por eso, por la seguridad que significaba, Johnny Torres abrió las palmas
de las manos, arqueó las piernas y miró a Wayne.
Iba a “sacar”.
Doug Wayne se había creído valiente hasta aquel mismo instante. Ahora
sintió miedo. Auténtico, tremendo, agarrotándole los músculos y privándole casi
de la respiración.
“¿Qué eres? ¿Un cobarde? Demuestra a la gente, a Torres, quién es el hijo
tonto de mamá Wayne”
En ese momento se oyó un trueno, luego un relámpago e inmediatamente
el viento se hizo vendaval. Se presagiaba tormenta, olía a lluvia, y Clyde
Queenan, a quien Golán encañonaba, vio a su compañero tan indefenso como
un niño.
“Allá voy” pensó Doug. “O muerto o famoso”.
Johnny Torres, tranquilo y preparado, estaba a pocos metros. Y Doug
Wayne, en el último momento, solo miraba sus manos.
Entonces un relámpago cegador iluminó el cielo, y un trueno terrible le
sucedió. Fue como un símbolo. Porque en ese mismo instante un hombre salió a
la calle, tambaleándose, con los ojos inyectados en sangre.
Era un hombre duro.
Era Harry Shanto.
Fue, en realidad, y a pesar de lo difícil de la empresa, lo único que en
aquel instante tuvo la virtud de desconcertar a Johnny Torres.
El más grande hombre de revólver de los viejos tiempos se echó a la calle,
bajo el cielo tormentoso, con las famosas manos a un palmo del “Colt”, con los
ojos encendidos mirando, taladrando, los del “Chico loco”.

Entonces Johnny Torres se olvidó de todo. De Wayne, del pueblo, del
motivo que le había llevado hasta Tumba Crook. El bandido invencible borró
todo de su mente, y puso su existencia al servicio del más salvaje deseo de
matar.
Le ardieron las manos, se le nubló el cerebro, le quemó la sangre, y se
puso en movimiento la más perfecta máquina de destrucción que se conociese.
Johnny Torres “sacó”.
Más rápido que nadie.
- ¡Torres! ¡Aquel es Johnny Torres, Steve!
Los caballos se lanzaron a un fantástico galope, irrumpiendo como una
exhalación en el pueblo. En un ínfimo tiempo, Steve Lawrence, “la primera
pistola de Tejas” se encontraba en Tumba Crook con su famoso revólver en la
izquierda.
La repentina aparición puso en desventaja a los mejicanos. Johnny
Torres, con los “Colts” en las manos, chilló:
- ¡¡Es una trampa!!
Echó a correr hacia el porchado, disparando en la carrera contra
Lawrence. El caballo de éste rodó por el suelo con la cabeza traspasada, y el
jinete cayó de bruces levantando una gran polvareda.
Charly Gil tuvo el justo tiempo de zafarse de Ramsey y “sacar” su
revólver, agazapándose, en el momento que Welch, a caballo, le baleaba.
Golás hizo otro tanto.
Pero el mejicano no apuntó a Lawrence, ni a Welch, sino a alguien mucho
más ávido para sus armas. Los ojos del mejicano parecieron brillar de regocijo
cuando se clavaron en la espalda de Shanto, y sus manos, rapidísimas, buscaron
los revólveres con auténtica ansiedad.
La voz de alarma llegó de arriba. De la ventana. Marge Collins,
horrorizada, gritó:
- ¡¡Harry!! ¡A tu espalda!
Fue en el mismo instante en que Tino Golás “sacaba” sus “Colts”. En el
mismo instante que Harry Shanto, el ex-pistolero, llevó la mano hacia el
revólver que causó sensación seis años atrás.
Había una cortina de balas, cuando el sheriff y sus hombres se pusieron
junto a Lawerence y Welch descargando sus armas contra los pistoleros. Pero
entre la cortina pareció abrirse un pasillo, una línea entre dos viejos enemigos
que pusieron toda su habilidad, toda su ciencia, al servicio de la muerte. Entre el
tiroteo reinante pareció surgir el duelo como si el destino quisiera que fuese así.

domingo

EL BUENO, EL FEO Y EL MALO


Título original
Il buono, il brutto, il cattivo
Año
1966
Duración
161 min.
País
Italia Italia
Director
Sergio Leone
Guion
Agenore Incrocci, Furio Scarpelli, Luciano Vincenzoni, Sergio Leone
Música
Ennio Morricone
Fotografía
Tonino Delli Colli
Reparto
Clint Eastwood, Lee Van Cleef, Eli Wallach, Aldo Giuffrè, Rada Rassimov, Mario Brega, Luigi Pistilli, Aldo Sambrell, Enzo Petito, Claudio Scarchilli, Al Mulock, John Bartha, Livio Lorenzon, Antonio Molino Rojo, Sandro Scarchilli, Chelo Alonso
Productora
Coproducción Italia-España-Alemania del Oeste; Produzioni Europee Associati (PEA) / Arturo González P.C. / Constantin Film Produktion

Dicen que en este mundo hay dos clases de personas: los que disfrutan con un buen western y los que no saben de cine. Dentro del western, la figura de Sergio Leone es imprescindible, a pesar de que su obra se etiquete como “spaguetti-western”. Tanto como John Ford, Howard Hawks, Anthony Mann o Sam Peckinpah. Su trilogía del dólar, también conocida como la del hombre sin nombre, por el personaje que Clint Eastwood, y ‘Hasta que llegó su Hora’ son cuatro de los títulos más importantes del género por excelencia del séptimo arte, dormido cómodamente en los dorados laureles, a pesar de exitosos títulos como ‘Sin Perdón’ (4 Oscars, entre ellos mejor película y director), del propio Eastwood, o recientemente el remake de ‘El Tren de las 3:10’, de James Mangold, que fue número uno en la taquilla de EE.UU.

‘El Bueno, el Feo y el Malo’ (‘Il buono, il brutto, il cattivo’, 1966) es la tercera parte de la mencionada trilogía (no argumental), tras ‘Por un Puñado de Dólares’ (‘Per un pugno di dollari’, 1964) y ‘La Muerte Tenía un Precio’ (‘Per qualche dollaro in più’, 1965), pero en valoración generalmente se la coloca la primera. En Imdb está considerada como la sexta mejor película de todos los tiempos, lo que sólo quiere decir que es un título tremendamente popular. Y eso a pesar de su extensa duración (excesiva a todas luces, pero es Leone) y de que el western parece ya algo del pasado, un tesoro enterrado que no interesa a las gentes modernas. Quizá un par de buenos remakes más hagan cambiar de idea a los vagos productores de Hollywood; como el propio Leone demostró, no se requiere una gran inversión para obtener un espectacular resultado.

El rubio (o el bueno) y Tuco (o el feo) son dos timadores que se aprovechan de las recompensas que en diferentes pueblos dan por la entrega de Tuco; el primero entrega al segundo, cobra el dinero y luego, a la hora de la ejecución, lo libera. El rubio decide romper la “sociedad”, pero Tuco no está de acuerdo y casi va a matar a su ex-compañero cuando, casualmente descubren la existencia de un gran tesoro escondido en un cementerio. De nuevo juntos, pues cada uno oyó una parte del lugar donde el botín está enterrado, tendrán que evitar a Sentencia (o el malo), quien también descubrió la existencia del dinero y hará lo que sea para encontrarlo.

Las dos horas y media de duración hacen de ‘El Bueno, el Feo y el Malo’ una auténtica gozada, de principio a fin, para todo aficionado al western. Eso sí, elige un asiento realmente cómodo y prepara un buen surtido de comida y bebida, porque si no puede pasarte como al rubio en el desierto. La estructura del guión hace que la película puede verse como un “greatest hits” de las mejores situaciones que un western puede ofrecer. Casi parece que estemos ante una serie de breves episodios, que comienzan y terminan, aunque con una misión de fondo que los une y que será la que se resuelva al final del todo, cuando los destinos de los tres protagonistas se crucen y sólo uno pueda llevarse el botín. Como suele ocurrir en este género, la trama es sencilla, sólo es una excusa para desarrollar una serie de conflictos protagonizados por pistoleros en un paisaje desértico, reflejo de esas vidas que pueden acabar en cuestión de un segundo.

Pero una pistola y un sombrero no hacen a un pistolero. No al menos a uno que contribuya a crear un buen western. La interpretación, la presencia y el carisma de los actores son tan importantes como la forma en que están escritos y la visión del director, que debe saber aprovechar todos los recursos que el género ofrece, creados, desarrollados y perfeccionados a lo largo de décadas de obras maestras del cine. Sergio Leone entendió las reglas y las hizo suyas, revitalizando el western a partir de un estilo propio, absolutamente reconocible. A su éxito contribuyó, y de qué manera, Ennio Morricone, el genial compositor que por fin recibió un Oscar como homenaje a todo su trabajo. Es imposible separar las imágenes de la música de Morricone, todo está integrado a la perfección gracias a la destreza de un director como Leone; la secuencia del duelo final debería ser estudiada en todas las escuelas de cine, un prodigio de montaje. No es lo único, desde luego, para muestra el comienzo de la película, donde Leone no tiene que recurrir a los diálogos durante muchos minutos; y queda perfecto.

El bueno, el feo y el malo son Clint Eastwood, Eli Wallach y Lee Van Cleef. Unos carismáticos personajes que se ajustan a los cánones pero que pueden moverse con total libertad, según lo requiera el momento; sólo el malo se mantiene más pegado a su condición, pero el bueno y el feo sólo buscan su propio beneficio, sólo quieren sobrevivir a costa de los demás (parece que no tengan otra salida). Así, aunque ‘El Bueno, el Feo y el Malo’ es, globalmente, una triste visión de la vida de unos hombres destinados a morir por un (gran) puñado de dólares o una guerra absurda (la de secesión, en este caso), salpicada por abundantes escenas de acción, Sergio Leone no deja de lado ni la comedia ni el drama de telenovela. La secuencia de Tuco y su hermano son, integradas en el puzzle, de las que engrandecen la película, aunque no deje de ser un pegote que, separado del resto, podría pertenecer a cualquier melodrama de sobremesa.
De los tres protagonistas, hay que destacar especialmente a “el feo”, interpretado por Wallach, que realiza un trabajo memorable. Él pone todo el humor de la película y aunque su personaje sea despreciable, uno no quiere nunca su desgracia, especialmente al final, en esa escena tan angustiosa que se hace eterna (y está perfecta así, porque es así como Leone nos mantiene con los ojos como platos, pendientes de la pantalla). Eastwood repite el personaje de las dos películas anteriores, un tranquilo, casi inexpresivo, cazarrecompensas de extraordinaria habilidad con el revólver; es el particular héroe de Leone, un héroe que, igual que todos los demás, sólo busca su propio beneficio, y si para ello tiene que dejar un río de sangre, pues así será. Van Cleef vuelve con Leone, pero esta vez para aprovechar su físico, idóneo para encarnar a un villano, el más “malo” de la historia, presentado maravillosamente en los primeros minutos del film, asesinando a sangre fría y llevándose todo el dinero que le ponen por delante.
Rodada en Almería y Burgos, con un presupuesto de poco más de un millón de dólares, ‘El Bueno, el Feo y el Malo’ se ha convertido en uno de los títulos más emblemáticos de la Historia del cine. Se trata de la película más popular de Sergio Leone, y sin duda es una de las obras maestras del western. Superior, por ambición, a las dos anteriores de la trilogía del dólar; afortunadamente no hay que quedarse con ninguna, sino disfrutar con todas. Con el problema del caballo de Eastwood en la primera, con la música del reloj en la segunda y con “il triello” en la tercera, por mencionar sólo algunos de los momentos más memorables de las tres obras de

Durante dos meses del caluroso verano de 1966, la Sierra de la Demanda se convirtió en parte de los Estados Unidos. Esta pacífica y temporal anexión fue obra de un curioso director de cine italiano, Sergio Leone, que encontró en la Peña de Villanueva y en el Valle del Arlanza los escenarios idóneos para rodar la tercer entrega de una serie de films, conocida en principio como ‘la trilogía de los dólares’. La película que Leone rodó en la Sierra de la Demanda fue ‘El Bueno, el Feo y el Malo’ y hoy figura en la historia del cine como obra antológica del denominado spaghetti western.
Heredero del cine japonés. El primer spaghetti western que realizó Sergio Leone fue ‘Por un puñado de dólares’ (1964). El largometraje no era sino una versión en clave western del film nipón ‘Yojimbo’ (Akira Kurosawa, 1961). (Curiosamente, fue un crítico japonés quien acuñó el celebérrimo término spaghetti western para definir este subgénero.) ‘Por un puñado de dólares’ y su secuela ‘La muerte tenía un precio, de 1965, fueron rodadas íntegras en el desierto de Almería. Recreando así los escenarios del Oeste americano, ambas películas se desarrollan en un tono grandilocuente y lento, con grandes silencios, mucho polvo, primerísimos planos y explosiones de violencia desaforada.

AL OESTE DE LA DEMANDA

Leone repite esta fórmula narrativa, de excelente resultado comercial, en la tercera entrega, ‘El Bueno, el Feo y el Malo’. Pero ahora dispone de más medios y decide buscar nuevos horizontes. Aunque la película entremezclará en el montaje final tomas rodadas en Andalucía, las formaciones rocosas de la zona suroeste de la Sierra de la Demanda y el río Arlanza cautivan de tal manera al cineasta romano que se convierten en escenario de las andanzas de El Rubio (Clint Eastwood), Tuco (Eli Wallach), y Sentencia (Lee Van Cleef).
Entre Salas y Covarrubias. Tanto el elenco artístico de la película como los numerosos técnicos se reparten por los establecimientos hosteleros de Salas de los Infantes y Covarrubias, causando el lógico revuelo entre vecinos y veraneantes. El rodaje avanza sin más contratiempo que algún que otro ligero encontronazo de Van Cleef con el brandy de Jerez. No obstante, quienes trataron al actor norteamericano –un rostro clásico en la galería de villanos cinematográficos, fallecido de cáncer en 1989–, recuerdan su naturaleza amable y educada. Clint Eastwood ya era por aquel entonces el más solicitado. Discreto y refractario a la vida de estrella de cine, el actor siempre ha mantenido una cómoda distancia entre su faceta pública y su universo privado.

UN FILM ANTOLÓGICO

Muchos extras necesitó Leone para su película, que fueron reclutados entre los mozos de la zona. Éstos, a cambio de una estimable gratificación, se enfundaron disciplinadamente el uniforme azul de los yanquis, o bien el gris de los sudistas, y mataron o murieron con entusiasmo a las órdenes del director italiano. El film narra las aventuras de tres pícaros en la Guerra de Secesión norteamericana, que tratan de localizar un tesoro escondido en la tumba de un curioso cementerio circular, de cuya existencia han tenido noticia por diferentes circunstancias.
Una de las razones fundamentales que obligan a considerar esta película como antológica en su género es la soberbia banda sonora que firma Ennio Morricone. Al archifamoso tema principal hay que sumar el inolvidable ‘Éxtasis del oro’, que acompaña la escena del duelo (triello, porque es entre tres personajes) en el cementerio de Sad Hill.
Secuencias rodadas en la zona. Llama la atención el pasaje de la Misión de San Antonio. Los exteriores de esta secuencia se rodaron en Almería, en tanto que las tomas interiores se obtienen en la zona este de las ruinas del Monasterio de San Pedro de Arlanza. En la mesa de montaje se fundirán ambas. La acción nos muestra la llegada de Tuco con El Rubio (malherido), a la misión de San Antonio tras su travesía por el desierto. Aquí se encontrará con su hermano, el Padre Ramírez.
Para rodar la escena que transcurre en el campamento-prisión nordista de Batterville se construyó un imponente fuerte de 14.000 metros cuadrados al oeste del pueblo de Carazo. En esta escena se necesitó el concurso de numerosos extras. Militares con guarnición en Burgos engrosaron el contingente de figurantes ‘locales’. Tuco y El Rubio (sudistas), son detenidos por los yanquis y trasladados a este campamento-prisión. Aquí se encuentran con Sentencia (Lee Van Cleef), quien tortura a Tuco para averiguar el nombre del cementerio donse se hallan los dólares.

BATALLA DEL PUENTE LANGSTON

Otro pasaje soberbio de la película es la batalla del puente de Langston. Se trata de una secuencia en la que Tuco y El Rubio llegan a un puente por cuyo control sudistas y yanquis libran una aparatosa batalla. Para librarse de unos y otros, los dos compinches colocan explosivos en la estructura y lo hacen saltar en pedazos. Sergio Leone no regateó esfuerzos para conseguir la toma y colocó las cámaras en la margen derecha del Arlanza (no muy lejos del Monasterio de San Pedro), donde también situó al ejército nordista. Hubo que construir una presa provisional para dar al Arlanza, que en esa época del año baja bastante escaso de nivel, un aspecto más caudaloso. Con todo –y todos– en su sitio, se procedió a la espectacular voladura del puente, pero hubo un ‘pequeño’ error: las cámaras no estaban grabando en el momento de la explosión. Más de un mes de trabajo literalmente volatilizado y a empezar de nuevo. Se construyó en tiempo récord un segundo puente y, esta vez sí, la toma salió perfecta.

DUELO EN SAD HILL

Y así llegamos a la escena cumbre, la lucha final de los tres protagonistas en el cementerio circular de Sad Hill. Tuco descubre el cementerio y corre en busca de la tumba de Arch Stanton, donde cree que están escondidos los dólares, pero el dinero no está en esa sepultura. Más tarde llegan al mismo lugar El Rubio y Sentencia. El Rubio escribe en una piedra el nombre de la tumba donde está el botín y la coloca en medio del círculo empedrado. Llega el momento culminante de la película...

Del puñado al millón de dólares. A los espectadores europeos les encantó la película, pero en América no pudo estrenarse hasta 1969 debido a un problema de derechos legales. Finalmente, la United Artist decidió distribuir la trilogía de Leone y el éxito de taquilla fue clamoroso. Esto generó una serie de secuelas de baja calidad que contribuyeron eficazmente a que los críticos ‘serios’ pusieran la etiqueta ‘Material de desecho’ en todas las cintas spaghetti western, trilogía de Leone incluida. Pero no tuvo que pasar mucho tiempo para que esos mismos críticos se apercibieran de que dentro del spaghetti western sólo hay dos categorías: el cine de Sergio Leone, que es bueno, y todo lo demás. Así que, con la misma celeridad, la obra del antiguo ayudante de Vittorio de Sica y de William Wyler pasó a ocupar el lugar que en justicia merece dentro de la historia del séptimo arte.
Sergio Leone murió en su casa de Roma a consecuencia de un infarto el 30 de abril de 1989, a la edad de 60 años.

lunes

SIN PERDON


Título original
Unforgiven
Año
1992
Duración
126 min.
País
Estados Unidos
Director
Clint Eastwood
Guion
David Webb Peoples
Música
Lennie Niehaus
Fotografía
Jack N. Green
Reparto
Clint Eastwood, Gene Hackman, Morgan Freeman, Richard Harris, Jaimz Woolvett, Saul Rubinek, Frances Fisher, Anna Thomson (AKA Anna Levine), Anthony James
Productora
Warner Bros. Pictures / Malpaso Company

A mediados de los años 70 un guionista poco conocido por aquel entonces, David Webb Peoples —años más tarde conocido por el guión de ‘Blade Runner’ (id, Ridley Scott, 1982)—, escribió el guión de ‘Sin perdón’ influenciado sobre todo por el visionado de una de las obras maestras de Martin Scorsese, ‘Taxi Driver’ (id, 1976) y por la lectura de la novela ‘The Shootist’, obra de Glendon Swarthout, que conocería una adaptación de la mano de Don Siegel protagonizada por John Wayne, ‘El último pistolero’ (‘The Shootist’, 1976). Hay que apuntar que dicho film guarda no pocos parecidos con el que nos ocupa, por cuanto también narra las últimas andanzas de un viejo pistolero que sólo busca acabar sus días con algo de dignidad. El primero en interesarse por el libreto fue Francis Ford Coppola, que pensó en Gene Hackman para interpretarlo, pero por una razón u otra fue retrasándolo hasta que expiró su opción de compra.

Eso ocurrió en 1983, tras el rodaje de ‘Impacto súbito’ (‘Sudden Impact’, Clint Eastwood, 1983), cuando el famoso actor, aconsejado por Sonia Chernus —guionista del mejor western de Eastwood, ‘El fuera de la ley’ (‘The Outlaw Josey Wales’, 1976)—, se fijó en el mismo y enseguida se dio cuenta de que era lo que siempre había estado buscando. Pero en lugar de ponerse rápidamente a filmarlo, hizo algo que muy pocos se atreven a hacer por voluntad propia: esperar durante casi diez años a tener la edad adecuada para interpretar a William Munny. De esta forma el proyecto maduró en la cabeza de Eastwood, e incluso dirigió otro western en el proceso de espera, ‘El jinete pálido’ (‘Pale Rider’, 1985).

La historia nos presenta a William Munny, un antiguo pistolero que ahora vive con sus dos hijos pequeños alejado de todo mal, aunque en condiciones precarias. La relación con su mujer Claudia, fallecida a la temprana edad de 29 años, hizo que Munny se apartase del mal camino que llevaba convirtiéndose en un hombre de bien. Pero la leyenda hace que alguien siempre esté interesado en rescatarla del olvido. Munny recibe la visita de un joven atrevido, Schofield Kid, que quiere pedirle ayuda para matar a dos hombres que rajaron la cara a una prostituta y no recibieron castigo por ello. La recompensa de 1.000 dólares que hay convence a Munny de volver a las andadas, aunque las cosas ya no son tan fáciles como entonces. Con Schofield y un antiguo socio, Ned Logan, partirán a implantar ¿justicia?
La desmitificación del western

Uno de los últimos rótulos de ‘Sin perdón’ es un conciso “dedicated to Sergio and Don”. Evidentemente se refiere a Sergio Leone, con quien hizo la mítica trilogía del dólar, y Don Siegel, con quien hizo cinco películas —si contamos la ópera prima de Eastwood, seis—, y de quien aprendió prácticamente todo lo que sabe de dirección. Estos dos autores navegan por las imágenes del film, pero menos de lo esperado. Nombres como John Ford —la contenida lírica del relato—, Sam Peckinpah —el héroe crepuscular condenado a un fatal destino—, John Huston —el perdedor—, o William A. Wellman —una vez más ‘Incidente en Ox-Bow’ (‘The Ox-Bow Incident’, 1943) se vislumbra en su obra— están más presentes que los dos antes mencionados, pero dichas influencias están asimiladas como debe ser. Insertadas inteligentemente en la historia no ahogan ni por un instante el estilo de Eastwood, fusión de clasicismo y modernidad que ningún otro director posee en la actualidad.

‘Sin perdón’ parece una continuación de los temas planteados por el propio Eastwood dentro del género del western, de Ford que en los años 60 nos ofreció su visión crepuscular del género con la imprescindible ‘El hombre que mató a Liberty Valance’ (‘The Man Who Shot Liberty Valance’, 1962), y de Peckinpah, que con su mirada violenta descompuso la épica de un mundo en extinción, el de los viejos pistoleros que deben adaptarse a los nuevos tiempos. William Munny, a quien Eastwood arrastra literalmente por el suelo infinidad de veces, o le hace caer de su caballo, bien podría ser una extensión de Josey Wales, con quien termina de emparejarlo tras el enfrentamiento final en el bar. El biógrafo le pregunta cómo eligió el orden para matar a los cinco hombres que se enfrentaban a él. La respuesta de Munny es una evolución lógica a la respuesta que da Wales en ‘El fuera de la ley’ en una situación parecida.

La figura del biógrafo remite directamente al citado film de John Ford, en el que la leyenda quedaba más bonita que la realidad. W.W. Beauchamp (Saul Rubinek) también busca la leyenda en la historias, por lo que éstas son recordadas, pero su periplo le llevará hasta el mismísimo centro de la realidad, comprobando que ésta es mucho más cruel y triste que todo lo ya no escrito, sino imaginado. Será testigo directo del último acto horrendo de William Munny, el asesino de mujeres y niños, cuya transformación en el relato sigue una lógica interna. Tras once años apartado del alcohol, el principal motivo de su pasado violento, las armas o los caballos —en el film monta una yegua—, volverá a ser el que era antaño cuando le comuniquen la muerte de su amigo Ned y coja una botella de whisky de la que se pondrá a beber.

‘Sin perdón’ tiene un estructura casi circular, adornada con la historia paralela de Bob el inglés —sensacional y divertido Richard Harris—, un pistolero que ha acudido al pueblo atraído por la recompensa. Su enfrentamiento con Little Bill Daggett, el sheriff del pueblo, no sólo es un anticipo de lo que le espera a Munny y sus amigos, sino que sirve para vestir el personaje de Daggett, uno de los antagonistas más fascinantes que haya dado el cine en los últimos años. Gene Hackman, que se llevó un merecido Oscar por su interpretación, logra crear un personaje con múltiples aristas que va más allá de ser el típico villano de la función. Daggett es un hombre con un peculiar sentido de la justicia, y puede resultar tan temible —la paliza delante de todo el pueblo a Bob el inglés— como encantador por torpe —la penosa construcción de su casa—. Un rival a la altura de la leyenda de William Munny.

También nos habla de Ned Logan, quizá el único personaje positivo en un relato donde los buenos no son tan buenos ni los malos tan malos. Morgan Freeman, en su primera colaboración con Eastwood, transmite esa humanidad típica en muchos de sus personajes. Un hombre que ayuda a su amigo, pero llegado el momento de la verdad no puede disparar contra un hombre porque realmente él ya se ha reformado, ha dejado atrás de verdad su pasado violento. Schofiled Kid —un convincente Jaimz Woolvett— refleja la juventud, el ímpetu, la fanfarronería, tal vez lo que Logan y Munny fueron en sus tiempos jóvenes. El chico ayudará a Munny hasta que descubre por sí mismo que matar a un hombre puede ser algo fácil de hacer, pero muy duro de asimilar.

Hasta el clímax final, Eastwood alterna paisajes abiertos con escenas de una oscuridad casi extrema, en la que apenas pueden verse los rostros de los personajes. Poco a poco, las tinieblas van ganando a la luz en una historia cuyo clímax parece desarrollarse en el mismísimo infierno, fotografiado por un Jack N. Green en plena forma. En la famosa escena del bar, Munny aparecerá cual figura fantasmal, para llevar a cabo su venganza personal y demostrará la eficacia de la historia que instantes antes Daggett ha contado al biógrafo: un hombre tranquilo es el más peligroso en un tiroteo. La fotografía es más tenebrista que nunca, y Munny, que sabe que se verá con Daggett en el infierno, desaparece en medio de la lluvia no sin antes lanzar una advertencia de muerte y destrucción.

‘Sin perdón’ está delimitada por dos planos al más puro estilo John Ford —como si, a modo de homenaje, todo lo narrado por Eastwood no sobrepasase al más grande director de westerns que ha habido—. Un texto nos indica el pasado de Munny, y cómo una mujer le cambió la vida. Dicha mujer se llamaba Claudia, y su madre, que viajará hasta el último lugar de descanso de su hija, jamás llegará a entender por qué su única hija se casó con un hombre tan violento. Nadie conoce la verdadera cara de William Munny, sólo Claudia —pocas veces un personaje que no aparece físicamente en una película tuvo tanta presencia en una historia—, y el espectador.
Conclusión y curiosidad

Una obra maestra ya no sólo del western, sino del cine en general. Un Eastwood introspectivo que hizo las delicias de los críticos europeos, mientras que en Estados Unidos tenía un gran éxito de público y se alzaba como la vencedora en los Oscars entregados en 1993, siendo el tercer western en toda la historia que conseguía el premio a la mejor película, tras ‘Cimarrón’ (id, Wesley Ruggles, 1931) y ‘Balando con lobos’ (‘Dances with Wolves’, Kevin Costner, 1990).

El bello tema a guitarra que puede oírse a lo largo del film, ‘Claudia´s Theme’, fue compuesto por el propio Clint Eastwood. Está interpretado por Laurindo Almeida, excelente músico brasileño que colaboró en film de William A. Wellman —‘Good-bye, my Lady’ (id, 1956)— o Sam Peckinpah —‘Compañeros mortales’ (‘The Deadly Companions’, 1961)—, y contiene arreglos de Lennie Nieahus.

martes

SHANE FRENTE A WILSON


El magnífico duelo final de "Raíces profundas". Shane (Alan Ladd)y Wilson (Jack Palance), dos pistoleros de turbio pasado, se enfrentan en una sombría cantina de un puebo perdido en el Oeste.

Título original Shane
Año 1953
Duración 118 min.
País Estados Unidos
Director George Stevens
Guión A.B. Guthrie Jr. (Historia: Jack Schaefer)
Música Victor Young
Fotografía Loyal Griggs

Reparto
Alan Ladd, Jean Arthur, Van Heflin, Brandon De Wilde, Jack Palance, Ben Johnson, Edgar Buchanan, Elisha Cook Jr., John Dierkes, Emile Meyer

Sinopsis
Estado de Wyoming, a finales del siglo XIX. Shane, un hastiado pistolero, llega a la granja de los Starretts, un matrimonio con un hijo que, al igual que los demás campesinos del valle, se encuentra en graves dificultades, pues el poderoso ganadero Rufus Ryker pretende apoderarse de sus tierras. Cuando Ryker se entera de que Shane es un hábil pistolero, le propone que trabaje para él. Ante su negativa, contrata a Jack Wilson, un peligroso asesino a sueldo.

Shane, conocida en castellano con distintos nombres, según las diferentes áreas de difusión (El desconocido, Raíces profundas1 o Shane el desconocido),2 es una película estadounidense de 1953, dirigida por George Stevens, protagonizada por Alan Ladd en el papel principal y basada en la novela del mismo título de Jack Schaefer. Fue galardonada con el premio Oscar 1954 a la mejor fotografía en color y nominada a otros cinco. También recibió el premio NBR 1953 al mejor director. En 1993, Shane fue incluida entre los filmes que preserva el National Film Registry (Registro Nacional de Filmes) de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, por ser considerada «cultural, histórica o estéticamente significativa».

Shane, un pistolero errante, llega a una granja donde vive el matrimonio Starrett y su hijo. Al principio el matrimonio lo recibe de manera amable, dejándole que tome agua de su pozo, pero cuando ven que se acercan otros hombres a caballo creen que Shane es una avanzadilla de un grupo agresor, así que el marido, Joe Starrett, le obliga a irse apuntándole con el rifle con el que su hijo jugaba unos momentos antes. Shane se marcha sin buscar pelea, pero al poco tiempo regresa y con su sola presencia intimida a los jinetes. El tema central de la película es el clásico en el género western: la pugna entre un terrateniente que cree tener derecho a adueñarse de toda la tierra y modestos granjeros que se instalan y aparcelan pequeñas porciones de terreno; uno y otros se baten en una guerra por el derecho a la tierra. Además de este tema está el amor platónico que surge entre la señora Starrett y el apuesto pistolero, y la adoración que el pequeño Joey, el hijo de los Starrett, siente por éste.

Tras una secuela de vivencias, la escena culminante de la película es un duelo que enfrenta al terrateniente Rufus Ryker, a su hermano Morgan y a un temible pistolero que han contratado, que responde al nombre de Wilson, contra Shane. Tras un formidable duelo, en el que el hermano emboscado hiere a Shane, que se mueve gracias a la advertencia del pequeño Joey, Shane sale victorioso y abandona el pueblo, herido sobre su caballo, dejando la duda en el espectador de si va malherido o muerto, mientras el pequeño Joey se despide de él.

Las mejores películas son aquéllas por las que los años no pasan, o más concretamente, aquëllas que, como el buen vino, mejoran con el tiempo, y este es el caso de “Raíces profundas”, una joia cinematográfica que se ha convertido ya en un film mítico que ha merecido el homenaje de Clint Eastwood en “El jinete pálido”.
Desde la primera secuencia – ese maravilloso plano largo que nos muestra todo el valle y a Shane, a caballo, atravesándolo – hasta el último plano del jinete adentrándose en la noche, cada minuto es una muestra de dominio del género más americano de todos los géneros fílmicos, al que, sin embargo, Stevens consigue insuflar una frescura y profundidad inusuales en otras cintas de la época.
Nunca, de hecho, fue más pacifista una película del oeste, y nunca se nos había mostrado con tal crudeza y sinceridad la figura del pistolero hundido por el peso de la violencia y la injusticia – aunque sí es posible discernir algo de esa culpabilidad en el personaje que encarna Rusell Crowe en la mucho más actual “Rápida y mortal”. Nunca, hasta “Raíces profundas”, se nos había mostrado el pistolero en toda su humanidad.

Es de destacar una excelente tarea de montaje que nos ha legado algunos de los planos más perfectos producidos en el Hollywood de los años cincuenta, con detalles tan simples y efectivos a la vez como la sugerente imagen del niño que muerde su golosina con un característico cric que sirve para dar una apariencia de cómic a los puñetazos, o los planos medios que muestran sucesivamente a los granjeros después del funeral, en un momento decisivo del film.
Igualmente, cabe hacer referencia al magnífico equipo actoral, del que tal vez se desmarque el muchacho, Brandon van Wilde, cuya interpretación resulta algo postiza y poco natural. En cualquier caso, no hay duda de que nos hallamos ante uno de los mejores westerns jamás rodados, al que sólo un metraje algo excesivo y cierta lentitud de ritmo en algunas escenas logra desmejorar un poco.

ALAN LADD

Alan Ladd (Alan Walbridge Ladd: Hot Springs, de Arkansas, 3 de septiembre de 1913 – Palm Springs, de California, 29 de enero de 1964) fue un actor estadounidense de cine negro, cine bélico y western. Se hizo célebre por su talante poco expresivo en escena y por su corta estatura (alrededor de 1,65 m.). En la mayor parte de las películas que protagonizó incorporó o bien al típico héroe norteamericano o a algún malvado no exento de principios. En ocasiones aparecía como "Allan Ladd" en los créditos.

Ladd nació en Hot Springs, Arkansas, hijo de inmigrantes ingleses. Al principio de su carrera hacía pequeños papeles en el cine, como el de periodista en Ciudadano Kane, de Orson Welles (1941). Al año siguiente adquirió gran notoriedad por su papel de asesino sensible en This Gun for Hire (en España, Contratado para matar o El cuervo, 1942), junto a Veronica Lake. Al ser dicha actriz también menuda, los estudios reunieron a la pareja en otras producciones muy populares, como The Glass Key, The Blue Dahlia y Saigon. Es de señalar que el destino de ambos actores sería trágico.

A Ladd le llegó el estrellato por su papel de pistolero también entrañable en el western clásico Shane (en España, Raíces profundas, 1953), con Jean Arthur y Van Heflin. Ladd fue elegido 3 veces en la lista Quigley 10 de estrellas del año (años 1947, 1953 y 1954). En 1954 protagonizó, junto a Peter Cushing, Patrick Troughton y otros veteranos actores británicos, la película El caballero negro (The Black Knight), también británica, donde representó, cosa rara en él, a un bravucón caballero medieval. Desgraciadamente este trabajo fue oscurecido por el gran éxito cosechado con Raíces profundas. Ladd trabajó también en la radio, señaladamente en la serie Box 13, que se presentó de 1948 a 1949 y fue producida por la propia compañía del actor, Mayfair Productions.

Alan Ladd estuvo casado con su agente, la ex actriz de cine mudo Sue Carol. La actriz Jordan Ladd es su nieta. Con su primera esposa, Midge Harrold, tuvo un hijo, Alan Ladd, Jr., quien se hizo ejecutivo y productor cinematográfico, y fundó la Ladd Company. Otro hijo del actor, David Ladd, se casó con la actriz protagonista de la serie Los Ángeles de Charlie, Cheryl Ladd. Alan Ladd murió en Palm Springs (California), de una sobredosis de alcohol y barbitúricos, en 1964, a los 50 años, en lo que se ha considerado un probable suicidio. Fue inhumado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery, de Glendale, California.

FILMOGRAFIA

The Carpetbaggers, como Nevada Smith – 1964 (último film)
13 West Street, como Walt Sherill – 1962
Orazi e curiazi, Horatius – 1961
One Foot in Hell, Mitch – 1960
All the Young Men, Kincaid – 1960
Guns of the Timberland, Jim Hadley – 1960
The Man in the Net, John Hamilton -1959
The Badlanders, Peter Van Hoek – 1958
El rebelde orgulloso, The Proud Rebel, John Chandler – 1958
The Deep Six, Alec Austen – 1958
Boy on a Dolphin, Dr. James Calder – 1957
The Big Land, Chad Morgan – 1957
A Cry in the Night- 1956
Santiago (film), Cash Adams – 1956
The McConnell Story, Capt. Joseph C. McConnell, Jr. – 1955
Hell on Frisco Bay, Steve Rollins – 1955
Drum Beat, Johnny MacKay – 1954
The Black Knight, John – 1954
Saskatchewan, O’Rourke – 1954
Hell Below Zero, Duncan Craig – 1954
The Red Beret – 1953
Shane, Raíces profundas / Shane, el desconocido – 1953
Desert Legion, Paul Lartal – 1953
Botany Bay, Hugh Tallant – 1953
Thunder in the East, Steve Gibbs – 1952
The Iron Mistress, Jim Bowie – 1952
Red Mountain, Capt. Brett Sherwood – 1951
Appointment with Danger, Al Goddard – 1951
Branded, Choya – 1950
Captain Carey, U.S.A., Webster Carey – 1950
Chicago Deadline, Ed Adams – 1949
The Great Gatsby, Jay Gatsby – 1949
Eyes of Hollywood – 1949
Whispering Smith, Luke Smith – 1948
Beyond Glory, Capt. Rockwell Gilman – 1948
Saigon (film), Maj. Larry Briggs – 1948
Wild Harvest, Joe Madigan – 1947
Calcutta, Neale Gordon – 1947
My Favorite Brunette, Sam McCloud – 1947
O.S.S., Philip Masson/John Martin – 1946
The Blue Dahlia, Johnny Morrison – 1946
Two Years Before the Mast, Charles Stewart – 1946
Salty O'Rourke, Salty O’Rourke – 1945
And Now Tomorrow, Doctor Merek Vance – 1944
China, Mr. Jones – 1943
Letter from a Friend – 1943
Lucky Jordan, Lucky Jordan – 1942
The Glass Key, Ed Beaumont – 1942
This Gun for Hire, Philip Raven – 1942
Joan of Paris, Baby – 1942
Military Training – 1941
Cadet Girl – 1941
Great Guns – 1941
They Met in Bombay – 1941
The Reluctant Dragon – 1941
Paper Bullets – 1941




lunes

SOLO ANTE EL PELIGRO


Título original
High Noon
Año
1952
Duración
80 min.
País
Estados Unidos Estados Unidos
Director
Fred Zinnemann
Guion
Carl Foreman
Música
Dimitri Tiomkin
Fotografía
Floyd Crosby (B&W)
Reparto
Gary Cooper, Grace Kelly, Thomas Mitchell, Lloyd Bridges, Katy Jurado, Lee Van Cleef, Otto Kruger, Lon Chaney Jr., Henry Morgan, Ian MacDonald
Productora
Stanley Kramer Productions

Dirigida por Fred Zinnemann, Sólo ante el peligro nos describe una situación narrada en tiempo real que nos va contagiando de la agonía del protagonista; planteándose hasta su clímax más que como un western como un film de suspense, en un puro estilo hitchcockiano.

Y es que Zinnemann se nos muestra como un maestro en el arte de manejar el tiempo en la narración. La precisión narrativa consigue que nos quedemos inmóviles ante un escenario marcado por el miedo y la muerte, que marca con agudeza la soledad de su personaje central, y que los permanentes planos del reloj nos incremente el sudor que compartimos junto al protagonista. En efecto, la sensación claustrofóbica, asfixiante y agónica que se desprende de ese marco silencioso, polvoriento y desolado, culmina con una desgarrada lucha interior entre el cumplimiento del deber y el instinto de conservación.

El protagonista se debate en un conflicto moral que Gary Cooper sabe demostrar con simples gestos (miradas dudosas, limpiándose el sudor provocado por el calor asfixiante,...). Los espectadores asistimos, con enorme tensión, a cada conversación, a cada intento de reclutar ayuda, mientras las manecillas del reloj nos van mostrando constantemente el tiempo restante hasta que el aciago tren llegue.

El kantiano sentido del deber, el tratar de imponer la ley y el orden en una comunidad de pusilánimes, en una comunidad paralizada por el miedo que ha perdido su sentido moral y capacidad de acción, muestra la tarea del héroe: afrontar con convicción y con valor las situaciones morales críticas.

Veintinueve años más tarde, Peter Hyams escribió y dirigió un remake en clave espacial de esta gran película, y el resultado fue una de las mejores películas de ciencia-ficción estrenadas en la década de los 80: Atmósfera cero.

SINOPSIS

El Sheriff Will Kane acaba de contraer matrimonio con Amy y prepara su marcha de Hadleyville, donde ha defendido la ley y el orden durante varios años. En ese momento recibe la noticia de que tres pistoleros esperan en la estación de tren de Frank Miller, un forajido que Kane ayudó a capturar hace años.

La ley ya no le obliga a intervenir, pero su sustituto aún no ha llegado y su conciencia le impulsa a hacerles frente. Consciente de la peligrosa amenaza que se presenta ante él, busca aliados en el pueblo, pero nadie acudirá en su ayuda. Hasta su mujer, que intenta persuadirle para que huya, terminará por abandonarle. El tiempo apremia y las posible soluciones se desvanecen. A la hora de la verdad, se encontrará completamente solo ante el peligro.

A través de esta película puede tratarse el tema de los distintos comportamien­tos morales, utilizando el planteamiento kantiano sobre el imperativo categórico y su distinción entre éticas materiales y formales. Otros conceptos que se pueden trabajar al hilo de la película son los de buena voluntad, deber y autonomía de la voluntad.