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viernes

UN HOMBRE LLAMADO NOON


Un hombre llamado Noon
1973
España/ Italia/ Reino Unido
Director: Peter Collinson
Guión: Louis L'Amour, Scott Finch, Antonio Recoder
Fotografía: John Cabrera
Música: Luis Bacalov

Reparto:
Richard Crenna, Stephen Boyd, Rosanna Schiaffino, Farley Granger, Patty Shepard, Ángel del Pozo, Howard Ross, Aldo Sambrell, José Jaspe, Charlie Bravo, Ricardo Palacios, Fernando Hilbeck, José Canalejas, Julián Ugarte, Adolfo Thous, Barta Barri, Cesar Burner, Bruce M. Fischer, Manuel de Blas

Un individuo es tiroteado y herido en la cabeza. Como consecuencia de ello pierde la memoria, por lo que a partir de ese momento, y ayudado por un simpático bandido, intentará descubrir quién es y por qué le quisieron matar. A medida que avancen sus investigaciones irán aumentando sus sospechas de que en realidad es un temible pistolero llamado Noon.

Curiosa y, para mí, fallida coproducción entre España, Italia y Reino Unido dirigida en 1973 por el prematuramente desaparecido Peter Collinson (realizador británico en cuyo haber se encuentran películas tan conocidas como “Un trabajo en Italia” objeto de un remake protagonizado por Mark Whalberg en 2003 y una versión de “Diez negritos” plagada de estrellas internacionales como Orson Welles y Oliver Reed) y, de nuevo, basada en una obra de Louis L’Amour (prolífico autor de novelas del oeste que ha sido llevado a la gran pantalla con cierta asiduidad: “Hondo”, “Colinas ardientes”, “Kid Rodelo”, “Shalako”, “Catlow”).

La película cuenta con algunos aspectos novedosos que son de agradecer máxime si se tiene en cuenta que en su fecha de realización el spaghetti estaba dando sus últimas bocanadas. Así nos encontramos con una historia más propia del cine de suspense, que nos presenta a un individuo en busca de su identidad, que del western; por lo que al contrario de la mayoría de los spaghettis se va a dar mayor importancia al desarrollo de la trama que a la acción en sí. De hecho, aparte del enfrentamiento final, sólo hay un tiroteo a lo largo del film (el que tiene lugar en la fortaleza en donde se rodó “Una razón para vivir y otra para morir”).

La atmósfera también más propia del thriller o, incluso, del cine de terror que se despide de varias escenas, como el interesante inicio del film mientras vemos los títulos de crédito o la aparición de Patty Shepard que parece un ser de ultratumba, y la proliferación de escenas nocturnas que acentúan la sensación de peligro, aunque se nota que fueron rodadas a pleno día con utilización de filtros de color azul, recurso que personalmente no me gusta.
Además en su haber creo que cuenta con una buena y variada banda sonora de Luis Bacalov en la que destacan un tema melódico deudor de Ennio Morricone, otro más épico que recuerda a ciertos trabajos del gran Elmer Bernstein y otros que sirven para acentuar esa atmósfera de misterio, y con abundantes localizaciones gracias a un presupuesto más holgado (curiosamente los eurowesterns británicos que he visto como los nombrados “Shalako” y “Catlow”, también producidas por Euan Lloyd, o “Caza implacable” y “Hannie Caulder”, se caracterizan por este hecho) lo que le permite al director rodar en variados exteriores. Pero la película falla en lo principal: el guión, la dirección y el actor principal.

En primer lugar el guión obra de Scott Finch (un especialista en adaptar novelas de L’Amour) es bastante retorcido y a medida que se desarrolla la historia se embarulla cada vez más con distintos giros y sorpresas como el de la verdadera personalidad del pistolero amnésico o el botín de 250.000 escondido en el rancho. Además creo que cuenta con ciertas incoherencias pero no podría afirmarlo porque en algún momento de la película me llegué a perder. Y a todo ello hay que añadir un torpe desarrollo de la trama con abundantes tiempos muertos o la existencia de ciertas situaciones ridículas o tópicas como por ejemplo la forma en que recobra el protagonista la memoria.

En cuanto a la dirección de Collinson cabe señalar que formalmente es correcta, incluso se aprecia una cierta preocupación por el encuadre y la composición de las escenas, y se aleja de los caminos más trillados del spaghetti (creo que no hay ningún zoom y tampoco aparecen los típicos planos cortos alargados hasta la extenuación) pero no consigue dotar al film, salvo en escenas puntuales, de la tensión requerida, por lo que éste termina siendo, por lo menos para mí, bastante aburrido; además de apreciarse en el tiroteo final, rodado de forma vulgar, que este género no era lo suyo. Por lo que respecta a Richard Crenna, actor que en su tercera incursión en este subgénero da vida a Noon, muestra que era un profesional demasiado limitado para dar vida a personajes tan complejos como éste, siendo incapaz de transmitir los sentimientos de Noon a medida que va descubriendo la verdad.

Respecto al resto del reparto, de carácter internacional, nos encontramos con el irlandés Stephen Boyd (nominado al Oscar por su papel de Messala en Ben-Hur) que es de lo mejor de la película en su rol de Rimes, el bandido que ayudará a Noon aunque no sabremos las razones (el mismo le dice que le ayuda porque “Soy bueno por naturaleza”); con la italiana Rosanna Schiaffino, bastante convincente como Fan Davidge dueña del rancho Rafter D. que se ha convertido en el refugio de los bandidos (aquí el paralelismo con “Encubridora” es evidente, aunque en el magnífico western de Lang Marlene Dietrich era la líder, mientras que aquí Fan está presa en su propio rancho); la española Patty Shepard, un tanto excesiva, en el papel de la enloquecida, violenta y ambiciosa Peg que me recordó al papel de Mercedes McCambridge en “Johnny Guitar” (incluso hay un enfrentamiento al final entre ambas mujeres aunque con peores resultados que en el film de Nicholas Ray) y al norteamericano Farley Granger (actor que llegó a rodar bajo la dirección de Hitchcock o del citado Ray) que, en plena decadencia artística, da vida a un patético, ridículo y ambicioso juez. Junto a ellos, en papeles escasamente relevantes, algunos habituales como Aldo Sambrell, José Canalejas o Ricardo Palacios.

RICHARD CRENNA

Actor, director televisivo y ocasional productor estadounidense (1926 California-2003 California) cuyo verdadero nombre era Richard Donald Crenna y que también utilizó los nombres de Dick Crenna (para sus trabajos como director televisivo) y Richard McKenna. Nacido en una familia humilde de origen italiano con tan sólo once años comenzará a participar en programas para la radio y en 1951 debuta en el cine con la película “Let’s dance” típico musical protagonizado por Fred Astaire. La década de los cincuenta y los primeros años de la de los sesenta vendrán marcados por su participación en dos series televisivas de gran éxito: “Our Miss Brooks” en la que durante 90 episodios interpretará a Walter Denton personaje del que no podrá escapar totalmente (durante los años ochenta y noventa imitó en varias entrevistas de radio la peculiar voz del personaje y en el largometraje de 1993 “Hot shots 2” interpretó al coronel Walter Denton) y la mítica “The real McCoys” historia de una peculiar familia que se mudaba de Virginia a California, en la que encarnó, durante 163 episodios y de 1957 a 1963, a Luke el nieto mayor del patriarca Amos, magistralmente interpretado por Walter Brennan.

Durante la segunda mitad de los sesenta participa en largometrajes de gran éxito como “El Yang-Tsé en llamas” drama bélico ambientado en la convulsa China de 1925 dirigida por Robert Wise y protagonizada por Steve McQueen y Candice Bergen, “Sola en la oscuridad” estupendo thriller de Terence Young con Audrey Hepburn, “Star” biografía de la actriz Gertrude Lawrence dirigida por Robert Wise y protagonizada por Julie Andrews o “Atrapados en el espacio” superproducción de ciencia ficción realizada por John Sturges que contó con un gran elenco encabezado por Gregory Peck, Gene Hackman y David Janssen. Se incorporó tardíamente al spaghetti western con la coproducción italo-israelí-estadounidense dirigida en 1971 por Burt Kennedy “La Quebrada del Diablo”, para protagonizar otros dos eurowestern entre 1971 y 1973.

Durante esta década sigue trabajando a buen ritmo alternando papeles para la gran pantalla con sus numerosas apariciones en series de televisión como “Centennial”, clásica epopeya que adaptaba una novela río de James Michener sobre la conquista del oeste o “Double indemnity”, remake para la pequeña pantalla de la soberbia “Perdición”, en la que encarnaba al personaje que en su día dio vida Fred McMurray. En la década de los ochenta participará en el gran thriller con aroma a cine negro clásico de Lawrence Kasdan “Fuego en el cuerpo” que lanzó al estrellato a Katleen Turner y William Hurt y encarnará a dos de sus personajes más populares: el coronel Samuel Trautman en la infravalorada “Acorralado” junto a Silvester Stallone, personaje que volverá a interpretar en las inferiores “Rambo” y “Rambo III”; y el detective Frank Janek con el que protagonizará siete películas para televisión entre 1985 y 1994.

Durante la década de los noventa, y hasta el año de su fallecimiento a causa de un cáncer de páncreas, continúa trabajando centrando su carrera en la pequeña pantalla aunque también aparece en largometrajes como “Jade” (1991) película de suspense dirigida por William Friedkin y con guión Joe Esterzhas (guionista muy popular en esa década gracias a “Instinto básico”) o “Sabrina y sus amores” (1995) remake de la comedia de Billy Wilder realizado por Sidney Pollack, siendo su última aparición en la película para la televisión “Out of the ashes”. En total participó en más de ciento diez películas como actor y doce como director, y cuenta con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood.

Filmografía SW:

1971- La Quebrada del Diablo
1971- Catlow (El oro de nadie)
1973- Un hombre llamado Noon

martes

UN LUGAR LLAMADO GLORY


Un lugar llamado Glory (Die Hölle von Manitoba)
1965
España/Alemania
Director: Sheldon Reynolds
Guión: Jerold Hayden Boyd, Edward Di Lorenzo, Fernando Lamas
Fotografía: Federico G. Larraya
Música: Ángel Arteaga

Reparto:
Lex Barker , Pierre Brice, Marianne Koch, Gèrard Tichi, Ángel del Pozo , Aldo Sambrell , Antonio Molino Rojo, Víctor Israel , Wolfgang Lukschy, Hans Nielsen, Alfonso Rojas , Jorge Rigaud , Carlos Casaravilla, Santiago Ontañón, Alberto Dalbes, Miguel Angel Gil, Luis Barboo, Roberto Martín, Ángel Menendez, Gaspar Gonzalez

Coproducción hispano-alemana de 1965 dirigida por Sheldon Reynolds (director, guionista y productor estadounidense que desarrollo su carrera básicamente en el medio televisivo) en la que demuestra su apego y conocimiento de los westerns clásicos y ha supuesto una agradable sorpresa para mí.

Nos encontramos ante una propuesta muy alejada de la exitosa “Por un puñado de dólares” al tomar como modelo a los westerns norteamericanos, hecho al que no fue ajeno el estar involucrada en el proyecto la Central Cinema Company, productora alemana creada en 1946 por Artur Brauner que en los años sesenta intentó recuperar para Europa a algunos de los talentos que emigraron a Estados Unidos como Fritz Lang con su excepcional díptico situado en la India (“El tigre de Esnapur” y “La tumba india” ambas con Debra Paget de protagonista), William Dieterle o Robert Siodmack el cual dirigió un par de westerns basados en novelas del escritor alemán Karl May también protagonizadas por Lex Barker; además de participar en grandes producciones, al estilo de las realizadas por Samuel Bronston en España, como la saga de los Nibelungos dirigida por Harald Reinl o el film “La invasión de los bárbaros” que, filmada por Siodmack, contó con un gran elenco, y de recuperar una figura clave en el cine fantástico alemán, el Doctor Mabuse.

En esta ocasión trató de explotar el éxito que en Europa y sobre todo en Alemania, donde se había convertido en un gran fenómeno, estaban teniendo la serie de películas basadas en los personajes de Old Shatterhand y Winnetou creados por el mencionado novelista alemán (en concreto se habían estrenado cinco de ellas y la propia CCC había participado en la que constituyó el proyecto más ambicioso, “La última batalla de los apaches” dirigida por el argentino afincado en los EEUU Hugo Fregonese); para lo que contó con sus dos intérpretes principales, auténticos ídolos a mediados de la década de los sesenta, el norteamericano Lex Barker y el francés Pierre Brice y planteó, desde el punto de vista cinematográfico, un western continuista de los protagonizados por ambos.

El film cuenta con dos tramas diferenciadas:

-La primera y más interesante nos muestra a un pueblo, Glory, que todos los años el 4 de octubre, para celebrar el día de su fundación, organiza un duelo a muerte entre dos pistoleros, así se banaliza a la muerte al aparecer ésta, en una gran escena final, como un mero espectáculo en el que tan sólo importa el éxito del mismo (tema tristemente de actualidad con la política de producción de muchas cadenas televisivas en las que se mercadea con las miserias humanas de índole privado de los personajes entrevistados y a las que prácticamente sólo les queda vender la muerte de éstos). Esta interesantísima idea (el tratamiento de la muerte como espectáculo sin ningún tipo de connotación moral), que en principio podría parecer desorbitada, sería retomada por otros dos westerns norteamericanos: la dramática “El gran duelo” dirigida en 1971 por Lamont Johnson y la más desenfadada “Rápida y mortal” que dirigió en 1995 Sam Raimi.


-La segunda apunta a un tema clásico tratado profusamente por el western estadounidense, el enfrentamiento entre colonos (como símbolo de las alambradas y de las cercas) y ganaderos (representantes de los grandes espacios abiertos) en el que se verán involucrados los dos protagonistas durante su estancia en Powder City.

Lo primero que me llamó la atención de la película es su empaque formal con una cuidadísima dirección en la que abundan elegantes movimientos de cámara y bellos encuadres, un acertado montaje, una magnífica fotografía (los escenarios naturales están bellamente retratados, sobre todo los correspondientes a dos escenas que se desarrollan en torno a un río) de Federico Larraya que ya había dado muestras de su buen hacer, junto a Massimo Dallamano, en “Por un puñado de dólares”; así como la gran labor de ambientación para la que se aprovechó el estudio que los hermanos Balcázar tenían en Esplugues de Llobregat y a la que también contribuyó un presupuesto que se antoja superior a la media. Y a ello hay que añadir una adecuada y estupenda banda sonora compuesta por Ángel Arteaga que cuenta con un gran y pegadizo tema principal también de sonoridad clásica.

Como aspectos menos afortunados creo que nos encontramos con el ritmo de la película, así durante parte del desarrollo de la historia en Powder City el western se me hizo un poco lento sobre todo por un guión, en el que intervino el otrora galán Fernando Lamas, que alarga en demasía las situaciones (buena parte del metraje consiste en los repetidos conatos de enfrentamiento entre los hombres de Jack Villaine y los dos protagonistas). Por otra parte el director creo que no consigue dar con el tono adecuado respecto a la tensión creciente entre ambos bandos.


Por lo que respecta a los actores, los astutos productores jugaron con la sorpresa del posible enfrentamiento en un duelo entre los dos protagonistas, Lex Barker y Pierre Brice, que hasta el momento habían aparecido en cuatro películas de la mencionada saga basada en novelas de Karl May como inseparables y leales amigos y hermanos de sangre. Pero mientras el apolíneo Barker se muestra bastante cómodo en el papel de Clint, un pistolero que se gana la vida aceptando duelos y se caracteriza por no llevar sombrero; Brice, un actor con cierto parecido físico con Rock Hudson, no me gustó como el pistolero de origen francés Reese, aliado de Clint en Powder City pero posible rival en Glory, al haber acabado con el pistolero contratado para enfrentarse a Clint. Junto a ellos una más que correcta Marianne Koch (actriz habitual por esos años en los westerns coproducidos por Alemania: “Por un puñado de dólares”, “Tierra de fuego”, “Clint el Solitario”) da vida a Jade, antiguo amor de Clint e hija de Seth un buen hombre que al dejar asentarse a los colonos en sus tierras y, como corresponde a su nombre, protegerlos (el dios Seth en la mitología egipcia era el protector de las caravanas) provoca la ira de Jack; el también alemán Gerard Tichy está estupendo como el malvado y traicionero Jack Villaine, mientras que George Rigaud se muestra convincente como el bondadoso Seth, un antiguo pistolero que ha abandonado las armas. Además aparecen rostros muy conocidos dentro del subgénero como Aldo Sambrell y Antonio Molino Rojo que dan vida a dos de los secuaces de Jack, Ángel del Pozo en el papel de un colono, Víctor Israel en el rol del recepcionista del hotel o Luis Barboo como un espectador-pistolero de Glory.

Por último comentaros que la película obtuvo un gran éxito y gracias a que contó con la distribución de la Embassy Pictures Corporation de Joseph E. Levine fue uno de los primeros euro westerns estrenados en los EEUU, intentando la CCC repetir el éxito al año siguiente con la, para mí, inferior “La balada de Johnny Ringo” en la que volvió a reunir como amantes a Lex Barker y Marianne Koch.

En resumen, un interesante euro western, cercano tanto en uno de sus temas como en el diseño de producción al western clásico, que cuenta con una factura técnica impecable a la altura de las producciones de tipo medio realizadas en los EEUU.

LEX BARKER

Actor estadounidense (Nueva York 1919-Nueva York 1973) cuyo verdadero nombre era Alexander Crichlow Barker Jr.
Procedía de una familia aristocrática (uno de sus ascendientes fundó Rhode Island y otro fue gobernador de Barbados) que le desheredó por dejar sus estudios y dedicarse a la interpretación teatral.

Tras participar en la Segunda Guerra Mundial en la que alcanzó el grado de Mayor y fue herido en la campaña de Sicilia, comienza a trabajar en el cine siendo sus intervenciones más destacados en la década de los cuarenta en “Encrucijada de odios” (1947) gran film noir con una fuerte carga antirracista de Edward Dmytrick que tuvo como protagonistas a Robert Mitchum y Robert Ryan, ”Los inconquistables” (1947) gran western de Cecil B. de Mille con Gary Cooper y Paulette Godard y ”El retorno de los malvados” (1948) otro western con Randolph Scott como protagonista.

Su gran oportunidad le llegó en 1949 cuando Sol Lesser le contrató gracias a su imponente físico (medía más de un metro y noventa centímetros) para sustituir a un avejentado Johnny Weissmuller en el personaje, creado por el escritor Edgar Rice Borrougs, de Tarzán. Lex interpretaría en cinco ocasiones al rey de los monos lo que le otorgaría una gran popularidad, por lo que en la década de los cincuenta protagonizaría un buen número de películas de temática variada de bajo presupuesto (básicamente de aventuras y westerns) como el western del húngaro afincado en los EEUU André de Toth “La última patrulla” (1953) que le volvió a emparejar con Randolph Scott, “Zafarrancho de combate” (1956) film bélico con Jeff Chandler o “Tambores de guerra” western de 1957.

Cansado de participar en producciones de serie b y gracias a su conocimiento de varios idiomas (hablaba inglés, francés, español y alemán) decide regresar a Europa (en 1954 había participado en dos películas de aventuras italianas) donde tras protagonizar varias películas de época en Italia, intervenir en “La dolce vita” (1960) de Federico Fellini en la que interpretó el papel de novio de Anita Ekberg y ser dirigido dos veces por Harald Reinl en películas basadas en el personaje del doctor Mabuse, vivirá una segunda época dorada al dar vida al personaje, creado por el escritor alemán Karl May, de Old Shatterhand al que interpretó en siete ocasiones desde 1962 a 1968, personaje que tenía como fiel amigo al apache Winnetou (al que dio vida el modelo francés Pierre Brice). Por la serie, que tuvo un grandísimo éxito, aparecieron actores tan característicos del spaghetti como Terence Hill, Klaus Kinski, Guy Madison o Walter Barnes y en ella fue ocasionalmente sustituido por Stewart Granger (en tres películas) y Rod Cameron (en una).

Lex siguió trabajando a buen ritmo sobre todo en Europa (de sus más de ochenta películas para la gran pantalla y para la televisión, alrededor de cuarenta fueron rodadas en el viejo continente) hasta el momento de su repentino fallecimiento por un ataque al corazón.
Como anécdota contaros que su última esposa (estuvo casado en cinco ocasiones) fue Carmen Cervera, actual baronesa Von Thyssen.

Filmografía en Eurowestern:


1962.- El tesoro del Lago de Plata.
1963.- Furia apache.
1964.- La última batalla de los apaches.
1964.- Carabina de plata.
1965.- Winnetou-3. Teil.
1965.- Un lugar llamado Glory.
1965.- Der Schatz der Azteken.
1965.- Die Pyramide des Sonnengottes.
1966.- La balada de Johnny Ringo.
1966.- El día más largo de Kansas City.
1968.- El valle de los héroes.

lunes

LA LEY DEL COLT


Título original: La ley del Colt / La Colt è mia legge
Año: 1965 (España, Italia)
Director: Alfonso Brescia
Guionistas: Franco Cobianchi [acreditado como Franco D’Este], Ramón Comas, Mario Musy, Alfonso Brescia y Adriano Micantoni [no acreditado en la versión española]
Fotografía: Eloy Mella
Música: Carlos Castellanos Gómez

Intérpretes: Ángel del Pozo (George Benson), Luciana Gilli [acreditada como Lucy Gilly) (Lisa O’Brien), Miguel de la Riva [acreditado como Michael Rivers] (Peter), Franco Cobianchi [acreditado como Franco D’Este] (Sam), José Riesgo (Ingeniero del ferrocarril), Aldo Cecconi (Mark), Livio Lorenzon (Stevans), Rafael Alcántara (O’Brien), Enrico Glori, Milo Quesada, Nino Nini, Pietro Tordi (Doctor), Germano Longo (Don Esteban)…

Sinopsis: Dos forasteros, el uno un caballero de modales refinados, el otro un pendenciero huido de la justicia, van a parar a San Felipe, población asolada por los continuos robos que una banda de malhechores cometen contra el banco de la localidad.

El inesperado éxito cosechado por alguno de los pioneros eurowesterns, muy especialmente los de Sergio Leone, fue el detonante que impulsó a que un buen número de espabilados productores italianos y españoles se lanzaran afanosamente en la realización de películas, casi de forma industrial, que respondieran a los nuevos gustos del público, tratando así de beneficiarse del filón recién descubierto, aprovechando para ello las posibilidades que ofrecían las infraestructuras existentes en Almería, la sierra madrileña o las afueras de Roma, lo cual suponía un abaratamiento de costes además de facilitar las labores de producción. En este grupo de películas es en el que debemos de encuadrar a la cinta que nos ocupa, La ley del Colt, coproducción hispano-italiana a caballo entre la serie B y la Z, y dirigida por Alfonso Brescia, realizador trasalpino de los llamados artesanos, que en su dilatada carrera como director, con más de cincuenta películas, encaró todas las corrientes que el cine de género de su país fue atravesando por aquellos años, ya fueran peplums, spaghetti-westerns, cintas bélicas, poliziescos o fantasía heroica, destacando en su filmografía, más por su singularidad que por la calidad de las mismas, la media docena de títulos de ciencia ficción acometidos al calor del boom de La guerra de las galaxias (Star Wars IV: A New Hope, 1977) de George Lucas, alguna de las cuales, como La bestia nello spazio [vd: Terror en las galaxias, 1980], mezclaba con total descaro la ciencia ficción con el cine erótico.

Pero centrémonos en La ley del Colt, cuyo punto de partida no puede ser más manido. Un forastero llega a un pueblo asolado por los desmanes de unos bandidos, donde, ni qué decir tiene, se encargará de poner a los maleantes en su sitio, y descubrir quién de los respetables ciudadanos del poblado se esconde tras las acciones de estos forajidos. Esta trama es completada por la presencia de un misterioso y justiciero enmascarado, a través del cual se pretende añadir sin éxito algo de suspense al metraje, ya que desde su primera aparición queda meridianamente claro cuál es el personaje que se esconde tras su máscara, George, hombre pusilánime y algo afeminado en su vida pública, pero implacable y valeroso como enmascarado dedicado a hacer cumplir la ley en sus ratos libres, lo cual le convierten en un trasunto de aquel inolvidable Don César de Echagüe que creara José Mallorquí para dar vida a su Coyote, a partir del precedente del Zorro de Johnston McCulley.