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REZA AL MUERTO Y MATA AL VIVO


Reza al muerto y mata al vivo (Prega il morto e ammazza il vivo )
Italia
1971
Director: Giuseppe Vari (Joseph Warren)
Guión: Adriano Bolzoni
Fotografía: Franco Villa
Música: Mario Migliardi

Reparto:
Klaus Kinski, Victoria Zinny, Paul Sullivan (Paolo Casella), Dino Strano, Patrizia Adiutori, Anthony Rock, John Ely, Dante Maggio, Fortunato Arena, Anna Zinnemann, Adriana Giuffrè, Gianni Pulone, Aldo Barberito, Goffredo Unger, Mimmo Maggio.

Producción italiana de 1971 al frente de la cual se encuentra Giuseppe Vari, un director y ocasional guionista también conocido como Joseph Warren, su habitual seudónimo, que, personalmente, me resulta bastante interesante ya que consiguió con unos presupuestos mínimos poner en pie varios spaghettis de una calidad más que aceptable (dirigió siete entre 1966 y 1972 como “Un agujero en la frente”, “El último pistolero”, los dos ya comentados en el blog, o el que nos ocupa) en los que, a diferencia de lo acostumbrado en este subgénero, se da mayor importancia al desarrollo de la historia y a la relación entre los personajes, los cuales están más desarrollados de lo que era habitual en el western mediterráneo, que a la acción mecánica; además de apreciarse en su labor como director una mayor preocupación formal en la composición de las escenas.
SIPNOSIS: John Webb, un misterioso pistolero, tras acabar con Ramón, el hombre que debía guiar a Hogan y sus muchachos a Méjico, los cita en una oficina de telégrafos, el Rancho Chacal, con el objeto de convertirse en su guía a cambio de la mitad del botín robado por éstos (100.000 dólares en lingotes de oro). Pero su situación se complicará con la llegada al rancho de una diligencia con cuatro pasajeros que dificultarán sus verdaderos planes.

Curioso spaghetti western estructurado, gracias al guión del veterano Adriano Bolzoni (colaborador de Vari en los últimos cuatro westerns dirigidos por él), en tres partes diferenciadas:
-Un pequeño prólogo en el que el protagonista cita a la banda de Hogan en el rancho, se desarrolla básicamente en exteriores caracterizados por su profusa vegetación y sirve para presentarnos a los miembros de la banda.
-La parte central, quizás lo mejor de la película, con un marcado carácter claustrofóbico al contar con un solo escenario, la oficina de telégrafos, en el que se desarrolla la acción caracterizada por una atmósfera malsana y opresiva y una tensión creciente, no sólo por la relación que mantienen los miembros de la banda basada en la desconfianza, la traición y la falta de lealtad, sino también por la aparición con la llegada de la diligencia de otros cuatro pasajeros, dos de ellos mujeres, lo que sirve para introducir un nuevo componente: el sexual, debido a la atracción que éstas ejercen sobre los miembros del grupo y las ambiguas relaciones que se establecen entre ellos, sobre todo entre Hogan y Eleanor caracterizada por un afán de dominación. Este componente sexual constituye una novedad ya que fue poco explotado en el spaghetti, pero, en esta ocasión, planeará a lo largo del resto del film, y se convertirá en un elemento de gran importancia.

Es en esta parte, que funciona más como un thriller (recuerda a filmes como “El bosque petrificado” o “Cayo Largo”) con una serie de personajes retenidos y amenazados por unos gángsteres, que como un western (aunque también podemos citar ejemplos de situaciones parecidas como en la estupenda “El correo del infierno” de Henry Hathaway o los intranscendentes spaghettis “El valor de un cobarde” dirigida por Leon Klimovsky y “La diligencia de los condenados” de Juan Bosch, esta última también reseñada) en la que Vari se luce, tanto al dosificar el suspense, como en la planificación y fuerza que sabe dotar a algunas escenas con el objeto de mostrarnos el carácter agresivo de los miembros de la banda. En este sentido sobresale la desarrollada en el establo mientras cae una gran tormenta (metáfora del estado de ánimo de los personajes) con una estética cercana al cine gótico y de una gran brutalidad.
-El tramo final con la calamitosa marcha de la mayoría de los supervivientes hacia Méjico que contrasta con el anterior, no solamente por la abrupta transición entre ambas, hecho que quizás se deba a la necesidad de no superar un determinado minutaje, sino porque vuelve a desarrollarse en el exterior y en esta ocasión, frente a la tormenta de la noche anterior, en días soleados y en paisajes desérticos, transformándose la película en el típico filme de itinerario en el que la naturaleza cobra gran importancia y en la que los personajes sufrirán todo tipo de vicisitudes: falta de agua, ataques de serpientes, arenas movedizas, traiciones…

En cuanto a la banda sonora, fue compuesta por Mario Migliardi y cuenta con dos temas cantados por Ann Collin, el principal con el título de “Ese hombre” es una bonita balada de influencia jazzística pero para mí poco apropiada para el objeto de la narración, que se repite de forma instrumental y silbada, y el otro llamado “I´m not your pony” apenas se escucha durante unos segundos en la parte del desierto. El resto de temas incidentales creo que carecen de interés y me resultaron por momentos bastante cargantes dado su carácter experimental, recordándome a la extraña banda sonora compuesta por este músico para “Mátalo”.

Por lo que respecta a los actores, Vari le proporcionó a Klaus Kinski un personaje para su lucimiento, incluso su entrada en escena parece muy pensada para impactar al espectador, y el actor creo que no desaprovechó la oportunidad ofreciéndonos una aceptable actuación como Hogan, el discutido e imprevisible líder de la banda, un neurótico, impulsivo, cruel y vengativo pistolero con claros problemas sexuales (es incapaz de culminar una relación) que porta un látigo, símbolo fálico, en clara alusión a su impotencia. Personaje de cierta complejidad que ve en el robo del oro la posibilidad de alejar de la miseria a su hijo y de ofrecerle una vida más prospera a través de los estudios, evitando con ello el que pueda convertirse en lo que él es, en definitiva un paria. Como contrapunto a su interpretación expansiva nos encontramos con la de carácter contenido llevada a cabo por Paul Sullivan, en realidad Paolo Casella que había coincidido con Kinski el año anterior en “La bestia” (largometraje comentado en el blog), al dar vida a John Webb, un enigmático y lacónico pistolero, cuyos verdaderos planes, relacionados con un luctuoso hecho del pasado, conoceremos muy avanzada la película y que se servirá de su inteligencia y no de la violencia (si no recuerdo mal sólo mata a dos hombres) para conseguir sus objetivos, aprovechándose de la desconfianza existente entre los miembros del grupo de Hogan. Junto a ellos, en un papel bastante bien perfilado como una mujer ambiciosa, manipuladora y sin escrúpulos, la argentina Victoria Zinny (actriz que debutó en “Viridiana” de Luis Buñuel y a la que volveríamos a ver en “Keoma”) la cual presta, en una acertada labor de casting, su peculiar físico de rasgos duros a Eleanor, antigua prostituta casada por interés con un adinerado individuo, quien establecerá un peculiar juego de dominación no exento de connotaciones masoquistas con Hogan, aprovechándose de los problemas sexuales de éste; y Patrizia Adiutori, actriz de escasa filmografía (fue la primera víctima del asesino de la notable “Torso. Violencia carnal”, giallo dirigido por Sergio Martino), en su única incursión en el spaghetti, da vida de forma bastante sosa, aunque hay que reconocer que el horroroso doblaje no la favorece, a Santa, la empleada del puesto de telégrafos que se enamorará de Webb. El resto del reparto está compuesto por actores habituales del género que despachan con bastante oficio a sus personajes: Dino Strano, aquí con el seudónimo de Dean Stratford, como Reed el desconfiado lugarteniente de Hogan; Dan May, en realidad Dante Maggio, en el rol del propietario del puesto, el único personaje con rasgos cómicos; o Aldo Barberito como Greene, otro de los hombres de Hogan que pagará muy cara su traición.

En definitiva un singular y digno spaghetti, con un ritmo pausado y bien narrado por Vari que al contar con un presupuesto ínfimo, hecho supongo agravado por los emolumentos cobrados por Kinski, supo hacer de la necesidad virtud. (TEXTO 800 SW)

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