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EL DIA DEL JUICIO


El día del juicio (Il Giorno del giudizio)
1971
Italia
Director: Mario Gariazo
Guión: Franco Daniele, Mario Gariazzo, Nello Rossati
Fotografía: Alvaro Lanzoni
Música:Ennio Morricone, Claudio Tallino

Reparto: Ty Hardin, Craig Hill, Gordon Mitchell, Rossano Brazzi, Edda Di Benedetto, Rosalba Neri, Pinuccio Ardia, Jenny Atkins, Raf Baldassarre, Renata Black, Federico Boido, Stelio Candelli, Giuseppe Castellano, Giovanni Cianfriglia, Bruno Corazzari, Andrea Fantasia, Ugo Adinolfi, Fedele Gentile, Guido Lollobrigida, Tony Stevens, William Mayor, Vittorio Moroni, Nello Palladino, Patricia Patterson, Riccardo Pizzuti, Umberto Raho, Marilyn Rubi, Aldo Sala, Gaetano Scala, Attilio Severini , Luigi Tropeano, Nino Vingelli, Luciano Vincenzi, Robert Whitman, Paolo Perone

Película italiana de 1971 también conocida como “El día del juicio” que contó con un limitadísimo presupuesto como los otros dos spaghettis rodados por Mario Gariazo, un guionista y director que comenzó filmando tres westerns para, posteriormente, rodar películas de todo tipo de géneros desde poliziescos con una gran carga de violencia como “Sin conciencia” (1973) hasta filmes de explotación como “Hermano del espacio” (1988) que claramente intentaba aprovecharse del éxito del largometraje dirigido por Steven Spielberg “E.T. El extraterrestre”, pasando por películas de terror (“Play Motel” de 1979).
Un hombre al regresar de la Guerra de Secesión encuentra su rancho quemado y a su mujer, de raza india, y a su hijo asesinados. A partir de ese momento urdirá un plan para acabar con los criminales a través de un macabro plan para cuya consecución se valdrá de un juguete de su hijo (un pequeño tamborilero que se mueve dándole cuerda durante un minuto) y de su capacidad para travestirse.

Nos encontramos de nuevo ante el manido tema de la venganza que en esta ocasión está planteado sin ningún tipo de originalidad, incluso en el personaje principal se puede rastrear la huella de otros spaghettis. Así no sólo son claras las influencias de clásicos como “Por un puñado de dólares”, que cuenta con su respectiva reseña, (al protagonista le llaman El extranjero y logra obtener la confianza y convivir con aquellos a los que va a matar) sino también de otros spaghettis como “Django el Bastardo” (ya comentado en el blog) ya que al igual que en la película interpretada por Anthony Steffens por momentos se consigue una atmósfera un tanto irreal, incluso El Extranjero llega a afirmar: “Existen los fantasmas. Dejad que os lo diga yo que vivo entre los muertos”, y si aquél llevaba las cruces de los individuos a los que iba a matar, en ésta película el protagonista porta sus ataúdes; o de “Apocalipsis Joe” por la querencia del antihéroe hacia los disfraces (de enterrador, de jorobado transportista de ataúdes, de indio).Pero, para mí, el mayor problema del film, que no me ha gustado, radica en la ausencia de un mínimo de suspense a lo largo del mismo, tanto por un guión, escrito por el propio Gariazo, en el que todo nos lo dan hecho (desde el inicio el protagonista conoce la identidad de los asesinos) por lo que la película se reduce a una sucesión de duelos muy similares con la utilización del tamborilero (juguete que da el título a la película), reiterados hasta el aburrimiento y en los que El Extranjero repite siempre la misma frase sobre la duración de la cuerda del juguete; como por una dirección carente de ritmo, apresurada, falta de imaginación y con abuso del recurso, a lo Pekinpah, de congelar las imágenes de los pistoleros abatidos por El Extranjero. Además para poder llegar a una duración estándar y como la historia de la venganza no daba para mucho más, Gariazo se inventa otra subtrama, la de unos cómicos llegados al pueblo, lo que da lugar a escenas que rompen aún más el ritmo del film como una larguísima, soporífera, cutre (por la falta de extras haciendo de público) y carente de la más mínima tensión de la representación que llevan a cabo estos actores, en la que nos encontramos con los típicos primeros planos repetidos hasta la saciedad de las caras de varios personajes mirándose y sin decir nada, y todo ello con el único objeto de ver cómo acaba el protagonista vestido de piel roja y de un lanzazo con uno de los forajidos; mientras que otras carecen de lógica como la del asalto por parte de cuatro pistoleros a la caravana de los artistas (¿Qué pretendían obtener si se ve que los cómicos son unos muertos de hambre?).

Además hay diálogos, no sé si será por el doblaje, que rayan el absurdo, así la india que trabaja con los comediantes informa al protagonista que: “Cuatro hombres nos han pedido que les acompañemos a Silverstone. Nos bajaremos en el desvío”, para inmediatamente después preguntar la misma india “¿Has dicho en el desvío para Silverstone?”. Pues no sé, debe de tener el personaje un desdoblamiento de personalidad porque parece que mantiene conversaciones consigo misma.En cuanto a la banda sonora, ya no es que no sea original sino que alguien decidió “tomar prestados” los temas que compuso Ennio Morricone para la película de Sergio Corbucci “Los despiadados”.

Por lo que respecta a los actores, el western está protagonizado por un decadente Ty Hardin, actor al que no sé si es que le ofrecían productos de calidad ínfima o no tenía mucho ojo para escogerlos porque los tres spaghettis que he visto con él de protagonista (“El hombre del valle maldito”, éste y “Los violentos de Texas”, también dirigido por Gariazo) son flojísimos. Junto a él un avejentado Rossano Brazzi, actor italiano de recursos escasos pero que gozó de bastante popularidad a partir de finales de los cuarenta lo que le llevó a trabajar en las dos décadas siguientes en producciones norteamericanas con directores de la talla de Mervin LeRoy, Jean Negulesco, Joseph L. Mankiewicz, David Lean, Douglas Sirk, Henry Hathaway, Joshua Logan o Delmer Daves, da vida al sheriff del pueblo; Craig Hill, otro actor norteamericano que como Hardin emigró a Europa en busca de mejor fortuna, como el director de la troupe de cómicos, Rosalba Neri en un papel cortísimo interpreta a la esposa del protagonista que, si no recuerdo mal, no tiene ni una línea de diálogo; y Gordon Mitchell, otro norteamericano en este caso reciclado del cine de espadas y sandalias, en el rol de uno de los ayudantes del sheriff. Todos ellos bastante tienen con enfrentarse a los personajes que les han tocado en suerte.
En definitiva, un mal spaghetti realizado con un paupérrimo presupuesto (creo que podemos estar hablando casi de serie Z) que se hace muy tedioso tanto por un guión carente de ideas como por una dirección vulgar y recomendable tan sólo para aquellos que tengan verdadero interés por este subgénero y quieran conocer todo tipo de spaghettis.

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