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MI NOMBRE ES NINGUNO

IL MIO NOME E NESSUNO (ITALIA 1973) DURACIÓN 130 min. PAÍS
DIRECTOR Tonino Valerii
GUIÓN Ernesto Gastaldi (Historia: Sergio Leone, Fulvio Morsella, Ernesto Gastaldi)
MÚSICA Ennio Morricone FOTOGRAFÍA Giuseppe Ruzzolini
REPARTO: Henry Fonda, Terence Hill, Jean Martin, Piero Lulli, Mario Brega, Marc Mazza, Benito Stefanelli
PRODUCTORA Coproducción Italia-Francia-Alemania
El veterano pistolero Jack Beauregard decide retirarse e ir a vivir a Europa. Pero la noticia de la muerte de su hermano Nevada Kid le hace cambiar de planesa. Nevada participaba en la sociedad de explotación de una mina de oro con el poderoso hacendado Sullivan, la cual resultaba un timo camuflado para blanquear oro robado. Mientras Beauregard se abre paso hacia Sullivan, eliminando a sus pistoleros, se le cruza en el camino un extraño personaje que dice llamarse Nadie. Nadie conoce toda la historia de Beauregard, sus intenciones, e incluso colabora para desmantelar numerosos atentados contra el veterano pistolero. Intrigado por el extraño individuo, Beauregard lo acepta como compañero en su travesía, pero Nadie termina por hacerle una extraña propuesta: abandonar la venganza contra Sullivan e ingresar en los libros de historia como una leyenda, al enfrentarse él solo contra la "pandilla salvaje", una escuadra de 150 pistoleros a las órdenes de Sullivan que se encuentra asolando al Oeste.
Un film considerable y muy inteligente, donde Leone ( productor, argumentista, así como realizador del algunas secuencias, sin acreditarse), reflexionó con lucidez y amargura sobre las dos fases del género western ( la norteamericana clásica y la que él inauguró, el spaghuetti-western) desfasadas por el fenómeno Trinidad. La película combina pues un conseguido tono crepuscular con la utilización significativa de Terence Hill y Henry Fonda, realzando todo el metraje una eleborada banda sonora de Morricone.
En esta escena, rodada al más puro estilo Leone, Henry Fonda demuestra que el que tuvo...retuvo.
Sin embargo, el film se resiente en ocasiones de ese dualismo Fonda-Hill en el sentido que desconcierta en cierta medida el dramatismo del primero con la comicidad del segundo. Quizás por el éxito de la saga "Trinidad", el director decidió dar demasiado protagonismo a Hill, en detrimento del maestro Fonda. En esta escena, extraordinariamente concebida, el viejo pistolero se enfrenta a un ejército de forajidos, mientras la música de Morricone alcanza su máximo esplendor.

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