martes

GRANDES DUELOS ENCADENADOS


Secuencia de westerns con grandes duelos finales.

Uno de los hechos más destacables del pistolerismo western es que la opinión general lo señala como un producto específico de las gentes del Suroeste y es erróneo, ya que la mayoría de los pistoleros, exceptuando al tejano Wes Hardin, fueron gentes naturales de los estados del Este y del Norte. Billy el Niño había nacido en Nueva York, al igual que Bat Masterson; Wild Bill Hickok era de Illinois; Kid Curry, de Chicago; Harry Tracy, de Wisconsin, Pat Garret, de Virginia, y Cris Madsen, de Dinamarca.

El pistolerismo puede considerarse como un uso urbano, importado del Este, que tuvo su máximo exponente en las ciudades ganaderas. El bandolerismo fue una cuestión distinta, totalmente rural, en los espacios abiertos, y casi siempre la respuesta de los vencidos en la Guerra Civil frente al comportamiento de expolio que adoptaron los vencedores nordistas. Los hermanos James, los Cole o los Younger están dentro de esa clasificación, que se complementa con individuos como los Reno o los Dalton, que tuvieron problemas con las expropiaciones de tierras por las compañías ferroviarias. El bandolerismo western también es un fenómeno común a la sociedad europea como muestran las similitudes con el bandolerismo español, posterior a las guerras de Independencia y carlistas, y con el italiano, constante durante y después de las guerras de unificación protagonizadas por Garibaldi y sus voluntarios.

Referido al pistolerismo, el primer tema a considerar son las pistolas. El arma corta de fuego por excelencia en el western es el revólver de tambor, patentado por Samuel Colt en 1835, que se convertiría en el arma más famosa de todas las fabricadas en USA y que se complementó con los revólveres fabricados por las casas Smith and Wesson y Remington.

Los primeros Colt eran armas de avancarga, de proyectil redondo de plomo impulsado con cargas de pólvora prendida por un fulminante de mercurio. Era un arma complicada de cargar, de escaso alcance y precisión muy limitada por no decir nula. Al primitivo Colt Paterson le siguieron los modelos mejorados Walker, ...Dragoon, Army y Navy, que fueron los más empleados durante la Guerra de Secesión. La gran producción de revólveres durante la contienda ofreció un gran excedente cuando llegó el final del conflicto bélico, por lo que la casa Colt tuvo que hacer una magna campaña publicitaria entre las gentes del Oeste que dio como resultado el que el revólver de seis tiros se convirtiera en una más de las muchas herramientas que se necesitaban para el trabajo en el campo. Todos estos revólveres no eran demasiado fiables y los accidentes por mal uso fueron tan frecuentes que no era de extrañar ver a muchos cowboys cojos a consecuencia de autodisparos accidentales.

La bala de vaina metálica se conocía desde la década de 1850, pero no fue usada en la Guerra Civil, excepto por algunas unidades de la caballería nordista que fueron dotadas con carabinas Henry de repetición, capaces de disparar quince balas seguidas. Todas las demás armas de la contienda fueron de avancarga y la innovación de la bala metálica para armas cortas correspondió al Colt, modelo militar de 1873, que empezó a distribuirse a las unidades del ejército casi dos años después. Era un arma del calibre 45, cañón largo, seis balas metálicas en el tambor giratorio y acción simple, o sea que tenía que amartillarse el percutor antes de cada disparo. Era un revólver tan caro y escaso que los capitanes de las compañías dotadas con ellos los guardaban en cajas fuertes y solamente se sacaban para los ejercicios de tiro y para las expediciones de campaña.

El Colt 45 llegó al mercado civil al final de la década de los setenta, y a pesar de su evidente adelanto, junto con los modelos similares Smith and Wesson y Remington, siguieron alternando con las armas de avancarga, que se continuaron utilizando durante todo el tiempo del western por su menor costo y mayor difusión a consecuencia del abaratamiento del mercado de armas civil después de la Guerra de Secesión. La mayoría de los pistoleros usaron Colts de avancarga en la época en que forjaron sus leyendas Wesley Hardin, Wild Bill Hickok y demás, antes de pasarse al más fiable “45” y al mucho más manejable “44-40”.

Por cierto, la escena clásica del western con el pistolero con la funda abierta y baja sobre la cadera es otra falsedad. Los pistoleros profesionales llevaban sus armas en el cinturón, debajo de una faja de seda o en una funda de lana en el interior de la chaqueta para que las telas protegiesen los revólveres de la humedad. Las fundas de pistola de correa baja y larga, en las que la culata y el gatillo quedaban al descubierto para facilitar la extracción del revólver, no aparecieron hasta los primeros años del siglo XX, en un tiempo en que el western ya no existía más que en los espectáculos y la literatura.

Dado que aún no se conocían los procedimientos perfeccionados para conseguir aceros especiales de buena calidad, las armas de serie eran de mediocre manufactura. El mal ajuste entre el tambor del revólver y el cañón originaba una pérdida de gas de la combustión de la pólvora que repercutía en el alcance y trayectoria de la bala. La precisión de las armas rara vez sobrepasaba los quince metros, por lo que en los enfrentamientos solía haber más ruido que heridos. Y a la mala calidad de fabricación hay que añadir que, después de una veintena de disparos, las armas fallaban peligrosamente a causa de la obturación del cañón por los restos de plomo y pólvora que quedaban incrustados en el ánima. Puede afirmarse que abundaron más los tiroteos sin consecuencias que los enfrentamientos con bajas.

Si bien los revólveres eran los juguetes predilectos del cowboy, las armas largas demostraron ser un asunto mucho más eficaz y peligroso. En los espacios abiertos del western, el arma que se usó fue el fusil, la carabina y el rifle de repetición. Después de los rifles de pedernal de los primitivos cazadores y tramperos, el primer modelo moderno fue la carabina Henry de quince tiros, aparecida en la Guerra de Secesión y de la que los sudistas afirmaban que era un arma que los yanquis cargaban los lunes y disparaban toda la semana. A la carabina Henry sucedió, entrada la década de los setenta, el rifle Winchester, capaz de disparar doce balas seguidas y con un sencillo mecanismo extractor que dificultaba el encasquillamiento. El Winchester fue el arma más usada en el Oeste, el arma preferida por cowboys y agentes de la ley, por el simple hecho de que su calibre “40-40” coincidía con el del revólver Colt y, así, se unificaba la munición para las dos armas. Fue el arma decisiva para la caza, el trabajo y los enfrentamientos contra toda clase de enemigos. Es frecuente en películas y novelas ofrecer escenas en las que los protagonistas armados de revólveres se lían a tiros con sus enemigos armados de rifles y los abaten. Es una ficción ridícula que despertaría la hilaridad de la gente del western a pesar de que eran personas muy afectas al humor a base de exageración.

La rapidez en el saque del revólver es otra de las mistificaciones patentadas por el western moderno que no tuvo ninguna realidad. Sin embargo, es un hecho en la actualidad, en la que hay competiciones de velocidad en desenfundar y, así, es como se ha llegado a un tiempo de siete centésimas de segundo entre el momento en que la mano toca el arma y el impacto en una silueta a diez metros. Una vez más, la realidad imita a la ficción y los sueños descabellados de los pistoleros famosos podían cumplirse en cualquier campeonato de tiradores en los USA de hoy.

En las ciudades ganaderas se promocionó un pistolerismo en el que los “gunmen” se convirtieron en defensores de la ley por medio de contratos remunerados con altos salarios. El primero de estos pistoleros reconvertidos al que la prensa hizo famoso fue James Tutler Hickok, antiguo cazador y explorador, combatiente en el ejército de la Unión, que fue contratado como jefe de la policía municipal en Abilene en abril en 1871.

Hickok, que recibió el sobrenombre de “Wild Bill” (Bill el salvaje) aunque se llamaba Jaime, se preocupó de enriquecer su pecunio y, además de su alta salario, se embolsó el producto de extorsiones, en forma de multas que imponía a los cowboys tejanos, a los que odiaba por haber sido, en su gran mayoría, soldados sudistas durante la Guerra de Secesión. Su acción más famosa en Abilene fue el enfrentamiento con el hostelero tejano Phil Goe, dueño del saloon Bulla Head, que no quiso ser su socio. El encono acabó en duelo a tiros y Hickok mató al tejano y, de paso, a su propio ayudante, Mike Williams, que acudía en su ayuda y al que la policía municipal tomó por un enemigo que auxiliaba a Coe. Los ganaderos tejanos, hartos de la chulería de Wild Bill, boicotearon la ciudad y, una vez embarcados sus ganados, no gastaron ni un dólar en Abilene, por lo que el ayuntamiento destituyó a Hickok de su cargo de jefe de policía de la ciudad. No era la primera vez que le echaban del cargo, pues ya le habían expulsado de Hays City, donde tuvo una bronca con soldados del 7º de Caballería que estuvo a punto de provocar que la ciudad fuera arrasada por los enfurecidos soldados.

Convertido en personaje gracias a la prensa del Este, Hickok fue contratado por Buffalo Bill Cody para actuar en el espectáculo teatral “Los guías de las llanuras”, en el que declamaba frases que no pueden ser tomadas en serio, como: “Y estás a salvo, preciosa, en los brazos de Wild Bill Hickok que arriesga su vida y, si es preciso, se expone a la muerte por una hermosa mujer.” Pero su carrera de actor dramático no duró mucho y regresó otra vez al Oeste, trabajando, es un decir, en la zona de Fort Laramie. En 1876 ejercía de jugador profesional, su ocupación preferida, en la zona minera de Dakota. Murió asesinado de un disparo por la espalda, durante una partida, por otro pistolero, Jack McCall, que, como atenuante, afirmó que le había matado para vengar a su hermano, asesinado por Hickok.

Además de la prensa sensacionalista del Este, le promocionaron el general Custer, Buffalo Bill Cody y la Enciclopedia Americana. En sus tiempos de periodista, el futuro gran explorador africano Stanley, le entrevistó para una serie de artículos sobre la vida en el Oeste. En ellos Hickok afirmó que había matado a un centenar de hombres blancos, evidente exageración que sus biógrafos rebajaron a una treintena. Los modernos historiadores “revisionistas” calculan que sus muertos no llegaron a la docena, y eso incluyendo a los de la Guerra Civil. Hickok, elegante y presumido, fue un tirador de ventaja que prefería disparar por la espalda, y toda su aureola mítica es producto de los periodistas del Este que escribían lo que sus lectores querían leer y no la verdad sobre el siniestro personaje. La mitificación llegaría a convertirle en el prototipo de pistolero caballeroso que nada tiene que ver con el asesino, jugador tramposo y proxeneta que fue en realidad.

El pistolero tejano más célebre fue John Wesley Hardin, hijo de un pastor metodista al que las duras circunstancias de posguerra llevaron a convertirse en el proscrito tejano por excelencia. Con frecuencia se olvida que los vencedores de la Guerra Civil establecieron gobiernos militares en los estados sudistas vencidos en la contienda y que, después del asesinato de Abraham Lincoln, todo el Sur estuvo sometido a la ley marcial. Para unir a la derrota el escarnio, en Texas, buena parte de las tropas de ocupación estaban compuestas por soldados negros. Con uno de ellos se enfrento Wesley Hardin en 1868, cuando contaba solamente quince años de edad, y quiso la mala suerte que su disparo de advertencia matase al soldado nordista.

La muerte de un miembro de las tropas de ocupación convirtió a Hardin en un reclamado por la furiosa ley de los vencedores, hasta el extremo de que, si se hubiera entregado, habría sido sometido a un consejo de guerra en vez de ser juzgado por un tribunal civil. Presionado por la necesidad, comenzó una vida de fuera de la ley que se prolongaría durante diez años. En ese tiempo, y según cuenta su autobiografía, mató a treinta hombres en distintos tiroteos y duelos, y aún tuvo oportunidad de trabajar como cowboy, ranchero, transportista, jugador profesional y ayudante de sheriff. Se casó y tuvo tres hijos, pero todos sus intentos de conseguir un indulto o, al menos, un juicio imparcial, chocaron contra la oposición de las autoridades tejanas, que le colocaron encabezando la lista de los enemigos a abatir.

Todos los incidentes violentos en los que estuvo involucrado Wes Hardin fueron consecuencia de los enfrentamientos políticos posteriores a la Guerra de Secesión y a unas circunstancias en las que los vencedores nordistas se dedicaron al más descarado de los robos, disfrazándolo de administración pública. Cuando la oposición se manifestaba, se enviaba a los Rangers de Texas, famoso cuerpo de policía rural, que se encargaban de acallar o liquidar a los disidentes, como harían las posteriores policías políticas modernas. Del duelo personal de Hardin contra los Rangers nació su mito y la enemistad decisiva que le marcaría hasta su muerte.


Hardin, en una de sus visitas a casa, estuvo a punto de dejarse convencer para que se entregarse, y así lo manifestó al sheriff, autoridad civil de su condado, pero los Rangers no estaban dispuestos a que se les escapase la gloria de su captura, por lo que anularon la autoridad del sheriff y rodearon el rancho de Hardin con cien Rangers de Texas. El joven pistolero no quiso rendirse a pesar de la enorme superioridad numérica y comenzó un largo tiroteo que se saldó con varios Rangers heridos y la espectacular fuga de Wes Hardin, que al momento se convirtió en un héroe para los tejanos vencidos y en la encarnación del odio de los vencedores, que tuvieron que aguantar la sensación de ridículo después de su continuada prepotencia. Los Rangers jamás perdonarían al pistolero la humillación recibida y toda la presión de sus influencias se volcó en contra de Wes Hardin.

Cuatro años después, el pistolero tejano fue detenido por detectives del ferrocarril, lo que salvó su vida, cuando escapaba hacia Alabama. Fue juzgado en Comanche sin que su abogado tuviera tiempo para buscar testigos de descargo que, en su mayoría, estaban muertos. En el jurado del proceso se sentaban seis personas que estaban mezcladas en el asesinato del hermano del pistolero, por lo que el juicio fue una burla a la más elemental justicia. Aún así, a pesar del odio declarado, las pruebas de la acusación fueron tan endebles que al acusado no le pudieron imponer la pena de muerte que exigían las autoridades estatales, y tuvieron que conformarse con una condena de veinticinco años de prisión.

John Wesley Hardin cumplió dieciséis años de reclusión antes de conseguir la libertad vigilada por buena conducta. Aprovechó el tiempo entre rejas y cuando recuperó la libertad tenía estudios de Derecho y Teología. Revalidó sus estudios y abrió bufete de abogado en la población de Junction, y estuvo a punto de conseguir la plaza de sheriff, pero se la quitaron por las influencias gubernamentales. Desde su bufete, se dedicó a reunir pruebas de descargo de su propio caso y preparaba una acusación sobre la muerte de su hermano cuando murió asesinado en la ciudad de Paso del Norte. Su asesino, que disparó por la espalda, fue el agente de policía John Selman, que no fue detenido y ni tan siquiera interrogado.

La muerte de Hardin en agosto de 1895, estableció la pervivencia de los odios desatados por la Guerra Civil a pesar de los treinta años transcurridos desde su final. La protección gubernamental libró de responsabilidad al asesino y la policía de Paso del Norte hizo saber a los hijos de Wesley Hardin que no serían bien recibidos si acudían al entierro de su padre. Al cabo de treinta años, los Rangers de Texas conseguían su anhelada venganza. Una venganza que reduce a polvo su cacareada integridad y su mito de valor y efectividad sin límites a través de la historia tejana, desde 1837 a 1935, en que fue disuelta su organización original.

Un pistolero que sí estuvo al lado de la ley, aunque del lado de la justicia sería más difícil el asegurarlo, fue Pat Garrett, un natural de Alabama cuya familia poseía dos plantaciones de algodón con esclavos negros y que tras la ruina de la Guerra Civil emprendió el camino del Oeste. Garrett se dedicó a la caza de bisontes en Texas y pasó a Nuevo México, en 1878, y acabó regentando una cantina en Lincoln. No intervino en la guerra ganadera a pesar de ser uno de los amigos de Billy el Niño.

Al final del conflicto, Billy siguió la guerra por su cuenta y eso despertó la enemistad de los ganaderos que le habían apoyado. Chisum, el rey del ganado de Lincoln County, se percató de que las andanzas del Niño ponían en peligro su recobrado negocio del suministro de la carne a los establecimientos militares y a las reservas indias, y por tanto, convenció al resto de los ganaderos de que tenían que acabar con el turbulento Niño. Conseguido el asentimiento general, Chisum movió sus influencias y se nombró a Pat Garrett sheriff de Lincoln County, y le facilitaron la ayuda de agentes secretos y una partida de pistoleros a sueldo, además de la policía estatal. La banda de Billy resultó diezmada en diversos encuentros y los últimos cuatro miembros fueron rodeados y apresados en las cercanías de Fort Summer. Sólo la presencia de Garret evitó el asesinato legal de Billy, que fue trasladado a Mesilla, donde fue juzgado y condenado a muerte. El lugar de la ejecución correspondió a Lincoln y unos días antes de la fecha señalada para ahorcarle, Billy el Niño consiguió escapar de la cárcel después de matar a los dos vigilantes del sheriff que lo custodiaban.

La fuga convirtió a Billy en un mito en todo el Suroeste, pero dada su afición a los ajustes de cuentas, la persecución se hizo más intensa. Billy no emprendió la huida hacia México como le pedían sus amigos y se refugió en una casa de Fort Summer. Allí fue muerto por un disparo de Pat Garrett en circunstancias que nunca fueron aclaradas lo suficiente. El joven pistolero fue enterrado en el cementerio de Lincoln, donde también estaban sepultados otros doce hombres muertos en la guerra ganadera, cifra que rebaja bastante la cantidad de trescientos muertos que algunos historiadores achacan al conflicto ganadero de Lincoln County.

Pat Garrett se convirtió en una figura popular en toda la nación y hasta escribió un libro que tituló “La verdadera historia de Billy el Niño”, en que como es lógico mitifica al pistolero que fue su amigo y se disculpa por las circunstancias que llevaron al enfrentamiento final. Cuando la fama se fue disipando, Pat Garret se convirtió en un ranchero, ayudado por Chisum, y murió asesinado, ya en pleno siglo XX, en una trifulca con otro ganadero vecino suyo.

La prensa sensacionalista, que alimentaba los mitos del Oeste, con lo que conseguía aumentos de tiradas y mejoras en publicidad, encontró pronto un nuevo filón del salvaje Oeste. A los cuatro meses del fin de Billy el Niño, se produjo el duelo en el OK Corral de Tombstone, que se convertiría en el enfrentamiento más mitificado, y mistificado, de toda la historia del Oeste, y en la referencia obligatoria al particular estilo de vida de los pistoleros al servicio de la ley, algunos de los cuales llegaron a ser agentes federales.

Tombstone, en Arizona, era una ciudad que nació como consecuencia de un filón de plata que atrajo a los buscadores de negocios rápidos. Fue fundada en 1877 durante una de las expediciones militares contra los apaches y, en menos de tres años, se convirtió en una ciudad importante, ya que la cercanía de la frontera mexicana facilitaba los negocios ilegales, que eran los que mejores beneficios dejaban.

Desde los primeros meses de 1880, se empezaron a producir enfrentamientos violentos en Tombstone, entre los miembros del clan del alcalde Clum, que representaba los intereses del partido Republicano, y los seguidores del sheriff Sean, que representaba a los Demócratas. El reparto del poder político y las prebendas que acompañaban el ejercicio de los cargos municipales y del condado fueron las verdaderas razones del más famoso de los duelos del western, que tuvo lugar en el OK Corral de la ciudad, una cuadra para guardar ganado, en Octubre de 1881.

Los principales protagonistas del duelo fueron tres de los hermanos Earp, un clan compuesto por cinco hermanos, de procedencia nordista, que esperaban beneficiarse de su pasado como militantes de la Unión. Formaban una especie de sociedad laboral y cuando uno conseguía un trabajo estable, llamaba al resto de la tribu. El más famosos de los hermanos sería el tercero, Wyatt, que fue cazador de bisontes en Nebraska y, más tarde, jugador profesional. Wyatt Earp descubrió que la familia tenía más posibilidades económicas si se dedicaba a la carrera de funcionarios policiales, y actuó como ayudante del jefe de la policía municipal de Dodge City. De esa época data su amistad con Doc Holliday, un dentista procedente del Sur que se había convertido en uno de los jugadores profesionales más famoso de todo el Oeste. También de esa época en Dodge era su relación con nombres célebres del medio pistoleril, como el tejano Ben Thompson, Bat Masterson y Luke Short, todos ellos asesinos profesionales, jugadores de ventaja y proxenetas que llegaron a actuar como alguaciles y ayudantes de sheriff.

A finales de 1879, el clan Earp llegó a Tombstone y se alistó en la facción del alcalde Clum, que les consiguió trabajo como policías municipales y vigilantes en las diligencias de la Wells Fargo. Fue precisamente el asalto a dos de estas diligencias y la desaparición de seis mil dólares lo que actuaría como detonante de la explosión de violencia. El atraco fue imputado a la familia y lo más probable es que Doc Holliday fuese uno de los asaltantes, aunque, políticamente, pertenecía al otro bando. La situación entre autoridades municipales y del condado se fue agravando hasta escapársele de las manos al alcalde y el sheriff para terminar desembocando en un tiroteo.

Las versiones del duelo en el OK Corral son tan diferentes como la ideología de los testigos. Para unos, fue un encuentro épico y, para otros, un asesinato. Los tres hermanos Earp y Doc Holiday se enfrentraron a cinco cowboys del bando de los Clanton y, como resultado, murieron Billy Clanton y dos de los hermanos McLaury; mientras que en el otro grupo solamente Virgil Earp resultó herido. Fue un tiroteo de menos de un minuto y puede que fuese más accidental que planeado. Pero, de todas formas, la prensa le echó fantasía al asunto y convirtió a Wyatt Earp en un héroe legendario, como si el tiroteo solamente hubiera estado protagonizado por él. La fama se convirtió en beneficio político, y Wyatt Earp, que esperaba un procesamiento, se encontró con el nombramiento de U.S. Marshal. Por fin había conseguido ser funcionario.

Pero el encuentro en el OK Corral no fue el final del conflicto, sino uno de los enfrentamientos al que seguirían otros con diferentes resultados. Un atentado de los Clanto se llevó por delante a Morgan y estuvo a punto de liquidar a Wyatt y a Doc Holiday. El asesinato del mejor de los hermanos despertó la furia del resto del clan familiar, que ya no hicieron caso ni de los responsables políticos de su partido. Durante el viaje a California para trasladar el cadáver de Morgan, aprovecharon la parada en Tucson para matar a un tal Stiwell, miembro del clan de los Clanton, lo que motivó un escándalo que concluyó con la anulación del nombramiento de marshal de Wyat y la redacción de órdenes de captura por asesinato contra los hermanos Earp. A pesar de ello, continuó la persecución y los Earp mataron, a sangre fría, a Indio Charlie, al que acusaron, sin pruebas, de ser uno de los asesinos de Morgan. Este nuevo asesinato sacó las aguas de su cauce y los Earp tuvieron que escapar de Tombstone en una fuga nocturna y no volvieron jamás a la ciudad en la que se convirtieron en leyenda.

La aventura familiar y económica de los Earp prosiguió con negocios de juego y prostitución. El más afortunado fue Wyatt que, siguiendo lo que parecía ser una vocación entre los pistoleros, escribió un libro, en 1896, sobre sus hazañas que deja en niñerías a los cuentos del Barón del Munchausen. Wyatt Earp murió en San Francisco, en 1929, a los ochenta y un años, en una próspera situación económica ya que poseía algunos pozos de petróleo.

Muy diferente fue la trayectoria del último de los pistoleros famosos, que actuó siempre dentro de la ley, el U.S. Marshal Bill Tilghman, una figura popular en Oklahoma que murió asesinado cuando ya tenía setenta años. Según mandan los cánonos, Tilghman fue cazador de bisontes y, después, jefe de policía en Dodge City. Con el final de las conducciones ganaderas, pasó al territorio de Oklahoma, donde se dedicó a la cría de ganado. A partir de 1900, volvió a actuar como agente de policía estatal y llegó a ser senador del territorio. Y, en 1912, incluso participó como actor en la película “Los fuera de la ley en Oklahoma”. Cuando en la década de los años veinte el lumpen del petróleo provocó un aumento de la delincuencia en Oklahoma, Tilghman fue asesinado por un agente federal de la prohibición al que había detenido borracho y al que puso en libertad al comprobar que era policía, momento en el que el borracho aprovechó para disparar contra el viejo comisario y causarle la muerte.

Los primeros Colt eran armas de avancarga, de proyectil redondo de plomo impulsado con cargas de pólvora prendida por un fulminante de mercurio. Era un arma complicada de cargar, de escaso alcance y precisión muy limitada por no decir nula. Al primitivo Colt Paterson le siguieron los modelos mejorados Walker, ...Dragoon, Army y Navy, que fueron los más empleados durante la Guerra de Secesión. La gran producción de revólveres durante la contienda ofreció un gran excedente cuando llegó el final del conflicto bélico, por lo que la casa Colt tuvo que hacer una magna campaña publicitaria entre las gentes del Oeste que dio como resultado el que el revólver de seis tiros se convirtiera en una más de las muchas herramientas que se necesitaban para el trabajo en el campo. Todos estos revólveres no eran demasiado fiables y los accidentes por mal uso fueron tan frecuentes que no era de extrañar ver a muchos cowboys cojos a consecuencia de autodisparos accidentales.

La bala de vaina metálica se conocía desde la década de 1850, pero no fue usada en la Guerra Civil, excepto por algunas unidades de la caballería nordista que fueron dotadas con carabinas Henry de repetición, capaces de disparar quince balas seguidas. Todas las demás armas de la contienda fueron de avancarga y la innovación de la bala metálica para armas cortas correspondió al Colt, modelo militar de 1873, que empezó a distribuirse a las unidades del ejército casi dos años después. Era un arma del calibre 45, cañón largo, seis balas metálicas en el tambor giratorio y acción simple, o sea que tenía que amartillarse el percutor antes de cada disparo. Era un revólver tan caro y escaso que los capitanes de las compañías dotadas con ellos los guardaban en cajas fuertes y solamente se sacaban para los ejercicios de tiro y para las expediciones de campaña.

El Colt 45 llegó al mercado civil al final de la década de los setenta, y a pesar de su evidente adelanto, junto con los modelos similares Smith and Wesson y Remington, siguieron alternando con las armas de avancarga, que se continuaron utilizando durante todo el tiempo del western por su menor costo y mayor difusión a consecuencia del abaratamiento del mercado de armas civil después de la Guerra de Secesión. La mayoría de los pistoleros usaron Colts de avancarga en la época en que forjaron sus leyendas Wesley Hardin, Wild Bill Hickok y demás, antes de pasarse al más fiable “45” y al mucho más manejable “44-40”.

Por cierto, la escena clásica del western con el pistolero con la funda abierta y baja sobre la cadera es otra falsedad. Los pistoleros profesionales llevaban sus armas en el cinturón, debajo de una faja de seda o en una funda de lana en el interior de la chaqueta para que las telas protegiesen los revólveres de la humedad. Las fundas de pistola de correa baja y larga, en las que la culata y el gatillo quedaban al descubierto para facilitar la extracción del revólver, no aparecieron hasta los primeros años del siglo XX, en un tiempo en que el western ya no existía más que en los espectáculos y la literatura.

Dado que aún no se conocían los procedimientos perfeccionados para conseguir aceros especiales de buena calidad, las armas de serie eran de mediocre manufactura. El mal ajuste entre el tambor del revólver y el cañón originaba una pérdida de gas de la combustión de la pólvora que repercutía en el alcance y trayectoria de la bala. La precisión de las armas rara vez sobrepasaba los quince metros, por lo que en los enfrentamientos solía haber más ruido que heridos. Y a la mala calidad de fabricación hay que añadir que, después de una veintena de disparos, las armas fallaban peligrosamente a causa de la obturación del cañón por los restos de plomo y pólvora que quedaban incrustados en el ánima. Puede afirmarse que abundaron más los tiroteos sin consecuencias que los enfrentamientos con bajas.

Si bien los revólveres eran los juguetes predilectos del cowboy, las armas largas demostraron ser un asunto mucho más eficaz y peligroso. En los espacios abiertos del western, el arma que se usó fue el fusil, la carabina y el rifle de repetición. Después de los rifles de pedernal de los primitivos cazadores y tramperos, el primer modelo moderno fue la carabina Henry de quince tiros, aparecida en la Guerra de Secesión y de la que los sudistas afirmaban que era un arma que los yanquis cargaban los lunes y disparaban toda la semana. A la carabina Henry sucedió, entrada la década de los setenta, el rifle Winchester, capaz de disparar doce balas seguidas y con un sencillo mecanismo extractor que dificultaba el encasquillamiento. El Winchester fue el arma más usada en el Oeste, el arma preferida por cowboys y agentes de la ley, por el simple hecho de que su calibre “40-40” coincidía con el del revólver Colt y, así, se unificaba la munición para las dos armas. Fue el arma decisiva para la caza, el trabajo y los enfrentamientos contra toda clase de enemigos. Es frecuente en películas y novelas ofrecer escenas en las que los protagonistas armados de revólveres se lían a tiros con sus enemigos armados de rifles y los abaten. Es una ficción ridícula que despertaría la hilaridad de la gente del western a pesar de que eran personas muy afectas al humor a base de exageración.

La rapidez en el saque del revólver es otra de las mistificaciones patentadas por el western moderno que no tuvo ninguna realidad. Sin embargo, es un hecho en la actualidad, en la que hay competiciones de velocidad en desenfundar y, así, es como se ha llegado a un tiempo de siete centésimas de segundo entre el momento en que la mano toca el arma y el impacto en una silueta a diez metros. Una vez más, la realidad imita a la ficción y los sueños descabellados de los pistoleros famosos podían cumplirse en cualquier campeonato de tiradores en los USA de hoy.

En las ciudades ganaderas se promocionó un pistolerismo en el que los “gunmen” se convirtieron en defensores de la ley por medio de contratos remunerados con altos salarios. El primero de estos pistoleros reconvertidos al que la prensa hizo famoso fue James Tutler Hickok, antiguo cazador y explorador, combatiente en el ejército de la Unión, que fue contratado como jefe de la policía municipal en Abilene en abril en 1871.

Hickok, que recibió el sobrenombre de “Wild Bill” (Bill el salvaje) aunque se llamaba Jaime, se preocupó de enriquecer su pecunio y, además de su alta salario, se embolsó el producto de extorsiones, en forma de multas que imponía a los cowboys tejanos, a los que odiaba por haber sido, en su gran mayoría, soldados sudistas durante la Guerra de Secesión. Su acción más famosa en Abilene fue el enfrentamiento con el hostelero tejano Phil Goe, dueño del saloon Bulla Head, que no quiso ser su socio. El encono acabó en duelo a tiros y Hickok mató al tejano y, de paso, a su propio ayudante, Mike Williams, que acudía en su ayuda y al que la policía municipal tomó por un enemigo que auxiliaba a Coe. Los ganaderos tejanos, hartos de la chulería de Wild Bill, boicotearon la ciudad y, una vez embarcados sus ganados, no gastaron ni un dólar en Abilene, por lo que el ayuntamiento destituyó a Hickok de su cargo de jefe de policía de la ciudad. No era la primera vez que le echaban del cargo, pues ya le habían expulsado de Hays City, donde tuvo una bronca con soldados del 7º de Caballería que estuvo a punto de provocar que la ciudad fuera arrasada por los enfurecidos soldados.

Hickok fue contratado por Buffalo Bill Cody para actuar en el espectáculo teatral “Los guías de las llanuras”, en el que declamaba frases que no pueden ser tomadas en serio, como: “Y estás a salvo, preciosa, en los brazos de Wild Bill Hickok que arriesga su vida y, si es preciso, se expone a la muerte por una hermosa mujer.” Pero su carrera de actor dramático no duró mucho y regresó otra vez al Oeste, trabajando, es un decir, en la zona de Fort Laramie. En 1876 ejercía de jugador profesional, su ocupación preferida, en la zona minera de Dakota. Murió asesinado de un disparo por la espalda, durante una partida, por otro pistolero, Jack McCall, que, como atenuante, afirmó que le había matado para vengar a su hermano, asesinado por Hickok.

Además de la prensa sensacionalista del Este, le promocionaron el general Custer, Buffalo Bill Cody y la Enciclopedia Americana. En sus tiempos de periodista, el futuro gran explorador africano Stanley, le entrevistó para una serie de artículos sobre la vida en el Oeste. En ellos Hickok afirmó que había matado a un centenar de hombres blancos, evidente exageración que sus biógrafos rebajaron a una treintena. Los modernos historiadores “revisionistas” calculan que sus muertos no llegaron a la docena, y eso incluyendo a los de la Guerra Civil. Hickok, elegante y presumido, fue un tirador de ventaja que prefería disparar por la espalda, y toda su aureola mítica es producto de los periodistas del Este que escribían lo que sus lectores querían leer y no la verdad sobre el siniestro personaje. La mitificación llegaría a convertirle en el prototipo de pistolero caballeroso que nada tiene que ver con el asesino, jugador tramposo y proxeneta que fue en realidad.

El tiroteo más cruento del western se dio en Newton, una de las muchas ciudades ganaderas, en la que había estado de jefe de policía Buffalo Bill Cody, antes de pasarse al más tranquilo oficio de agente teatral y circense. El hecho que pasó a la prensa, del Este, naturalmente, se conoció como “La matanza de Newton”, y fue una bronca de saloon en la que el ayudante de policía Jim Riley, un tísico de diecinueve años, empuñó un par de colts y, cuando terminó de disparar, había nueve personas alcanzadas por las balas, entre ellos, dos muertos y dos heridos gravísimos que se salvaron de casualidad. Nada más terminar el tiroteo, Jim Riley salió al galope de Newton y nunca más se volvió a saber nada de sus andanzas.

El pistolero tejano más célebre fue John Wesley Hardin, hijo de un pastor metodista al que las duras circunstancias de posguerra llevaron a convertirse en el proscrito tejano por excelencia. Con frecuencia se olvida que los vencedores de la Guerra Civil establecieron gobiernos militares en los estados sudistas vencidos en la contienda y que, después del asesinato de Abraham Lincoln, todo el Sur estuvo sometido a la ley marcial. Para unir a la derrota el escarnio, en Texas, buena parte de las tropas de ocupación estaban compuestas por soldados negros. Con uno de ellos se enfrento Wesley Hardin en 1868, cuando contaba solamente quince años de edad, y quiso la mala suerte que su disparo de advertencia matase al soldado nordista.

La muerte de un miembro de las tropas de ocupación convirtió a Hardin en un reclamado por la furiosa ley de los vencedores, hasta el extremo de que, si se hubiera entregado, habría sido sometido a un consejo de guerra en vez de ser juzgado por un tribunal civil. Presionado por la necesidad, comenzó una vida de fuera de la ley que se prolongaría durante diez años. En ese tiempo, y según cuenta su autobiografía, mató a treinta hombres en distintos tiroteos y duelos, y aún tuvo oportunidad de trabajar como cowboy, ranchero, transportista, jugador profesional y ayudante de sheriff. Se casó y tuvo tres hijos, pero todos sus intentos de conseguir un indulto o, al menos, un juicio imparcial, chocaron contra la oposición de las autoridades tejanas, que le colocaron encabezando la lista de los enemigos a abatir.

Todos los incidentes violentos en los que estuvo involucrado Wes Hardin fueron consecuencia de los enfrentamientos políticos posteriores a la Guerra de Secesión y a unas circunstancias en las que los vencedores nordistas se dedicaron al más descarado de los robos, disfrazándolo de administración pública. Cuando la oposición se manifestaba, se enviaba a los Rangers de Texas, famoso cuerpo de policía rural, que se encargaban de acallar o liquidar a los disidentes, como harían las posteriores policías políticas modernas. Del duelo personal de Hardin contra los Rangers nació su mito y la enemistad decisiva que le marcaría hasta su muerte.

Hardin, en una de sus visitas a casa, estuvo a punto de dejarse convencer para que se entregarse, y así lo manifestó al sheriff, autoridad civil de su condado, pero los Rangers no estaban dispuestos a que se les escapase la gloria de su captura, por lo que anularon la autoridad del sheriff y rodearon el rancho de Hardin con cien Rangers de Texas. El joven pistolero no quiso rendirse a pesar de la enorme superioridad numérica y comenzó un largo tiroteo que se saldó con varios Rangers heridos y la espectacular fuga de Wes Hardin, que al momento se convirtió en un héroe para los tejanos vencidos y en la encarnación del odio de los vencedores, que tuvieron que aguantar la sensación de ridículo después de su continuada prepotencia. Los Rangers jamás perdonarían al pistolero la humillación recibida y toda la presión de sus influencias se volcó en contra de Wes Hardin.

Cuatro años después, el pistolero tejano fue detenido por detectives del ferrocarril, lo que salvó su vida, cuando escapaba hacia Alabama. Fue juzgado en Comanche sin que su abogado tuviera tiempo para buscar testigos de descargo que, en su mayoría, estaban muertos. En el jurado del proceso se sentaban seis personas que estaban mezcladas en el asesinato del hermano del pistolero, por lo que el juicio fue una burla a la más elemental justicia. Aún así, a pesar del odio declarado, las pruebas de la acusación fueron tan endebles que al acusado no le pudieron imponer la pena de muerte que exigían las autoridades estatales, y tuvieron que conformarse con una condena de veinticinco años de prisión.

John Wesley Hardin cumplió dieciséis años de reclusión antes de conseguir la libertad vigilada por buena conducta. Aprovechó el tiempo entre rejas y cuando recuperó la libertad tenía estudios de Derecho y Teología. Revalidó sus estudios y abrió bufete de abogado en la población de Junction, y estuvo a punto de conseguir la plaza de sheriff, pero se la quitaron por las influencias gubernamentales. Desde su bufete, se dedicó a reunir pruebas de descargo de su propio caso y preparaba una acusación sobre la muerte de su hermano cuando murió asesinado en la ciudad de Paso del Norte. Su asesino, que disparó por la espalda, fue el agente de policía John Selman, que no fue detenido y ni tan siquiera interrogado.

La muerte de Hardin en agosto de 1895, estableció la pervivencia de los odios desatados por la Guerra Civil a pesar de los treinta años transcurridos desde su final. La protección gubernamental libró de responsabilidad al asesino y la policía de Paso del Norte hizo saber a los hijos de Wesley Hardin que no serían bien recibidos si acudían al entierro de su padre. Al cabo de treinta años, los Rangers de Texas conseguían su anhelada venganza. Una venganza que reduce a polvo su cacareada integridad y su mito de valor y efectividad sin límites a través de la historia tejana, desde 1837 a 1935, en que fue disuelta su organización original.

Un pistolero que sí estuvo al lado de la ley, aunque del lado de la justicia sería más difícil el asegurarlo, fue Pat Garrett, un natural de Alabama cuya familia poseía dos plantaciones de algodón con esclavos negros y que tras la ruina de la Guerra Civil emprendió el camino del Oeste. Garrett se dedicó a la caza de bisontes en Texas y pasó a Nuevo México, en 1878, y acabó regentando una cantina en Lincoln. No intervino en la guerra ganadera a pesar de ser uno de los amigos de Billy el Niño.

Al final del conflicto, Billy siguió la guerra por su cuenta y eso despertó la enemistad de los ganaderos que le habían apoyado. Chisum, el rey del ganado de Lincoln County, se percató de que las andanzas del Niño ponían en peligro su recobrado negocio del suministro de la carne a los establecimientos militares y a las reservas indias, y por tanto, convenció al resto de los ganaderos de que tenían que acabar con el turbulento Niño. Conseguido el asentimiento general, Chisum movió sus influencias y se nombró a Pat Garrett sheriff de Lincoln County, y le facilitaron la ayuda de agentes secretos y una partida de pistoleros a sueldo, además de la policía estatal. La banda de Billy resultó diezmada en diversos encuentros y los últimos cuatro miembros fueron rodeados y apresados en las cercanías de Fort Summer. Sólo la presencia de Garret evitó el asesinato legal de Billy, que fue trasladado a Mesilla, donde fue juzgado y condenado a muerte. El lugar de la ejecución correspondió a Lincoln y unos días antes de la fecha señalada para ahorcarle, Billy el Niño consiguió escapar de la cárcel después de matar a los dos vigilantes del sheriff que lo custodiaban.

La fuga convirtió a Billy en un mito en todo el Suroeste, pero dada su afición a los ajustes de cuentas, la persecución se hizo más intensa. Billy no emprendió la huida hacia México como le pedían sus amigos y se refugió en una casa de Fort Summer. Allí fue muerto por un disparo de Pat Garrett en circunstancias que nunca fueron aclaradas lo suficiente. El joven pistolero fue enterrado en el cementerio de Lincoln, donde también estaban sepultados otros doce hombres muertos en la guerra ganadera, cifra que rebaja bastante la cantidad de trescientos muertos que algunos historiadores achacan al conflicto ganadero de Lincoln County.

Pat Garrett se convirtió en una figura popular en toda la nación y hasta escribió un libro que tituló “La verdadera historia de Billy el Niño”, en que como es lógico mitifica al pistolero que fue su amigo y se disculpa por las circunstancias que llevaron al enfrentamiento final. Cuando la fama se fue disipando, Pat Garret se convirtió en un ranchero, ayudado por Chisum, y murió asesinado, ya en pleno siglo XX, en una trifulca con otro ganadero vecino suyo.

La prensa sensacionalista, que alimentaba los mitos del Oeste, con lo que conseguía aumentos de tiradas y mejoras en publicidad, encontró pronto un nuevo filón del salvaje Oeste. A los cuatro meses del fin de Billy el Niño, se produjo el duelo en el OK Corral de Tombstone, que se convertiría en el enfrentamiento más mitificado, y mistificado, de toda la historia del Oeste, y en la referencia obligatoria al particular estilo de vida de los pistoleros al servicio de la ley, algunos de los cuales llegaron a ser agentes federales.

Tombstone, en Arizona, era una ciudad que nació como consecuencia de un filón de plata que atrajo a los buscadores de negocios rápidos. Fue fundada en 1877 durante una de las expediciones militares contra los apaches y, en menos de tres años, se convirtió en una ciudad importante, ya que la cercanía de la frontera mexicana facilitaba los negocios ilegales, que eran los que mejores beneficios dejaban.

Desde los primeros meses de 1880, se empezaron a producir enfrentamientos violentos en Tombstone, entre los miembros del clan del alcalde Clum, que representaba los intereses del partido Republicano, y los seguidores del sheriff Sean, que representaba a los Demócratas. El reparto del poder político y las prebendas que acompañaban el ejercicio de los cargos municipales y del condado fueron las verdaderas razones del más famoso de los duelos del western, que tuvo lugar en el OK Corral de la ciudad, una cuadra para guardar ganado, en Octubre de 1881.

Los principales protagonistas del duelo fueron tres de los hermanos Earp, un clan compuesto por cinco hermanos, de procedencia nordista, que esperaban beneficiarse de su pasado como militantes de la Unión. Formaban una especie de sociedad laboral y cuando uno conseguía un trabajo estable, llamaba al resto de la tribu. El más famosos de los hermanos sería el tercero, Wyatt, que fue cazador de bisontes en Nebraska y, más tarde, jugador profesional. Wyatt Earp descubrió que la familia tenía más posibilidades económicas si se dedicaba a la carrera de funcionarios policiales, y actuó como ayudante del jefe de la policía municipal de Dodge City. De esa época data su amistad con Doc Holliday, un dentista procedente del Sur que se había convertido en uno de los jugadores profesionales más famoso de todo el Oeste. También de esa época en Dodge era su relación con nombres célebres del medio pistoleril, como el tejano Ben Thompson, Bat Masterson y Luke Short, todos ellos asesinos profesionales, jugadores de ventaja y proxenetas que llegaron a actuar como alguaciles y ayudantes de sheriff.

A finales de 1879, el clan Earp llegó a Tombstone y se alistó en la facción del alcalde Clum, que les consiguió trabajo como policías municipales y vigilantes en las diligencias de la Wells Fargo. Fue precisamente el asalto a dos de estas diligencias y la desaparición de seis mil dólares lo que actuaría como detonante de la explosión de violencia. El atraco fue imputado a la familia y lo más probable es que Doc Holliday fuese uno de los asaltantes, aunque, políticamente, pertenecía al otro bando. La situación entre autoridades municipales y del condado se fue agravando hasta escapársele de las manos al alcalde y el sheriff para terminar desembocando en un tiroteo.

Las versiones del duelo en el OK Corral son tan diferentes como la ideología de los testigos. Para unos, fue un encuentro épico y, para otros, un asesinato. Los tres hermanos Earp y Doc Holiday se enfrentraron a cinco cowboys del bando de los Clanton y, como resultado, murieron Billy Clanton y dos de los hermanos McLaury; mientras que en el otro grupo solamente Virgil Earp resultó herido. Fue un tiroteo de menos de un minuto y puede que fuese más accidental que planeado. Pero, de todas formas, la prensa le echó fantasía al asunto y convirtió a Wyatt Earp en un héroe legendario, como si el tiroteo solamente hubiera estado protagonizado por él. La fama se convirtió en beneficio político, y Wyatt Earp, que esperaba un procesamiento, se encontró con el nombramiento de U.S. Marshal. Por fin había conseguido ser funcionario.

Pero el encuentro en el OK Corral no fue el final del conflicto, sino uno de los enfrentamientos al que seguirían otros con diferentes resultados. Un atentado de los Clanto se llevó por delante a Morgan y estuvo a punto de liquidar a Wyatt y a Doc Holiday. El asesinato del mejor de los hermanos despertó la furia del resto del clan familiar, que ya no hicieron caso ni de los responsables políticos de su partido. Durante el viaje a California para trasladar el cadáver de Morgan, aprovecharon la parada en Tucson para matar a un tal Stiwell, miembro del clan de los Clanton, lo que motivó un escándalo que concluyó con la anulación del nombramiento de marshal de Wyat y la redacción de órdenes de captura por asesinato contra los hermanos Earp. A pesar de ello, continuó la persecución y los Earp mataron, a sangre fría, a Indio Charlie, al que acusaron, sin pruebas, de ser uno de los asesinos de Morgan. Este nuevo asesinato sacó las aguas de su cauce y los Earp tuvieron que escapar de Tombstone en una fuga nocturna y no volvieron jamás a la ciudad en la que se convirtieron en leyenda.

La aventura familiar y económica de los Earp prosiguió con negocios de juego y prostitución. El más afortunado fue Wyatt que, siguiendo lo que parecía ser una vocación entre los pistoleros, escribió un libro, en 1896, sobre sus hazañas que deja en niñerías a los cuentos del Barón del Munchausen. Wyatt Earp murió en San Francisco, en 1929, a los ochenta y un años, en una próspera situación económica ya que poseía algunos pozos de petróleo.

Muy diferente fue la trayectoria del último de los pistoleros famosos, que actuó siempre dentro de la ley, el U.S. Marshal Bill Tilghman, una figura popular en Oklahoma que murió asesinado cuando ya tenía setenta años. Según mandan los cánonos, Tilghman fue cazador de bisontes y, después, jefe de policía en Dodge City. Con el final de las conducciones ganaderas, pasó al territorio de Oklahoma, donde se dedicó a la cría de ganado. A partir de 1900, volvió a actuar como agente de policía estatal y llegó a ser senador del territorio. Y, en 1912, incluso participó como actor en la película “Los fuera de la ley en Oklahoma”. Cuando en la década de los años veinte el lumpen del petróleo provocó un aumento de la delincuencia en Oklahoma, Tilghman fue asesinado por un agente federal de la prohibición al que había detenido borracho y al que puso en libertad al comprobar que era policía, momento en el que el borracho aprovechó para disparar contra el viejo comisario y causarle la muerte.

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