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EL HALCON Y LA PRESA


El Halcón y la presa (Resa dei conti, La)
1967
Italia/ España
Director: Sergio Sollima
Guión: Tulio Demicheli, Sergio Donati, Sergio Sollima
Argumento: Fernando Solinas, Franco Morandi
Director de fotografía: Carlo Carlini
Música: Ennio Morricone

Reparto:
Lee Van Cleef, Tomas Milian, Walter Barnes, Nieves Navarro, Fernando Sancho, Gerard Herter, María Granada, Roberto Camardiel, Angel del Pozo, Antonio Casas, Lorenzo Robledo, Luisa Rivelli, Calisto Calisti, Benito Stefanelli, Nello Pazzafini, Barta Barry, Luis Gaspar, Antonio Molino Rojo, Fernando Sánchez Polack.

Si una de las características del cine de Corbucci, para mí, es la visión desencantada de la construcción de los EEUU y, por extensión, del proceso revolucionario en Méjico; los tres spaghettis que rodó Sollima, creo que tienen en común una profunda carga ideológica. En ésta cuenta la historia de un mítico cazador de recompensas, llamado Corbett, bastante heterodoxo (su trabajo lo realiza fundamentalmente para imponer la justicia y no solamente para cobrar la correspondiente recompensa) al que un rico empresario le propone su apoyo económico con objeto de llevarle al Senado para que se apruebe su proyecto de unir, mediante el ferrocarril, Tejas y Méjico, pero antes deberá dar caza a un humilde mejicano al que acusan de haber violado y asesinado a una adolescente.

El mensaje social aparece desde el principio. Así la escena que se desarrolla en la mansión del hacendado, tras el estupendo prólogo, nos muestra la opulencia de éste y de sus invitados, y el desprecio que sienten por el personaje interpretado por Tomas Milian al que tachan de mejicano vagabundo; escena que contrasta con la siguiente al mostrarnos la miseria en la que viven los mejicanos asentados en Tejas. Esta carga ideológica también se aprecia en los personajes principales, sobre todo al enfrentar a un rico terrateniente con el suficiente poder, como ya he comentado, para llevar a un hombre al Senado, en lo que entiendo como una clara crítica al sistema electoral de los EEUU, y que se comporta de forma casi feudal ya que es dueño y señor de tierras y personas (incluso le llega a decir a Corbett “usted me pertenece”), con un paria llamado Cuchillo (el chivo expiatorio) que ha sido traicionado por la revolución y que según sus propias palabras en la vida sólo le queda huir. En este sentido cobra gran importancia la conversación que mantiene Cuchillo con Corbett en la que le indica que tras haber luchado en la revolución la situación ha vuelto a ser la misma, subrayándose, por tanto, la idea de que en todo proceso revolucionario los que siempre pierden son los pobres y miserables. Y entre ambos se encuentra Corbett, un hombre recto (se presta a ser el hombre del potentado en el Senado sólo para favorecer el desarrollo de Tejas) cuya máxima preocupación es hacer justicia.

Por otra parte y con independencia de lo señalado en los párrafos anteriores, me ha parecido una gran película, muy entretenida que, no obstante, se caracteriza, para mí, por sus contrastes. Creo que la mayoría de las escenas están muy bien dirigidas como por ejemplo la de la conversación entre los dos protagonistas sobre la ley con la posterior falsa picadura de una serpiente o la larga escena que se desarrolla en el rancho inmediatamente antes de comenzar la caza del hombre y en la que Corbett se dará cuenta del engaño. Por otra parte el director maneja muy bien la grúa en los exteriores y nos ofrece estupendos travellings (son preciosas la escena de la llegada de Corbett al pueblo en el que están afeitando a Cuchillo y la de su encuentro con los mormones). Pero junto a éstas aparecen otras rodadas, a mí entender, de forma atropellada como la del toro.

La presentación del personaje de Corbett es sensacional con un magnífico prólogo que nos engancha a la película y nos aporta importante información sobre el protagonista. Sin embargo, la primera escena larga en la que aparece Cuchillo (la del río) me parece un tanto grotesca y falsa (nos quieren hacer creer que es el asesino de la chica). El guión, obra entre otros de Sergio Donati y del propio Sollima, es bastante bueno, con una progresión continua de la trama, sin que ésta decaiga y que culmina en un estupendo doble duelo con ¿un homenaje a “El bueno, el feo y el malo”?. Pero se inventan, a mi entender, una larga secuencia en un rancho dirigido por una mujer (la estupenda Nieves Navarro) que no aporta nada a la película y que me parece un pegote, además de contar con un montaje un tanto caótico (Cuchillo aparece toreando, a continuación se deja seducir por la dueña para, sin solución de continuidad, aparecer siendo castigado a golpe de látigo). Además, me parece un auténtico disparate la resolución de la misma con un tiroteo, magnífico por otra parte, en el que los empleados disparan sobre la casa en la que se encuentra su patrona.

Hay en general una buena labor en el montaje interno de las distintas escenas de la película con proliferación de planos largos que a mí me gustan mucho. Esto contrasta con la forma abrupta con la que están unidas varias de ellas, dando la sensación que están rodadas, en la mayoría de los casos magníficamente, de forma independiente y que el director no sabe cuál es la siguiente escena que viene a continuación, montándolas con posterioridad como buenamente pudieron. Desde el punto de vista técnico la película está muy cuidada y cuenta con una gran labor de ambientación y una amplia variedad de localizaciones bellamente fotografiadas por Carlo Carlini. A todo ello hay que añadir la estupenda labor en la producción de Alberto Grimaldi y la magnífica banda sonora, con homenaje incluido a “Para Elisa”, del maestro Ennio Morricone.

En cuanto a los actores, Lee Van Cleef está de nuevo estupendo con ese estilo sobrio y contenido que le caracterizaba, mientras que Tomas Milian (un actor que en otras películas me ha gustado mucho) me parece en algunas secuencias sobreactuado, quizás es que su papel lo precise. También destacan Fernando Sancho como un capitán, personaje que simboliza el resultado del proceso revolucionario, y Walter Barnes como Brockston, el rico terrateniente empeñado en dar caza a un pobre diablo para evitar que se haga público un terrible secreto.

En resumen, a pesar de sus defectillos, una gran película indispensable para todo aquel que quiera introducirse en este subgénero y que está entre los diez mejores spaghettis de la historia.

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